«Mi madre habría sido más feliz si yo no hubiera nacido.» Así arranca el desgarrador testimonio de un escritor enfrentado a la más dura de sus narraciones, la de su propia vida. Asaltado por los recuerdos mientras cuida a su madre enferma, el pasado se le presenta con vacíos que no logra llenar.
A través de silencios y de un gran talento para la observación, el autor desnuda su intimidad y nos obsequia, con belleza y maestría, el retrato de un país y una época desde su propio universo familiar. Lo acompaña como confidente su vieja mascota, una perrita leal y encantadora.
Descubrir por qué elegimos amar a quien no amamos exige una sinceridad implacable, y eso es lo que no falta en este hermoso relato de despedida. Adiós, pequeño es la reconstrucción emocionante de una infancia en la que todos, abuelos, padres e hijos, han callado demasiado.
Máxim en su estado puro, sentimientos, emociones, relatando pedazos de su vida, presente, pasado, futuro, siempre un placer leer cuando lo escrito es arte, porque este muchacho crea arte con las palabras, sentimientos y emociones .
”Mi madre habría sido más feliz si yo no hubiera nacido”
“Adiós, pequeño” ha sido probablemente de las reseñas que más me haya costado escribir, y no porque no me haya gustado, sino porque es un relato tan íntimo, en el que el autor desnuda su alma por completo para hacer un viaje a su infancia y bucear en la relación con sus padres, que cualquier cosa que pudiese decir sobre él no le iba a hacer justicia.
“Adiós, pequeño” es la historia de Máximo, pero es inevitable sentirse reflejado en algunas situaciones en las que el autor consigue llevarte a terrenos dolorosos en los que muchas veces preferiríamos no profundizar, pero en los que es necesario hacerlo para sanar nuestras heridas.
Si una cosa es innegable es que Máximo Huerta escribe bonito. Muy bonito. Una prosa poética llena de pequeños detalles hacen de la lectura una auténtica delicia. Es a la vez triste y esperanzador, tierno, nostálgico… La sensibilidad con la que habla de las cosas hace que hasta las situaciones más cotidianas sean de una belleza incontestable.
La misma importancia que tienen las cosas que se dicen la tienen los silencios, esos silencios que muchas veces dicen más que las propias palabras, y que en más de una ocasión consiguieron ponerme un nudo en la garganta.
“Adiós, pequeño” es una historia de despedidas y perdón, a los demás (“no fue el mejor, pero era mi padre”) y a uno mismo que, desde una perspectiva cotidiana, hace un retrato no solo de su propio universo familiar sino de toda una época, consiguiendo un relato repleto de belleza, amor y dolor.
Este es, probablemente, uno de los libros más íntimos que he leído de un autor. Máximo se desnuda en un viaje por su infancia con aire nostálgico y sabor a despedidas que me impone muchísimo. He tardado bastante en pensar lo que quiero decir de esta novela, ya que me resulta imposible analizarla desde la calma o transmitir una idea general de la misma, por todo lo que el autor relata en ella abriéndose en canal de una forma sorprendente.
En esta catarsis de Máximo nos encontramos con un relato muy emocionante y cargado de sentimientos con el que es imposible no empatizar. Duro por momentos y no apto para cuando tengamos el corazón más frágil. Recomendaría a todo aquel que lo lea que se implique en la lectura del mismo poniendo toda su atención y dando margen a que la historia avance porque será la única forma de disfrutarla.
La pluma del autor es muy especial, distinguible entre muchas por su estilo poético tan bien cuidado, algo nada sencillo de lograr.
De esta novela me quedo con todos los mensajes que deja, tanto los que se cuentan, como los que el propio lector debe leer entre líneas.
En este libro, Máximo escribe sobre aquello que muchas veces nos callamos, de los sentimientos y los miedos olvidados que nos acompañan guardados bajo llave en un rincón al que nunca queremos volver. Adiós, pequeño es la mejor forma de verse a los ojos a uno mismo. Una novela autobiográfica para adentrarnos en sus recuerdos e incluso en los nuestros.
