Jeffrey Kluger, en Simplejidad, cita a John Millar, un economista del Santa Fe Institute (“un laboratorio de ideas y centro de investigación dedicado el estudio de la complejidad”) al hablar de los obstáculos “necesarios” para comprender los movimientos de las masas o grupos complejos de personas, que crear “pequeñas turbulencias” puede ser bueno, pues: “Al introducir un pequeño ruido en el sistema se produce una coherencia en el fluido”.
Después de varios libros de Han, creo acercarme mejor a comprender de qué está hablando. Me gusta su lectura de lo positivo --de positividad-- de la era actual, y de lo que llama negativo que aún persiste, pero que además, trata de ser erradicado.
Lo positivo, en realidad, es “malo” para nuestra sociedad, es todo aquello cubierto con teflón y que evita las fricciones y los roces y todo lo que frene o detenga el flujo de las cosas.
No quiero ahondar mucho en el comentario, pero, ya van varios autores (Gray, Zizek, Taleb, Hitchens, y ahora, Han) en quienes veo esa misma lectura de las cosas: cada vez más nos adentramos en una sociedad que evita las luchas, las batallas, las discusiones; y esto permea a casi todas las esferas; se rehuye la confrontación, etcétera.
En este caso, Han, concluye que gran parte de ese evitar la discusión, el freno, responde, además de a intereses económicos capitalistas neoliberales, a un cansancio, a un hartazgo al respecto de la pelea.
Y, a modo de respuesta, podríamos considerar la contemplación que proponga un Concheiro o el mismo Han, ya que la contemplación no le saca la vuelta a la crítica, a la interpretación, y por el otro lado, el cansancio del cansancio sí, pues, “incapacita para hacer algo”, la contemplación por el contrario, exige: ver, observar, cuestionar, así sea internamente, pero, hay una acción, y no necesariamente que tuviera que haberla, pero sí “sucede” algo en el ser humano que la practica. Se “es” contemplativo.
Han es muy claro en diferenciar a la sociedad del rendimiento --un rendimiento en más de un nivel: de rendir cuentas, de caer rendido, de dejar de resistirse-- de una sociedad distinta a ella, no la focaliza en algo en particular, pero sí insiste en que el cansancio de esa sociedad de rendimiento es un cansancio aparente, ilusorio, y que por dicha razón es que en nuestra época, los males sean más bien neuronales, psicológicos, antes que inmunológicos; responden a otro estrés --en un sentido amplio-- propiciado solo por el autorendimiento por el autorendimiento.
La verdad es que a la luz de las ideas de Han, uno puede comprender mejor ese permanente auge por los libros de superación personal, que por muy criticados que sean han mutado en publicaciones en distintas revistas electrónicas y por ende en publicaciones en redes sociales que hablan de “life hacks”, un simple googleo arroja: “Cerca de 57,500,000 resultados en apenas 0.74 segundos”: los 3 trucos más eficientes, los 20 trucos para la más, las 100 mejores maneras de… y así, hasta la náusea.
Que todo fluya. Que nada detenga el río de mierda con el que llenamos el vacío de nuestras vidas. Que todos los números de nuestros reportes, de nuestras ventas, de nuestro lo que sea que hagamos aumente, suba, crezca; que bajen los errores, que ganemos más seguidores, que perdamos menos audiencia, que ganemos más dinero, que perdamos menos amigos, más likes, menos reacciones enojadas en Facebook, más follows, menos unfollows, que nuestras métricas vayan en ascenso, que tengamos un mejor nivel de aceptación de lo que sea que puta hagamos; más kilómetros en nuestra app de correr nadar andar en patineta, "and so on, and so on".
Papá me dijo de niño algo que no he olvidado, y que sigo creyendo a pie de juntillas: “solo los tontos se aburren”. Bueno, he eliminado el “tontos”, y solo lo he dejado como: “hay quiénes se aburren, yo no”. No me aburro porque, coincido con varias de las ideas de Han, ver, observar, contemplar, no es necesariamente aburrirse, o sí, pero no en el sentido que le dan actualmente; uno necesita aburrirse profundamente para poder tener ideas; para poder ser creativo. Nos quieren hacer creer que se puede vivir con “multitasking”, con “quality time”, y la verdad es que no lo creo. Prefiero aburrirme con Emilia caminando sin rumbo; o sentados en una banca Rebeca y yo (y en lo próximo, quizá, también Juan, el labrador negro que es posible que adoptemos) viendo a nuestro alrededor sin decir nada. O mejor dicho, diciéndonos otras cosas sin palabras.
De lo que llevo leído de Han, este y el de la sociedad de la transparencia son los que más me han gustado. Es posible que conforme más lo lea, mejor lo entienda, y encuentre más puntos en común con las ideas que expone, con sus lecturas de otros autores, y su lectura del mundo que nos rodea.
Mi comentario del inicio va en función de la diversidad de autores que veo que señalan lo mismo como una crítica al tiempo actual y su “políticamente correcto”, con ser tolerantes ante todo e inclusivos y cómo eso termina por ser un espejismo.