«Una madre no es lo que ellos piensan. El instinto no es siempre un mecanismo de supervivencia. A veces quiero desgarrar las sábanas con los dientes. No tengo ganas de alimentar a mi cría, le niego mis tetas aunque estén explotando. Necesito morder un cuerpo, que la carne sea toda para mí. Dejar al niño adentro de una caja de zapatos, en estado de hibernación, que se haga solo, como la masa de un pan recién amasado. Que leude en silencio, sin ayuda, quietito. Que me ordeñe otro. Un hombre. Una lengua con experiencia.»
Descubrí este libro gracias la recomendación de @lectoralila, y me hace especial ilusión porque es la primera vez que pido a las bibliotecas municipales que compren un libro y me hacen caso.
Lo empecé esperando una novela acerca de la maternidad, pero yo diría que trata fundamentalmente sobre el deseo. Y es especialmente poderosa no solo porque la protagonista, una joven madre reciente, aparece en todo momento como sujeto deseante, sino porque ese deseo convive con pero también se impone a la maternidad, y además trasciende cualquier tradicional objetivo para materializarse sobre hombres poco atractivos, mayores o incluso animales, reivindicando así su esencia independiente y convirtiendo al compañero, real o imaginario, en un simple medio para satisfacerlo.
Y, por si esto no llegase pra convenceros, que lo dudo, añadiré que es muy poético (pero poético bien, que no siempre) y que salen ballenas, y las ballenas mejoran cualquier cosa (bien paradas no salen, sin embargo).
Un agradable descubrimiento, probablemente mi mejor lectura del último par de meses.