No había leído nada de Máximo Huerta y eso que me lo habían recomendado algunas veces. Pensé que este libro que había ganado el premio Fernando Lara, sería el ideal para empezar con él, pero sinceramente va a ser muy improbable que le vuelva a leer otra. Aparte de ser terriblemente triste, pienso que muchos trozos le pueden interesar a miembros de su familia, pero a otros, muchas veces nos aburre. Eso sí, pienso que es un buen escritor pero que no me gusta su estilo
Libro “autobiográfico” escrito en modo de “diario” donde a través de la prosa muy cuidada va a relatar partes de su vida y familiares, especialmente de sus padres. No me ha gustado en exceso, me ha costado leerlo aunque reconozco que está muy bien escrito. Libro triste que te hace reflexionar y que me ha dejado un “regusto” triste. No lo leáis como libro vacacional ni si estáis en un momento “triste” de vuestras vidas. Mi opinión en YouTube sin spoilers: https://youtu.be/hsLQ3oX5kCY
Me esperaba una novela autobiográfica intensa y me encontré con una mezcla de fragmentos medio poéticos, unos más realistas y otros más metafóricos. Culpa mía por confiar demasiado en las contraportadas. No lo pude terminar.
Simplemente hermoso! Este autor transmite mucho en esta historia tan personal e íntima, nos narra lo que recuerda de su niñez, de sus padres, su familia,lo que su madre con una enfermedad terminal le cuenta de su propia historia y su forma de narrar te llega tan profundo y te provoca tantos sentimientos, amé cada una de sus paginas y me gustaría leer más de él.
Cuando terminé de leer la novela, de la que no sabía nada en absoluto, ficción o real, solo un dato, por Pepa Locura de Libros, que había ganado el premio Fernando Lara, le dije, tengo que dejarla reposar porque aquí hay muchas proyecciones, mucho dolor, culpa y miedo, es como un diario escrito atropelladamente para alejar las emociones negativas. «Esa quietud incendia mis temores. Escribo aquí para mitigarlos». A lo largo de la vida nos suceden muchísimas cosas que nuestro cerebro tiene que asumir, unas le cuesta más que otras, es como la digestión del estómago. A veces suceden situaciones emocionalmente intensas, la enfermedad o el fallecimiento de un ser querido pilar en nuestra vida, entonces nos asaltan esos recuerdos, algunos casi olvidados, que no hemos procesado y se quedaron enquistados, ¿por qué nos asaltan? Esa nueva situación que debemos procesar se engancha en esa puerta del desván donde guardamos nuestra memoria más dolorosa y por ese resquicio, casi diminuto, se cuela el resto de situaciones pendientes de resolver emocionalmente. Es una obra autobiográfica, su historia más intimista, escribir sobre uno es abrir la caja de Pandora. Hay cierto desorden, «voy de recuerdo en recuerdo». Uno de los momentos más tristes de la vida es cuando cierras una casa porque los que habitaron en ella ya no están, «en ocasiones miro al interior de esas casas ahora cerradas, para encontrar el reflejo de aquellos días de jarana», y empieza una caída hacia lo más profundo de uno mismo a la que hay que poner freno, porque es una caída libre y a las profundidades hay que adentrarse con prudencia. La vida no es cómo la imaginamos de niños, pocos se ajustan a esos sueños de la infancia, la vida tiene sorpresas inesperadas que modifican nuestro pensamiento y carácter, «se le parece, pero no es aquello que imaginamos de niños». «El miedo se hereda». Y sí Máximo, algún día echarás de menos esos momentos finales.
El sentimiento de orfandad o su proximidad es el mayor desencadenante de la despedida de ese niño o niña que fuimos, tal vez hace demasiados años ya. Hacer balance, rebuscar entre los recuerdos tratando de recuperar sensaciones o de enterrarlas definitivamente. Reconciliarte con la vida, con los episodios más dolorosos; reconocer la pequeñas cosas que pasaron inadvertidas pero se grabaron en el tiempo; comprender desde la madurez lo que siempre fue un misterio y hallar la paz (o no). Asumir que la vida pasa, que no cualquier tiempo pasado fue mejor, pero que la nostalgia de un ayer lleno de oportunidades es inevitable.
Adiós, pequeño es la propia despedida de Máximo Huerta de ese niño que fue. Una novela tan íntima que me ha hecho sentir indiscreta, intrusa de un diario personal en el que toda la sensibilidad de su autor queda al descubierto.
Con un lenguaje casi poético, Máximo desgrana una vida con la que te sentirás identificado/a en algún momento si eres coetáneo. No hay una trama más que la de descifrar y plasmar emociones, más que la de desnudar miedos personales y compartidos. Un libro que leer a sorbitos descifrando y dejándote calar por sus bellas analogías. Un libro que disfrutar mucho si te van las aperturas en canal, el uso bonito del lenguaje y el intimismo.
