Ah que complicado que es resumir un libro cuando durante toda su extensión, he vivido un subibaja de emociones...
De entrada me encontré con un tipo de narrador al que no estoy acostumbrada. Con un particular tono quejoso y sarcástico, fue dejándome claro desde el inicio, que no estaba preparada para leer lo que iba a leer. Que la historia, en sí misma, distaba completamente de cualquier cosa que haya leído antes y, por supuesto y como cualquier simple mortal: me quedé a leer.
No tenía ni la más remota idea de cómo se iban a hilar el romance y el terror psicológico, pero, ¡sorpresa! Se acaban de prometer al final del libro, de un modo extraño, para nada satisfactorio, lo cual, tomando en cuenta la trama, ¡aporta!
Ah, los personajes... Pensé que iban a aburrirme. Eran muchos (demasiados), tuve que prestar atención para no olvidar quién era quién, pero al final, no resultó tan difícil. Fue disfrutable, entretenido. Cada cual con su particularidad y dualidad. Creo que coincidí con la opinión de mi poco amable narrador al respecto de cada uno de ellos, exceptuando a Bernal. Bernal merecía algo mejor de lo que le tocó, prometía mucho más, yo lo hubiese aprovechado mejor, pero al final no fue así.
La trama es interesante. Extraña y compleja, seguiré diciéndolo hasta el final de mi reseña: necesitas estar concentrado para leer este libro, prestar atención a los detalles más diminutos, porque, no solo serán importantes más adelante, si no que mi poco amable narrador te va a hacer sentir ridículamente tonta/o por no recordar adecuadamente. Disfruté el terror, cada parte de él, porque se construía increíblemente, menguaba en intensidad de modo que no te acostumbrases a él y, al final, regresaba con todo el ímpetu. Quiero mencionar aquí el capítulo del apartado del libro de los muertos, el de Úrsula, porque leerlo me contagió cada emoción e idea que le llenaban a ella la cabeza.
Ahora quiero centrarme en mi poco amigable narrador, Eblus. Atravesar la historia con él fue, cuanto menos, sumamente interesante. A él le gusta la atención absoluta del lector, a la vez que parece tenerle una repulsión profunda (nada nuevo una vez te das cuenta la poca estima con la que tiene a los seres humanos). Su personalidad es la más brillante de todo el libro. Es interesante y siempre me encontré queriendo saber más de él y, por supuesto, como digno personaje/narrador egocéntrico: cumplió.
Entramó y encaminó todo el principio y el final de la historia excelentemente para mí y me lo hizo llegar de una forma sumamente original y clara: a Eblus no le interesa si el lector siente pena por un personaje específico o no, solo quiere contarte su historia. Encuentro refrescante que las opiniones de la autora, Care Santos, sobre sus personajes, no sean palpables durante la extensión del libro. Fue muchísimo más sencillo para mí haber abogado a favor del pobre Bernal durante todo el libro sin que los matices de las opiniones de la autora me llegaran (aunque sí lo hicieron los de Eblus).
He terminado el primer libro satisfecha, con ganas de leer el segundo, habiendo estado todo el tiempo tan absorta en las palabras del primero, que no podía dejar de leer el capítulo en el que me encontraba, simplemente porque quería terminar de comprender qué sucedía o, también, terminar de recibir el golpe de inquietud que el miedo al que eran sometidos los personajes, se me fuera transmitido.
Le he puntuado con cuatro estrellas por detalles mínimos que no vale la pena destacar, con el fin de no manchar lo mucho que acabo de halagar esta obra de arte. Lo recomiendo mucho si se tienen deseos de leer algo diferente, desde un punto de vista diferente, para acabar sintiendo algo, pues: diferente.