El día del décimo cumpleaños de Ally, sus padres discuten una vez más. La niña aprovecha para escaparse a la playa, un lugar solitario en ese momento. De repente, siente unos brazos que la agarran por detrás y al instante todo se vuelve oscuro.
Enfrentarse a una maldición es un desafío y un peligro enorme, más aún cuando existe todo un pueblo sugestionado por los hechos y empeñado en mantenerlo en silencio. Por otro lado, si sitúas a una mente curiosa en un lugar plagado de secretos que piden a gritos ser desvelados, el conflicto está servido.
La leyenda que la historia nos presenta es el toque perfecto para una lectura que ya apuntaba a ser apasionante, con el paso de las páginas me he ido dando cuenta de que no me iba a defraudar.
La autora ha sabido envolver de misterio a la novela, valiéndose del relato de una maldición de siglos atrás y de unas desapariciones que apuntan hasta la actualidad.
Cuando nos remueven las dudas, solo hay una cosa que podamos hacer. Si no las resolvemos, jamás conoceremos la dirección que podrían tomar. Para ello, son vitales el valor y el convencimiento de que de verdad estamos dispuestos a saber, y a que sea cual sea la respuesta que obtengamos, la aceptaremos con actitud de agradecimiento y con la mente abierta a continuar adelante. Todo lo que no sea eso, nos llevará al sufrimiento.
No es nada sencillo manejar los tiempos de una obra de este tipo. Requiere de habilidad y de una buena planificación para determinar en qué momento de la trama hay que introducir cada elemento del relato sin que ello interfiera y perjudique al desenlace de los acontecimientos.
Lorena ha dotado de una fuerte carga dramática al punto álgido de la novela y ha logrado que me entraran unas ganas locas de tirarme de los pelos por saber cómo se iba a resolver todo.
Si leíste El último verano de Silvia Blanch, reconocerás enseguida a la protagonista, inmersa en una trama interesante, que se desarrolla en un lugar de apariencia idílica, pero que esconde una verdadera atrocidad.
Un libro que brilla con luz propia, que nos muestra los peligros de la enajenación mental y que nos deja al final un aroma de esperanza de los que sientan bien cuando se respiran por todos los poros del alma.
Una novela que en algunos pasajes del inicio incluso me ha permitido reír. Y es que me siento cómodo leyendo a la autora, sé por experiencia que puedo relajarme y, simplemente, dejarme llevar por ella, porque nada de lo que yo pueda hacer servirá para librarme de lo que me espera, y porque confío.
Con las historias de Lorena tengo la permanente sensación de que algo va a suceder y que, aun así, no lo veré venir.