Acabo de conocer a Pita Amor en “Los demonios de mi cuerpo”, y mi conclusión fue: “Ah, ok, esta señora no vivía la vida… se la tomaba directo de la botella o la disfrutaba en la cama con sus amantes.” Pero luego, lees su poema:
“Olvidar el propio amor
para amar todas las cosas:
la luz, la niebla, las rosas,
la alegría y el dolor;
cada angustia y cada ardor,
lo diáfano, lo engañoso,
lo límpido, lo fangoso,
por igual el goce, el duelo,
la luz que construye el cielo
y el infierno caudaloso.”
…y entiendes que ella no venía a escribir “frases bonitas”, venía a discutir con Dios, con la vida y con sus propios demonios.
Pita Amor nos deja tres cachetadas poéticas muy claras:
1. Deja de amarte solo a ti
No en plan “no te quieras”, sino: basta de vivir en modo selfie emocional. Si solo te ves a ti, te pierdes “la luz, la niebla, las rosas”… y todo lo demás.
2. No existe la vida sin lodo
Quiere que ames tanto “lo límpido” como “lo fangoso”. O sea: no puedes querer solo los días bonitos y cancelar los días horribles como si fueran suscripción.
3. Cielo e infierno vienen en combo
La misma intensidad que te construye un cielo también te arma un “infierno caudaloso”. Vivir de verdad es arriesgarse a los dos. Lo otro es estar vivo… pero en modo avión.
Al final, Pita Amor nos suelta, con elegancia y veneno:
• Deja de girar solo alrededor de tu ombligo.
• Acepta que la vida viene con drama incluido.
• Y si ya vas a vivir, hazlo en serio, no en versión demo.
Porque, traduciendo a lenguaje actual, Pita básicamente diría: “No quiero tu vida perfecta para Instagram. Quiero la vida donde amas la luz, el lodo y todo el desastre que viene en medio.” Excelente novela de Sandra Frid.