Lo primero que quiero resaltar de esta historia es que me gusta mucho que la protagonista es una especie de anti heroína, o heroína anti social, y toda la historia parte de ella, y de una voz narradora que acaba siendo un poco más loquilla que la protagonista. Es maravilloso el sentir que todo se empieza a descontrolar, y lo que en un principio solo era mentiras que la protagonista decía, hacia sí misma y hacia los demás, después parece ser una actitud que va más allá de ella. A ver si me explico: que la persona con la cual podría simpatizar en realidad muy pronto muestra que no le importa nada de nada, que eso de que no sabe qué hacer con su vida es algo que va mucho más a profundidad que una crisis de identidad. De un momento para otro decide llamarse de otra forma, y fingir que es escritora, y lo que sigue a partir de ahí es medio entre gracioso y angustiante, y no sabes a dónde va a parar. Partiendo desde ese hecho, el que las reglas de juego básicas entre personas, aquí no se van a respetar, lo que siga de ahí no necesariamente va a tener lógica.
Me hace pensar en la novela anterior de Deck, en donde un poco juega con esto, al final de la novela no es algo fijo, no sabes si al final todo el mundo estaba mintiendo, y si toda la historia ha sido una tomadura de pelo, o una locura de la narradora, o de tí, la persona que está leyendo. Todo esto contado con un tono ligero, como de que aquí no pasa nada. Locura elegante, y la desaparición de la “normalidad” hacen de esto otro gran thriller psicológico. Y no me refiero a thriller psicológico de acción, para nada, este es puro juego con tu cabeza, que es aún más divertido.
Otra lectura posible, que no puedo evitar hacer, es ese loop de trabajos sin sentido en la que está atrapada, es muy de este mundo laboral actual. Me hace pensar en el Vernon Subutex de Virginie Despentes, algo en esa carrera sin salida, en ese querer consumir, desear algo que no se sabe que es.
“A las novelistas las vi en las revistas que hay en las salas de espera, en las páginas de Madame Figaro, Se las ve abriendo las puertas de sus salas de estar en París, posando en sus escritorios, delante de la bibilioteca, en el fondo de sus bañeras de esquina, donde chapotean para encontrar inspiración.”
“En efecto, ella podría buscar un trabajo, esperar frugalmente su primer sueldo y alquilar un monoambiente para empezar una nueva vida. Pero todo esto resulta demasiado lento, demasiado fastidioso, y ella tiene la sensación de haber recorrido miles de veces ese sendero que siempre la lleva al punto de partida.”