Las primeras veces ante el dolor, la muerte, el fracaso o el miedo suceden en la infancia, cuando nada comprendemos. Pero poco se aprende después, y rara vez hallamos las respuestas. Amalia Bautista propone en Azul el agua el camino inverso al de la vida, de lo oscuro a lo claro, para introducir la extrañeza y la perplejidad en todo aquello que nos habita y nos rodea. Por eso —por su manera de cuestionar nuestras jaulas cotidianas, por su capacidad para encontrar el desasosiego en lo cercano, también por su tenaz inconformismo— este libro es peligroso: porque su exactitud nos despierta. En estos poemas caben la tristeza y la escasa alegría, las certezas inestables y las dudas punzantes, la familia, el paso del tiempo, la soledad, el amor que hace daño y el amor vencedor de las tinieblas, sin hacer concesiones a lo fácil desde su sencillez. Aquí todo es conciso como un dardo. Azul el agua como gris el miedo, negra la muerte, blanca la incomprensión, rojo el amor, claro lo oscuro.
Aaron Copland tituló una de sus piezas más representativas “Fanfarria para el hombre ordinario” (Fanfare for the Common Man) y este título no deja de resonar en mi cabeza después de concluir con la lectura de “Azul el agua”.
Estamos frente a una poesía sencilla, anecdótica, sin grandes complicaciones temáticas, líricas o estructurales, que cumple con su cometido de articular un descubrimiento poético a lo largo de sus tres breves partes:
1. Vendrá la muerte y no tendrá tus ojos. Oposición a la fugacidad de la vida a través de la apropiación resignada del envejecimiento.
2. El sol sale para todos. Conquista de la cotidianidad a través de la contemplación del entorno y la poetización del mismo.
3. Y que no quede un clavo donde colgar las dudas. Intimidad literaria y amorosa donde la pareja y su permanencia a través del tiempo se consagran por su sencillez.
Como puede verse, “Azul el agua” no es un poemario cargado de literatura, ni desborda literatura o tendencias que tendrán a los estudiosos cuestionando la “unidad de obra” de la misma. Es un libro, con algunos poemas e imágenes que podrían parecer cursis o no serán del agrado de todos, que está pensado —o al menos esa impresión me dio a mí— para compartirse como se pasa el periódico después de leerlo o se le facilita un suéter a la visita que tiene frío. Poema tras poema, Amalia Bautista aspira a recuperar el lenguaje poético como algo que surge naturalmente de la cotidianidad.
Y es en este sentido que hago votos porque haya más libros así.
Se trata de un poemario que a partir de un tono prosaico y conversacional pone el foco en pequeños momentos, habitualmente insignificantes, de la vida cotidiana. Casas, terrazas, patios, ventanas, configuran el escenario poético, que también se traslada a México, a Lisboa o esa otra geografía que representa la memoria. Entre mis poemas favoritos, "Agua", "Mariposa monarca" y "Fragmentos".
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El jueves (15.1.2026) tuve el lujo de escuchar a Amalia Bautista recitar muchos de sus poemas gracias a un curso que estoy haciendo del trabajo. Me encantó la fuerza traducida en sencillez y claridad poéticas de su obra. Este poemario se lee súper rápido, pero deja un poso duradero y bonito. Simple pero bueno.
Cuarenta poemas conforman este Azul el agua, en donde Amalia nos habla de la pérdida, del paso del tiempo, de la intolerancia, los errores y del infatigable miedo, finalizando con el poso de la esperanza y el amor a fin de no desazonar al lector.
Una poesía que se reconoce en el uso de la ironía honesta con la gran Wisława Szymborska, acunando la infinita ternura que irremediablemente recuerda a los versos de Francisca Aguirre.
Rejas
«Ventanas enrejadas, ¿qué guardáis? ¿Protegéis lo de dentro o lo de fuera? ¿A qué tiene más miedo quien os puso cuadriculando el aire y la luz de su casa?»
Un libro que busca explicaciones, donde se tejen muchas inquietudes y vacíos, pero con el que no logré conectar. La estructura del poemario y el ritmo es bastante bueno, construye imágenes muy interesantes en torno a la infancia. Le doy dos estrellas conciente de que mis inquietudes del momento no coinciden con las de la autora, tal vez en el futuro le dé una segunda oportunidad.
La poesía de Amalia Bautista ha sido una revelación. No había leído nada de ella y ahora quiero allegarme toda su obra.
La autora refleja una poesía clara, en una voz honesta y carente de pretensiones. Como lectora te sientes tan cómoda, tal como si recorrieras esos espacios, imágenes y experiencias, puedes mirarte reflejada en ellas y hacer tuyo cada verso.
Vendrá la muerte y no tendrá tus ojos, es una película que transcurre a lo largo de una vida, con aquellas historias en la infancia que fueron atravesadas por la pérdida y el desconcierto que esto ocasiona; no obstante, la vida adulta no resulta menos dolorosa, a veces el nombrar nos ayuda y otras nos desgarra aun más el darnos cuenta de aquellos sueños y anhelos perdidos que se encuentran guardados en algún lugar de la memoria.
AUSENTE
Esa mujer con la que a veces sueñas es la mujer que fui: deseable y alegre, viva, joven. ¿Qué habrá sido de ella? ¿Quién o qué la mató? ¿Cuántos años llevamos llorando por su ausencia?
Bien decía Shakespeare “No hay noche tan larga que no termine en día”, ante cualquier tragedia —por terrible que esta sea— podremos reponernos, incluso ver belleza en el pantano de nuestras emociones (Y me parece que lo que está afuera, / todo lo que rebasa ese fragmento / no me hace falta / porque puedo inventarlo, / pintarlo del color que se me antoje / y hacerlo mío). Gracias, Amalia, por recordarme a través de tus poemas —y al hacerlos míos— que El sol sale para todos.
El libro concluye con el capítulo Y que no quede un clavo donde colgar las dudas que, es quizá, mi favorito, pero tal vez sea porque soy una romántica sin remedio. Y yo, como Amalia, cerraría este libro —como cualquier trago amargo en mi vida— con amor.
Pero tú, corazón, sigue latiendo mientras te deje el mundo. Hoy es el día, hoy es el primer día, y ya nunca seremos más jóvenes que ahora.
Amalia Bautista es una escritora que recomiendo sin cortapisas. Deseo que no tarden tanto como yo en llegar a ella.
“Esta mañana salí de casa con varias intenciones, todas ellas muy firmes: la de comerme el mundo, la de volverme invulnerable o invisible, según las circunstancias, la de negarme a todo lo que quiero negarme, la de afirmarme. Y una más, por encima de las otras, por encima de todas: buscarte y decirte que te amo. Pero no te encontré.”
"No cantan, eso son fabulaciones de la gente que nunca ha trabajado en el campo. Son mentiras piadosas con barniz sensiblero que inventan los artistas y los cursis, si es que no son los mismos. Supongo que lo que hacen las espigas son cortes en las manos, pero de las heridas que sangran no se habla"
MALOS SUEÑOS La vida que queremos, la vida que tememos. Es la maldad sin adjetivos porque todo parece tan real. Una losa de hielo sobre el pecho y no somos capaces de cambiar el guion. Los sueños martirizan a quienes pocas veces los recordamos.
Se deshojan las rosas con la misma indiferencia cruel con la que se deshojan los días de mi vida. Pienso en el poco arreglo que tiene todo aquello que está roto desde antes incluso de que yo ponga encima mis dos manos”.