Gracias, Máximo, por permitirme asomarme a una parte de tu vida. Por acompañarme en mis propios miedos, en algunos de mis dolores, en unas cuantas de mis dudas. Por regalarme citas preciosas y hacer que me reafirme en mi creencia de que escribir sana.
El libro empezó muy fuerte, consiguiendo captar mi atención por la cantidad de anécdotas y hechos en los que podemos vernos reflejados, pero luego se me acabó volviendo muy repetitivo. Hay capítulos que he encontrado prácticamente iguales, en los que se da vueltas sobre un mismo pensamiento o tema.
Lo más entretenido es la historia entremezclada de la madre y del padre. Pero cuando divaga sobre su familia menos allegada durante capítulos y capítulos me ha llegado a saturar, porque he encontrado cierto desorden en el relato de los recuerdos.
Toda historia merece ser contada, y más si el libro supone un desnudo emocional para el autor como en este caso, pero se me ha hecho excesivamente largo y siento que "lo importante" podría haberse plasmado en muchas menos páginas.
Eso sí, el libro está cargado de frases para enmarcar gracias a la buena mano de Máximo.
Una obra que se presenta como trozos de una infancia en la que el autor no profundiza y se pierde entre metáforas, ingestas alimentarias, familiares lejanos, poesía (en ocasiones vacía) y capítulos sin nada que aportar. El arma de Chéjov, esa norma de quitar todo lo que no es necesario para la trama de la obra, la obvia. Podemos resumir que es la historia de un hombre cincuentón que no ha superado, ni ha buscado ayuda para hacerlo, que fue engendrado en un hogar sin amor. Prefiere revolcarse en el lodo de su tristeza. En Audible narra el propio autor, con voz triste y tono lastimero que en ocasiones provoca hastío. Hay situaciones confusas sobre su padre que no clarifica y el lector imagina algo truculento que luego se queda en un episodio de adulto que no desea salir de su atasco emocional. Esperábamos más y nos quedamos con nada.
Adiós, pequeño es un libro donde el autor se desnuda para contarnos y explayarse sobre toda su vida y el vínculo con su madre y su familia y que éste no quede en el olvido. Especialmente, los recuerdos de una infancia que él domina como cruel, como no infancia, o una infancia dura, por un padre que no fue padre ni marido.
Cuidando en su casa de Bunyol a su madre enferma, intenta recordar con ella todo su pasado, cuando ésta era una niña, y entonces era feliz, con sus vestidos en volandas y su coleta de caballo en la feria, con sus amigas y cómo sonreía entonces. Transcribe sus palabras, sus recuerdos. Mirando las fotos antiguas, que algunas rompe, Máximo escribe para no olvidar, para que nada quede en el olvido una vez que ella ya no esté, ni él tampoco, para que todo quede aquí, en este libro, en letras que no se puedan borrar: la familia que fue, que tuvo, una una vez hubo.
Una autobiografía suya, de su madre, un perdón a su padre, un perdón de parte de su padre por el mal padre que fue, las cenizas que fue capaz de tirar al mal, tal como él quería, un adiós al niño que fue, que ya no está, se despide así de una infancia que no tuvo o que tuvo pero mal tuvo.
Me ha gustado mucho la forma de escribir del autor, cómo se expresa y cómo expresa el dolor ajeno, y el propio. A pesar de poder pecar de exageración en algunos casos, en mi propia opinión, todos echamos de menos el niño que fuimos, o la familia que tuvimos y creemos no haber tenido o que no fuera perfecta. No obstante, estoy deseando leer alguna novela suya para ver cómo es su forma de escribir sin ser autobiografía.
“Mi madre habría sido más feliz si yo no hubiera nacido”. Con esa frase arranca la novela y es un gran ejemplo de los que es 'Adiós, pequeño'; una historia (la del propio autor) cargada de sentimientos y emociones de todo tipo. Màxim Huerta desnuda su alma (pese a lo mucho que se ve que omite) y dirige una mirada llena de ternura, pero sin evitar las partes más crudas, a su infancia y a su familia. La novela está marcada por las despedidas: principalmente a su madre, pero también a su ya difunto padre y al propio niño que nunca pudo disfrutar de su infancia. También es una historia marcada por el perdón, de nuevo a sus padres y también a sí mismo. El principal problema que le veo a la novela es que se me acabó haciendo demasiado repetitiva y larga con capítulos prácticamente iguales, que no aportan demasiado, en los que se da vueltas sobre una misma idea. También me ha parecido un poco pesado el describir cada paseo con su perra Leo o las enumeraciones de familiares y sus vidas que tampoco aportan demasiado a la historia. Aún así, la prosa poética y la forma de escribir que tiene hace que leas con interés pasajes cotidianos que en otro autor resultarían soporíferos y con Huerta te sientes identificado.
