Mientras el agua sube y trae cosas: muebles, bolsas, animales vivos y animales muertos, basura, plantas, bultos una niña ve todo desde la ventana de su casa. Y cuando es de noche, cuando el agua es tan negra como la noche, cuando la creciente se lleva hasta los postes de la luz, lo que no ve lo escucha; lo que no sabe trata de entenderlo reinventándolo. En ese barrio cercado por la inundación, los chicos se refugian en juegos y enciclopedias y cuidan a una rata preñada. Los adultos son figuras que a veces se agigantan y a veces se vuelven pequeñas, sombras chinas acechantes en las paredes tomadas por la humedad. La última crecida, de Yanina Gómez Cernadas, es una historia de iniciación entrañable, escrita con mucha belleza y hondura.
Si bien el libro arranca con una historia potente y desgraciada sobre la crecida de un río en un pueblo del litoral abordado desde una perspectiva infantil, no llega a alcanzar su punto máximo de encanto ficcional y decae mucho hacia la parte final, tiene sus momentos destacables pero no alcanzan a ser creíbles, en especial aquellos que involucran al personaje del padre y las intenciones de revelar algún secreto oscuro sobre él. Sin embargo no deja de ser una lectura liviana aunque olvidable.
Es un libro muy duro y muy dulce. Me hizo llorar como condenada y reír también. Al final se me cayó un poquito, o a lo mejor me dejó un poco a la deriva. Pero lo disfruté.