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341 pages, Hardcover
First published January 1, 1987
“… no ante la tarea, porque la propia naturaleza se lo imponía a todos, sino ante la crispación causada por la imposibilidad de cumplirla… la crispación los alineaba en los Komandos, en los escuadrones, movía sus pies en las marchas, hacía resonar sus voces en el canto, los incitaba a la abyección, a la adulación, a la acumulación y a soportar la humillación si era preciso, si con ello el bocado podía ser mayor, si con ella la perspectiva del instante siguiente podía consolidarse”Gracias a una arriesgada y afortuna jugada, Lamian llegó a ocupar el puesto de Kapo (recluso de los campos de concentración al que se le daban ciertas responsabilidades sobre los presos a cambio de gozar de algunos privilegios), quedando bajo la protección de un jefe de la SS para el que debía conseguir el oro que los judíos traían consigo. Mantener el puesto de Kapo suponía estar dispuesto a hacer ciertas cosas (“había roto cabezas a bastonazos, había tirado a los hombres al agua para ahogarlos, había comprado la sumisión de las deportadas famélicas por un trozo de pan y un sorbo de leche”) y, aunque Lamian hubiera preferido no hacerlas, tampoco se arrepentía de ello: en realidad lo único que hizo, piensa, fue acelerar el fin de los otros para retrasar el suyo.
“Había que pasar por la impudicia del frío y la amenaza de muerte para comprender, había que vivir aquellas noches y días de estar al acecho, de hambre, de alucinaciones febriles…”Gracias a ello, Lamian consiguió sobrevivir al campo de concentración, pero en realidad nunca salió de él. Vivió el resto de su vida bajo el miedo a ser descubierto, con la sensación de que en cualquier momento lo llevarían a la cámara de gas.
“Vienen a desenmascararme, a escupirme, a atraparme y ponerme a sus pies, para pisotearme y darme de palos… me exhibirán como un engendro monstruoso… convertirán mi nombre en el equivalente del mal… podía suceder en cualquier parte del país, en cualquier lugar habitado...”Ese miedo se agudizó hasta niveles insoportables cuando, cuarenta años después y por accidente, se enteró de que una de las mujeres a las que violó en el campo, una de esas a las que compró su sumisión por un trozo de pan y un sorbo de leche, había sobrevivido y no vivía muy lejos.
“Todas ellas eran frutas condenadas a pudrirse, arrojadas al montón, al olor infecto del campo, pero allí estaba él, el Kapo de los talleres, para, antes de que la descomposición, el moho, la pestilencia, se adueñaran de ellas, recoger y apartar a las mejores, las más conservadas, morder su carne aún entera, exprimir su dulzura antes de devolverlas al montón donde se reintegrarían al proceso de destrucción al que, con o sin él, estaban destinadas.”Lamian empezó su busca. Quizás porque en el fondo sentía remordimientos. Los abusos y las violaciones de reclusas no era lo mismo que usar la porra con los presos, eso no le producía ninguna exaltación, era algo que tenía que hacer para mantener su estatus, para conservar la vida. Lo de las presas era distinto, nadie se lo exigía, solo con ellas experimentaba el poder que le otorgaba su cargo. Quizás también porque, ya cercana su muerte, necesitaba confiarse a alguien, descargar su conciencia y lo mismo daba si lo que recibía era la condena o el perdón. Quizá pensara que alguno de ellos era el verdadero motivo, pero lo más probable es que simplemente quisiera evitar la venganza.
“Los fuertes estaban todos en Israel, entre sus hijos que habían nacido allí y que ahora encerraban a otros con alambradas, no abriéndolas más que para dejar entrar a los mercenarios que degollarían en su lugar…”Aleksandar Tišma, mucho menos conocido que Kertész o Primo Levi, ha escrito posiblemente las mejores novelas sobre el holocausto… o eso me parece a mí. (Premio nacional a la mejor traducción de 2005 a Luisa Fernanda Garrido Ramos).
”One corruption in exchange for another, and this infiltrated their blood…”Kapos were inmates selected to be overseers of other prisoners to maintain order in concentration camps. Nobel Prize laureate Imre Kertész questioned if they were “victim[s] or perpetrator[s].” Primo Levi went further. “[N]o one is authorised to judge them, not those who lived through the experience of the Lager and even less those who did not live through it.” Both Kertész and Levi are far too lenient. Their reasoning leads to a conclusion that little difference exists between Kapos and, for example, the post-World War II mythos of “innocent bystanders,” Mitläufer. Their logic comes close to absolving atrocities carried out in the names of nations, movements, or religions. Reckonings, accountings of individual decisions and deeds are necessary. We don't need equivocations, rationalizations, or acquittals. Aleksandar Tišma’s novel Kapo only underscores how mistaken such blanket exonerations are. Kapos were reprehensible people making conscious decisions and among the very worst of innumerable monsters who make the machinery of genocide operate as efficiently as possible.
“He no longer belonged to that corrupt race, he belonged only to himself, to his own body, which strove to vent itself, to burst its chains – in order to live."Living for Kapos means creating chains for others, but they cannot escape becoming entwined themselves. Lamian rationalizes letting children innocently play games when he knows he will soon herd them into gas chambers, collect their bodies, and bring them to the crematoriums. The inevitability of the facts takes over his free will:
“He had hastened to carry out the truth, to carry it out in all its rigor, beating those who didn’t obey immediately. Because he…believed that to ignore the truth did no good, only harm.”Lamian, like other Kapos, is
“…condemned to death like the rest of that great heap of flesh, but allowed to postpone their death by hastening it for others.”Lamian’s truths include extracting the gold fillings from the teeth from Auschwitz’s dead. Gold he collects for his Nazi patron, gold he helps his patron escape with as both survive the liberation of Auschwitz. His truths include raping and tormenting a Jewish girl. One who also survives Auschwitz. And decades later, after he has made his way back to Yugoslavia, he resettles in Banja Luka.
“He had chosen that sleepy town among the mountains as a place to wait, peering out, for the hand of revenge sooner or later to clap down on him. Hiding, pulling into himself, fattening his body to alter his appearance, keeping silent so his voice would not be recognized, squinting behind dark glasses.”And after a life of isolated anonymity, after he qualifies for retirement, he searches for the girl from Auschwitz, now an old woman. He is on a quest to find her. Is it to satisfy himself by tormenting her? Or to satisfy some perverse, sick reunion? Because
“the images trapped in the brain could not be cleaned away…”He desperately wants to clean them away. Because like an authentic Kapo, he believes himself to be the real victim.