Máximo se abre en canal al igual que cualquier lector puede abrir el libro, aunque imagino que con más nostalgia y dolor. Ha tatuado su infancia y el recorrido de su vida en estas páginas, y te da la mano para que lo acompañes en cada rincón de Utiel y Buñol. Como si uno de los fantasmas de Dickens te diera la mano para devolverte a un pasado en el que nunca has estado
Hay escritores que tiene el don de transmitir no solo emociones con sus palabras sino olores, sabores, sensaciones y sin duda Máximo Huerta es uno de ellos. Esta es una novela sobre como el tiempo pasa y a nadie espera o perdona, una novela de remembranza de una niñez y juventud vivida en medio de situaciones familiares complicadas y a la vez llenas de alegría.
Cada vez que iniciaba la lectura y me perdida en sus paginas, no importaba si afuera de mi ventana hacia mucho sol, todo mi alreador se volvia algo gris, algo nublado, como uno de esos dia que tanto me gusta pero a a la vez me dan melancolia sin razon alguna.
Un relato autobiográfico lleno de nostalgia, tristeza y dolor, que narra la convivencia de una familia que nunca fue.
Palabras que se quedaron solo en el pensamiento de los protagonistas; Secretos que no se revelaron; Rencores y dolores no expresados; Ternura y amor madre e hijo solo imaginada en las elipsis de la prosa, cómo bien describe el autor.
Yo diría que es: “Historia de una vida no vivida”
Una muy buena narrativa y prosa con frases muy elocuentes para describir de manera muy amorosa la añoranza durante la madurez y la vejez; la agonía de una enfermedad, el desamor latente y callado; la falta de comunicación y la monotonía e indiferencia que acompaña a los personajes. Aunque para mi gusto, demasiado larga y repetitiva en ocasiones.
Aplaudo la valentía del autor por despedirse de ese niño lastimado, a través del perdón y la reconciliación y por compartirnos parte de su historia.
Tengo que admitir que como lectura para iniciar el año no es la mas apropiada. Tras varios capitulos leidos decidi leer reseñas y ya vi que o el libro apasionaba o no gustaba nada. Finalmente, yo me decanto por el segundo grupo. Y desde un respeto maximo porque el estilo es excelente y porque entiendo y aprecio el vaciado intimista que vomita el escritor en estas paginas. Pero es que un libro asi no esta dirigido a los lectores, sino que se trata de un ejercicio interior que realiza el escritor para si mismo. Y desde esa perspectiva el lector no puede entender la mayoria del mensaje que se quiere transmitir. Tampoco se pretende. Me ha parecido largo, inconexo y, sobre todo, muy repetitivo. Y no estoy de acuerdo: la vida de la madre no hubiese sido mejor sin el hijo. Todo lo que se puede intuir es justo lo contrario.
“Pasé la mano de adulto, por la foto del niño que fui… ahí empezó todo”
“…digo devolver, pero pienso en borrar”
“No se puede borrar el pasado, pero sí pintarlo, inventarlo y aligerar el peso”
“La vida es hoy, también en este silencio… comprender mejor que nunca, para siempre y muy a mi pesar, que la vida se estaba yendo y qué clase de negocio va este de vivir, esto va de ir apagando luces, de acostumbrarse a perder, a despedirse, ir tirando cosas, las rotas y las que estorban, deshacerse de afectos…”
Disfruté mucho sobre todo la primera parte, considero que el autor transmite mucho y que trata de hacer una catarsis de heridas profundas que aún no consigue sanar.
Libro triste muy triste. Cuando alguien te abre el corazón y te cuenta su vida y la de sus padre, puede reflejarse la alegría por la vida o la profunda tristeza por no haberla tenido como uno hubiera deseado . Como dice la canción ""solo recuerdo lo bueno, de lo malo nada"" pues en este caso es al contrario. El libro me ha gustado pero reconozco que desmoraliza un poco la verdad.
El autor escribe de una forma poética, muy bonita, pero, me esperaba otro tipo de relato, es un libro muy íntimo y personal, por lo tanto, se me hace difícil opinar sobre el. Desconocía que el escritor fuera un personaje televisivo, tal vez a una persona que haya seguido su trayectoria le resulte más interesante.
