La música, incluso la del teatro, es un texto que las almas tiernas y poéticas, los corazones dolientes y heridos, interpretan de acuerdo con sus recuerdos.
Si hace falta un corazón de poeta para hacer un músico, ¿no hace falta poesía y amor para escuchar y comprender las grandes obras musicales?
La religión, el amor y la música son la triple expresión de un mismo hecho, la necesidad de expansión que siente toda alma noble.
¡Ay de aquélla cuyo primer amor es más fruto del ardor y el capricho que del sentimiento y el gusto! Sin el temor del diablo, Corina hubiera sido una Lais y el solo respeto humano no hubiera bastado para contenerla.
Una aristocracia es, en cierto modo, el pensamiento de una sociedad, mientras que la burguesía y el proletariado son el organismo y la acción. Esto explica que tales fuerzas se asienten en partes distintas; y de su antagonismo nace una antipatía aparente, que produce la diversidad de movimientos que, sin embargo, se ejercen con una finalidad común.
Las masas tienen un buen sentido que sólo abandonan cuando la gente de mala fe hostiga sus pasiones.
La igualdad será quizás un derecho, pero ninguna potencia humana sabrá convertirlo en un hecho.
Son notorios los beneficios de la armonía política a los ojos de las masas menos inteligentes.
La armonía es la poesía del orden y los pueblos tienen viva necesidad de orden.
Francia es el único país donde una pequeña frase puede armar una gran revolución.
se deja engañar a menudo, pero como se dejan engañar las mujeres: por ideas generosas, por sentimientos cálidos, cuyo alcance escapa de momento a todo cálculo.
En todas las creaciones, la cabeza tiene su lugar señalado. Si por alguna circunstancia una nación hace caer a su jefe a sus pies, tarde o temprano se da cuenta de que se ha suicidado. Como las naciones no quieren morir, entonces se esfuerzan por crearse una nueva cabeza.
El pueblo quiere siempre verles las manos, el corazón y la cabeza, la fortuna, el poder y la acción; la palabra, la inteligencia y la gloria. Sin este triple poderío, todos los privilegios se desvanecen.
Los pueblos, como las mujeres, aman la fuerza en quien los gobierna, y su amor tiene que ir acompañado de respeto; no conceden su obediencia a quien no sabe imponerla. Una aristocracia menospreciada es como un rey holgazán, un marido con faldas; es nula antes de no ser nada.
Debió haber tenido la buena fe de ver a tiempo, cómo lo vio la aristocracia inglesa, que las instituciones tienen sus años climatéricos, en que las mismas palabras no tienen ya el mismo significado, en que las ideas se revisten de otra forma, y en que las condiciones de la vida política cambian totalmente de apariencia, sin que el fondo quede esencialmente alterado.
El arte, la ciencia y el dinero forman el triángulo social donde se inscribe el escudo del poder, y de donde debe proceder la moderna aristocracia.
Un buen teorema vale lo que un gran nombre.
Los Rotschild, estos Fugger modernos, son príncipes de hecho.
¿Cómo se puede conducir a un pueblo sin disponer de los poderes que constituyen el mando?
Una aristocracia, que numéricamente apenas constituye la milésima parte de una sociedad, debe hoy, como antaño, multiplicar sus medios de acción para oponer a ella, durante las grandes crisis, un peso igual al de las masas populares, y no recuerdos históricos.
Al verse todos iguales por su debilidad, se creyeron todos superiores.
En los seres organizados se efectúa un trabajo de armonía íntima.
Cuando un hombre es perezoso, la pereza se revela en cada uno de sus movimientos.
Cuando un ultraje es público, una mujer prefiere olvidarlo, esto le da ocasión de engrandecerse, se muestra mujer en su clemencia; pero las mujeres no absuelven nunca las ofensas secretas, porque no gustan de las cobardías, ni de las virtudes o de los amores secretos.
La más auténtica belleza, la figura más admirable no es nada si no es admirada: un amante y serviles adulaciones son las pruebas de su poder. ¿Qué es un poder desconocido? Nada. Supongamos a la mujer más bella, sola en el rincón de un salón. ¡Qué triste estará! Cuando una de estas criaturas se encuentra en el seno de la magnificencia social, pretende reinar sobre todos los corazones, a menudo porque no puede ser la dichosa soberana de uno solo.
Los hombres permiten que otro se eleve por encima de ellos, pero no perdonan jamás a los que no descienden tan abajo como ellos.
Parecía saber que nada podía oponerse a su voluntad, quizá porque nada quería que no fuese justo.
El perro del hortelano.
Sin la vanidad, decía un profundo moralista del siglo pasado, el amor es un convaleciente. Desde luego, tanto para el hombre como para la mujer, existe un tesoro de placeres en la superioridad de la persona amada.
En París, todo hombre debe haber amado. Ninguna mujer quiere lo que ninguna ha querido.
Las más repentinas revoluciones trastornan únicamente los intereses del hombre, mientras que una pasión trastorna sus sentimientos.
—Señora, en Asia vuestros pies valdrían casi diez mil cequíes.
¿No hay siempre, en el pudor que se apodera de un hombre, cuando ama, algo de vergüenza, y no será precisamente su pequeñez lo que constituye el orgullo de la mujer?
el amor, según los escritores, sólo se alimenta de ilusiones!
vuestra fe católica, a la que queréis convertirme, es una mentira con la que los hombres se engañan; la esperanza es una mentira que descansa en el futuro, el orgullo es una mentira entre nosotros; la piedad, la sabiduría, el terror, son cálculos falaces.
