Desde que Morfeo logró escapar de su cautiverio, se ha enfrentado a desafíos mayú la fuga de arcanos mayores de su reino, la existencia de un vórtice que amenaza la integridad del Sueño y de la Vigilia, una visita al mismísimo infierno, y encuentros con viejos amigos, amores fugaces, enemigos inmortales y sus hermanos Muerte, Delirio, Deseo, Desespero, Destino y Destrucción. Los Eternos. Ahora, el Rey del Sueño debe lidiar con la amenaza que representan las Benévolas, criaturas que encarnan la venganza y el odio interminable. Ha llegado el momento de que Morfeo decida entre el cambio y la muerte. Y de disfrutar del desenlace de la épica historia urdida por Neil Gaiman, dibujada por algunos de los mejores artistas que ha dado el medio.
Dios bendito. He de decir que cuando empecé el primer volumen de Sandman pensé que iba a romper con el formato habitual de paneles en los cómics y que iba a jugar mucho con la continuidad de la historia. Desgraciadamente, en todo el primer libro los sucesos en los que ocurría esto eran muy escasos y aislados dentro de sus propias historias. Aun así, aprendí a pillarle el gusto a las fábulas inconexas que me presentaban. Cada una me introducía más en la mitología de este universo y me presentaba personajes nuevos y diversos.
Aunque el primer libro me gustó mucho (lo suficiente para pillarme el segundo), no dejaba de tener ese resquemor, esa necesidad de una historia que igualara mis expectativas.
Este segundo libro comienza de la misma forma en la que comienza el primero, con historias. Me hizo entrar en una falsa sensación de seguridad sobre lo que me iba a ofrecer. No obstante, ha cogido lo que esperaba y lo ha retorcido hasta convertirlo en otra cosa. Y he de decir que ha sido un cambio bienvenido. A partir de la segunda mitad del libro, ha tomado todo lo que quería entrando a la saga y me lo ha entregado en una asombrosa conclusión que no ha parado de sorprenderme y dejarme boquiabierto.
Ha sido todo lo que quería... y lo que no sabía que quería.
He de reconocer que este segundo bloque de la saga se me ha hecho bastante irregular, especialmente la primera parte, con las historias dentro de historias. Ese bloque donde cada capítulo es una historia diferente contada por gente de todo tipo de universos y razas, atrapada en una posada onírica. Se me hizo muy cuesta arriba. Y no por nada en especial, porque hay historias muy chulas y el dibujo no está nada mal. Pero yo quería encontrar al personaje principal, Morfeo, y éste no se materializaba como tal casi en ningún momento.
Pero claro, estamos ante una obra que permite todo: ir y volver a la trama principal, contar historias paralelas o independientes, viajar hacia atrás o hacia adelante en el tiempo o visitar universos paralelos. Y he de reconocer que yo tengo poca paciencia para esas cosas.
Luego llega la historia de las Benévolas y a tomar por saco el dibujo. Meten a un artista rollo cartoon, especialmente minimalista al comienzo, y una trama con personajes que entran y salen y que te descoloca totalmente salvo al final, donde todo empieza a encajar y la historia empieza a tomar un tono casi poético. Es justo al final de esta trama y la que le viene después, con la que se concluye la serie donde, para mí, la obra llega a su momento más álgido, con el funeral y los capítulos siguientes. La posterior “Obertura” de 2015 es un derroche maravilloso de dibujo y color, pero cuya historia no me ha acabado de encajar. Un galimatías galáctico y existencial difícil de digerir. Aún así, muy contento con la obra en general.
Es incluso difícil de creer lo bueno que es, la calidad de cada una de las facetas que componen su universo tan orgánicamente entrelazado: la narración, los personajes y su desarrollo, el apartado visual, la prosa, el tono, la variopinta mezcla de mitologías de la que surge su imaginario, el ritmo, la forma en la que todo se vincula entre sí. No es sólo una maravilla del cómic, sino una maravilla de la ficción en general.
Como anécdota, debo decir que me había mantenido alejado de Sandman porque no paraba de leer y escuchar acerca de su carácter poético, lo que me hacía pensar en todas esas obras deliberadamente poéticas que sólo terminan siendo cursis e impostadamente profundas. Ahora, superado el prejuicio, puedo decir que sí, que encuentro aquí muchos de los rasgos que siempre he buscado en la poesía: belleza, fuerza, extrañeza, asombro, lirismo, complejidad, imaginación, juego y varias cosas más.
Poco más que añadir respecto al volumen anterior, porque lo que se está valorando aquí es la saga entera de Sandman: desbordante, imaginativo, maravilloso, inconmensurable y emotivo. El añadido de Sandman Overture al final es perfecto para completar el tomo, con una historia que si bien es más compleja y enrevesada, es igualmente interesante y que da ganas de revisitar nada más acabarlo. Gracias por tanto, Neil Gaiman.
4,5 Hubo algunas partes que se me hizo algo pesado o que el dibujo no me gustaba, pero es una obra brutal y tengo ganas de continuar leyendo en este universo.
La segunda tanda reunida de todo el cómic. Realmente una de las mejores cosas que he leído en mi vida. Qué maravillosa forma de narrar articulando lo gráfico con lo literario. Maravilloso.