2/5
Hacía tiempo que no me encontraba con un libro que me costara tanto esfuerzo terminar. Comencé a leerlo el mes pasado, y me costó horrores llegar a la mitad de la novela. Esto lo atribuí a que, después de haber pasado dos meses sin apenas leer, necesitaba retomar el hábito con otro tipo de libro. Así que lo dejé hasta ahora. Y las últimas páginas se me han hecho demasiado cuesta arriba.
El punto más positivo que le vi a esta novela es que tiene una ambientación increíblemente impactante. El ser humano está desapareciendo, víctima de una enfermedad viral que se descontroló en cierto momento y que ha acabado con todos los adultos y adolescentes. A los niños, en cambio, no les afecta, ya que aún no han sufrido ciertos cambios hormonales. Todos los parajes están desolados, abandonados y muertos, no hay electricidad, no hay comida, no hay nada. Y hay una sombra de inquietud presente en toda la lectura: el ser humano va a desaparecer. Leer las aventurillas de Anna y Astor con esa mosca continuamente detrás de la oreja me pareció escalofriante y muy conseguido por el autor, que sin decirte nada en ciertas ocasiones, hace que tus pensamientos vayan directamente a esa idea tan terrorífica.
Lo que viene siendo lo demás... No, no me ha gustado. No me parecía que el libro tuviera un objetivo claro, una trama o un fin. Y sí, esto no siempre me molesta, pero siempre y cuando le va algo de gracia a... No sé, algo. Me he aburrido bastante, no he sentido emoción ni simpatía alguna por ninguno de los personajes, y mucho menos por todo lo que les ocurre. Me parece que son víctimas de una sucesión de acontecimientos puestos más al azar que con una intención clara, aunque sea la de impactar o hacer reflexionar al lector acerca de su situación. Quién sabe, a lo mejor el autor pretendía justo eso: dar importancia a los hechos, no a que el libro tuviera un fin concreto, pero conmigo no lo ha logrado.
No me ha gustado ninguno de sus personajes, no he sentido ni cariño ni un mínimo de interés por ninguno. El autor bien podría habérselos cargado en la primera o la última página, y hubiera sentido lo mismo. Nada. Y me da mucha pena que un libro así tenga este tipo de personajes, porque sinceramente creo que no reflejan ni el cariño ni la dedicación que podría esperarse de un autor. No es que los haga sufrir (que también), es que me dio la sensación de que existía una distancia abismal entre escritor y personajes. No sé si será debido a un distanciamiento generacional, ya que los protagonistas son niños, bastante pequeños incluso, y es posible que Niccolò no haya sabido reflejar bien sus pensamientos o adecuar el lenguaje y la actitud a personas de esas edades.
Y ya por último, me he encontrado con numerosas incógnitas que ni se resuelven, ni se explican, y que en vez de contribuir a una atmósfera de misterio, acentúan más las carencias de este libro. Por ejemplo, sabiendo que el virus acaba con los adultos, ¿de verdad que a nadie se le hubiera ocurrido coger a todos los críos de Sicilia y llevárselos a algún lado, para intentar salvarlos? ¿Algún científico loco que viviera en un búnker para no contagiarse? Os juro que eso lo habría encontrado más plausible. ¿Nadie intentó ayudar a los niños, y sólo se centraron en que cuidaran de los adultos mientras estos estaban moribundos a causa de la fiebre? Y más cosas sospechosas... ¿Es posible que me haya encontrado un grupo de niños menores de 10 años, que no saben casi ni hablar ni distinguir un perro de una vaca, pero que saben cazar, despellejar un animal, y comerse su carne después de cocinarla en una hoguera? Una hoguera que han aprendido a hacer... ¿Cómo? Y bueno, los que no saben cocinar, encuentran latas de conservas cada 2x3, por supuesto. Incluso años después de que todos los adultos fallecieran... No sé cómo lo veis, pero entre estos detalles más el trato más bien lejano hacia los niños, el libro no ha sabido cumplir con lo esperado.