Este es un libro mítico. Publicado en 1982 en Barcelona, citado profusamente en Baños, fiestas y exilios, aludido en conversaciones de obsesionados por la historia homosexual argentina, todos hablaban de él, pero pocos lo habían podido leer.
Desde el exilio, Héctor Anabitarte compone a través de pequeñas historias, recuerdos y reflexiones una especie de autobiografía colectiva. Un álbum de la vida queer periférica, cuando el concepto de orgullo todavía no se asomaba, ni el de queer había llegado hasta estas latitudes. Un desfile de personajes tragicómicos, figuritas difíciles y mostras inconseguibles de nuestro pasado reciente.
Pero sobre todo es un libro de amor. Amor por las amistades, amor por los compañeros de militancia, amor por los amantes pasajeros. Y es que, como sostiene Alejandro Modarelli en el prólogo, "no hay hecho que, por pequeño, por íntimo, no esté llamado a ser reclutado en la historia universal".
Hay historias que merecen y deben ser contadas, retratos de personajes que debemos de rescatar del paso del tiempo para mantener en la inmortalidad de la palabra. Y está es una de ellas, emocionante y fundamental para retratar la comunidad LGBT+ de la Argentina de los años 60-80s.
Conmovedor, sensual e histórico. Un retrato de una época difícil para la comunidad. Resultó también un canto a la amistad y el amor, como espacios de refugio de tanta locura y violencia social.
Una especie de diario íntimo que no siempre logra un hilo conductor. Aún así, ofrece muchos textos muy bellos, en sintonía poética que vale la pena releerlos y recordarlos.