Tenía este libro desde que salió,esperando el momento en que mi ánimo fuera el adecuado porque ya sabéis que el momento para leer un libro es importantisimo. Pero como veía que no llegaba, porque hay temas para los que creo que tardaré en estar preparada, me decidí a leerlo.
Es un libro muy íntimo en el que se despide del niño que fue contándonos su infancia y sus recuerdos familiares, iniciando la despedida de su madre y perdonando a su padre ("no fue el mejor,pero ero era mi padre" . Lo que he llorado)
Lleno de sentimientos y emociones, duro como la vida pero con una ternura que te llega al alma. He disfrutado de un tipo de escritura que me fascina, esa que narra las rutinas y describe hasta los silencios con una belleza incuestionable.
Gracias Máximo por este libro porque al ir leyendo he viajado a mi infancia y he ido recordando y me he ido despidiendo de la niña que fui. Como tú he llorado "con caracter retroactivo" y "he pedido perdón". Y aunque yo no tuve la suerte de que me pidieran perdón, sé que fue por falta de tiempo, porque lo hubieran hecho. Tú me has dado esa seguridad. Y te lo agradezco porque me has ayudado a sanar heridas porque aunque he llorado a mares y muchas veces he tenido que parar de leer por el berrinche, con hipo, como los niños, ha sido un regalo poder leerte. Un regalo para el alma que llega al corazón y suaviza el dolor
Son pocos los libros que transmite tantas emociones, es desgarrador, al ser escrito -todo lo que nos remueve indica que fue así- desde el alma, desde lo más profundo de aquellos sentimientos que nos unen como familia incluyendo por supuesto a nuestros incondicionales sabuesos. Dividido en dos partes y con capítulos muy cortos nos lleva de manera ágil por la infancia del autor y aquellos recuerdos de su madre (siempre presente, siempre amada) y de su padre. Es un libro homenaje y de despedida a sus padres y a él mismo, cada pagina nos emociona, la manera en la que reflexiona sobre el envejecimiento y la manera en la que se enfrenta es conmovedora, es una joya este libro, sin embargo creo que lo entenderán aún más aquellos que desgraciadamente ya han despedido a sus dos ángeles; lo recomiendo ampliamente
No puedo ser objetiva. Me gusta mucho como escribe Máximo Huerta. Su narración es de una sensibilidad, de una belleza tal, que se te va encogiendo el corazón. Creo que éste libro parte de una necesidad de expresar su dolor, su incomprensión, pero sobre todo, el amor hacia su madre por encima de todo. Es un libro tierno e incómodo, porque así es la vida y los sentimientos que rodean nuestra infancia y nuestro crecimiento, pero es de una valentía increíble. Ser capaz de desnudarse así en un libro, abrirse a sus lectores y enseñarnos sus heridas es para quitarse el sombrero. Miles de frases para subrayar...que se quedan pegadas al corazón.
Los escritores van buscando un sello propio, algo con lo que destacar y ser reconocidos entre tanta oferta. Pues si algo tengo claro es que Máximo tiene ese don, su manera de escribir es única y muy él.
Pues en esta novela, bueno, no sé si llamarlo novela, ensayo, biografía, diario,...como decía, en este libro vuelve a aparecer su narrativa tan característica, más cercana a la poesía que a la prosa.
Tuve la oportunidad de escucharlo hablar en la presentación que hizo en la feria del libro de Cádiz y allí le escuché decir que las mejores historias no hay que buscarlas en ciudades lejanas, ni en thrillers con mucha sangre (y eso que yo estoy con la novela negra a muerte), las mejores historias las tenemos en la puerta de al lado, en nuestro día a día.
Eso es lo que nos presenta en esta novela ganadora del premio Fernando Lara 2022. Su día a día, no se si ha escrito una parte de su biografía, o si ha querido mantener esos recuerdos con su madre en forma de libro o también puede que sea un homenaje a la madre que lo parió. El caso es que esta novela huele a campo, a pueblo, a armario cerrado durante mucho tiempo, a café clásico, a cremas antiguas, a chimenea,... Pero también sabe a comida de cuchareo, a manzanas con caramelo de las ferias, a primeros y últimos besos,...
Tres protagonistas, el propio Máximo, su madre y su perrita. Hay veces que parece que tienen diálogos a tes bandas.
He podido disfrutar esta historia con los cinco sentidos y recordar momentos de mi infancia, de buenos momentos de mi infancia, de conocer al verdadero Máximo, de lo que le duele y le ha dolido durante su vida pero también de los buenos momentos junto a su madre....y todo lo que se habrá guardado.
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