La mayoría de las mujeres quieren sentir violada la moral. ¿No es acaso una de sus lisonjas la de no ceder más que a la fuerza?
¡Los hombres fuertes enamorados tienen tanto de niño en el alma!
no comprendo por qué os negáis a creer en Dios, cuando lo que es imposible es creer en los hombres.
(Pocas mujeres se atreven a ser demócratas, pues entonces están en contradicción flagrante con su despotismo en el terreno sentimental).
¡Aquella resistencia egoísta hacía que la tomase por una criatura santa y virtuosa, y el buen general de artillería se resignaba y hablaba de amor platónico!
El alma tiene el poder desconocido de extender el espacio y de contraerlo.
Los liberales no conseguirían matar, aunque lo deseen, el sentimiento religioso. La religión será siempre una necesidad política.
Para impedir a los pueblos que discurran, hay que imponerles sentimientos.
»La religión, Armand es, como veis, el vínculo de los principios conservadores que permite que los ricos estén tranquilos. La religión está íntimamente ligada a la propiedad. Ciertamente, es más hermoso conducir a los pueblos por medio de ideas morales que por el patíbulo, como en tiempos del Terror, único medio que vuestra detestable Revolución inventó para hacerse obedecer.
Yo no entiendo de política y mis razonamientos se inspiran en el sentimiento; sin embargo, sé lo bastante de ella para adivinar que la sociedad se hundiría si constantemente pusiésemos en duda sus bases…
Los hombres se dejan matar, pero los intereses, no.
Si tantas mujeres, incluso las más virtuosas, son víctimas de individuos hábiles en el amor, a los que el vulgo da un mal nombre, quizá sea porque son grandes experimentadores y muy hábiles en las demostraciones, y el amor requiere, pese a su deliciosa poesía de los sentimientos, un poco más de geometría de lo que muchos piensan.
he llegado a la desesperada conclusión de que Dios no ha inventado para la mujer otra forma de confirmar el don de su corazón, que añadiéndole el de su persona.
Si me dais vuestra alma y todos vuestros sentimientos, como me decís, ¿qué importa el resto?
en amor, dudar, ¿no es morir?
¿qué significa este «quiero»? ¡Yo quiero! Sois la primera persona que me dice esta palabra. Me parece muy ridícula, perfectamente ridícula.
El amor crea en la mujer una mujer nueva; la de la víspera ya no existe al día siguiente.
El derecho de toda mujer es negarse a un amor que comprende que no puede compartir. El hombre que ama sin hacerse amar, no debe inspirar compasión, y no tiene derecho a quejarse.
Si los filósofos pueden definir prontamente el amor, ateniéndose a las leyes de la naturaleza, los moralistas se hallan en un aprieto mucho mayor para explicarlo, cuando quieren considerarlo bajo todos los aspectos en que ha manifestado la sociedad.
Pasión significa simultáneamente sufrimiento y transición; la pasión cesa cuando la esperanza ha muerto.
Hombres y mujeres pueden, sin deshonrarse, concebir varias pasiones; ¡es tan natural lanzarse a la búsqueda de la felicidad!, pero, en la vida, no hay más que un solo amor.
En amor, esperar es agotar, incesantemente, una esperanza cierta, entregarse al flagelo terrible de la pasión, dichosa sin los desencantos de la verdad.
Emanación constante de fuerza y de deseos, la espera es quizás al alma humana lo que son, para ciertas flores, sus perfumadas exhalaciones.
Terminado su aseo, volvió a las agitaciones excesivas, al sobrecogimiento nervioso de aquel horrible poder que pone en fermentación todas las ideas, y que quizá no sea más que una enfermedad, cuyos sufrimientos resultan agradables.
El éxtasis religioso es la locura del pensamiento desprendido de sus lazos corporales; mientras que, en el éxtasis amoroso, se confunden, se unen y abrazan las fuerzas de nuestras dos naturalezas.
para comprender la frase de Tayllerand: Los modales lo son todo, traducción elegante de este axioma jurídico: La forma arrastra el fondo.
La naturaleza le ordenó que comiese ostras; sin duda le eran necesarias, pues, hasta cierto punto, nuestros gustos predominantes se hallan condicionados por nuestra naturaleza.
¿Qué sería de vos sin vuestro marido? Cuidadlo, pues, del mismo modo que cuidáis vuestra belleza, que, si bien se mira, además de marido es el paracaídas de la mujer.
Los niños se hacen hombres, y los hombres son ingratos.
Cuando los hombres no pueden acusar a su padre, ni a su madre, echan la culpa de su mala suerte a Dios.
Voy a resumir lo que he dicho en una frase que debéis meditar: una mujer no debe dar nunca razón a su marido.
la vida no es más que una combinación de intereses y de sentimientos
y para ser feliz, sobre todo en la posición que ocupáis, hay que intentar poner de acuerdo los sentimientos con los intereses.
No conozco a ningún confesor que pueda absolveros de la miseria.
Hoy en día, a decir verdad, parece como si los papeles hubiesen cambiado, y las mujeres tuviesen que perseguir a los hombres.
Quiero ser amada irresistiblemente o dejada despiadadamente.