Quisiera darle cinco estrellas a este manga, por el poso que me ha dejado y por el buenísimo rato que he pasado con él. Hablamos de un tocho importante, algo más de seiscientas páginas, que me ha durado un día y medio. Un tifón. Lo que más mola es todo el dibujo super recargado de referencias, cómo recrea ese barrio de Tokio basándose en el exceso (que empieza por la indumentaria de los niños pero que está en todas partes: pintadas, animales raros que salen a veces, edificios, gente, caracteres japoneses que llenan el aire). En esta atmósfera delirante que consigue crear está el alma del mangaka, aparte de que la historia, con sus dos protagonistas y la ristra de personajes secundarios, los escenarios aéreos, las peleas y todo eso, está muy bien. Me ha fallado un poco el cierre, típica ida de olla nipona cuando se trata de lidiar con los sentimientos, que aunque es convincente en su fondo falla en la forma, un poco teen party, con mucho fuego artificial innecesario (espectaculares viñetas) pero algo de torpeza a la hora de plantear el conflicto interior de Kuro. No pasa lo mismo con Shiro, su compañero, encarnación del aura benigna, cuyo desarrollo dentro de la trama encaja a la perfección y se convierte además en personaje predilecto. Hasta ese momento, últimas cien páginas, es un cómic soberbio. Si me quitas las luchitas telepáticas Bien versus Mal e ilustras el conflicto interior de Kuro una manera menos pueril, menos explícita que ese monstruo en el que todos podemos convertirnos, y más siguiendo con la historia tal como venía siendo, entonces le habría cascado cinco estrellas. Brutal también el subtexto, en el que el leit motiv de la violencia se manifiesta en formas menos sangrientas pero igualmente dañinas, como son la pérdida de identidad de lo local frente a la estandarización capitalista; los nuevos medios de seducción del sistema, que extiende sus garras hacia algo que siempre había sido sagrado: la infancia; el miedo de que esto puede pasar en cualquier lugar y en cualquier momento... y, a la vez, una chispa de esperanza en las cosas esenciales de la vida, porque siempre hay una elección personal que hace que la humanidad prevalezca.
Lean este manga, si es posible en la edición de Glénat. Huyan de la aberración cinematográfica. Y no se preocupen demasiado por los "innecesarios" fuegos artificiales del final, que lo único que hacen es bajarle una estrella a la reseña de un lector demasiado maníatico con las puntuaciones.