Fascinante esta aventura a la que nos lleva Francisco Narla de un lugar tan desconocido como el salvaje Yucatán del siglo XVI. En un mundo brutal donde la vida no vale nada, un grupo de desheredados (a cada cual más) con buen fondo va a intentar, no solo sobrevivir como pueden (cosa que ya hacen con mejor o peor fortuna) sino cumplir sus sueños de libertad atentando nada menos que contra la nao Balvanera, en cuyas bodegas reposa uno de los mayores tesoros de la época: el famoso palo de tinte.
Narla tiene ya tanta experiencia que puede sacarse de la manga cualquier cosa en la trama, malabar tras malabar, y salir muy bien parado. La acción no decae y para estos "pobres de Dios" siempre es "más difícil todavía" con lo que no cae la tensión en ningún momento.
A golpe de lealtades, fortaleza y honestidad es que Camacho, Catalina, el fraile Gundemaro y el indio Pedro van a conseguir pasar una prueba tras otra. Todos ellos son personajes con una historia detrás y sus penas, pero que conservan la esperanza de una vida mejor. Por su naturaleza doble, el indio Pedro ha sido de mis favoritos. Tanto ellos como los esclavos negros son retratados con mucha humanidad, en contraste con el desprecio tan enorme que muestran capataces, traficantes, mercaderes, soldados, etc.
Muy potente es la reconstrucción del universo en que se mueven. A Narla le gusta escribir histórica para quienes les gusta la histórica de verdad. Lo que algunos llamamos "histórica hard", que intenta trasladar al lector con todos los elementos que tiene y no solo utiliza el término "histórico" para poner un decorado de fondo de cartón piedra. El autor usa todo lo que tiene a su alcance para llevarnos hasta allí: el lenguaje (el vocabulario es impresionante), la mentalidad, los detalles y, por supuesto, la documentación de objetos, lugares, etc. La ilusión, construida con enorme trabajo y mimo, es impecable: parece que estás allí mismo. Con un estilo muy naturalista, no ahorra en las miserias de lo que debía de ser recorrer unas calles como aquellas.
Esta dureza la compensa el autor con la ternura y compasión hacia sus personajes y con ese sentido del humor estupendo que tiene, la ironía, la complicidad con el lector, que le hacen único.
En definitiva, una novela de aventuras muy bien construida, que no oculta en las notas finales algo de hermanamiento con Alatriste, y que encantará a los lectores que disfruten del género.