Dijo Peri Rossi en su discurso de agradecimiento por el Cervantes que no concebía “una literatura solemne. La vida puede ser una tragedia, un drama, pero se puede ironizar y satirizar sus hábitos y costumbres”. Y vuelve a hacerlo en “Los amores equivocados”, un libro cargado de sexualidad y erotismo, donde los encuentros casuales se convierten en los protagonistas de unos relatos soberbios. Porque además de estar llenos de humor, cada una de estas narraciones está escrita con la agilidad, la imaginación y la brillantez de esta mujer a quien su tío le dijo, cuando era apenas una niña, que las mujeres no escribían, y que, aquellas que lo hacían, acababan suicidándose…
En todos los relatos de “Los amores equivocados” hay encuentros más o menos imprevistos en los que los protagonistas seducen o son seducidos; donde el sexo casual responde a los llamados imperiosos del deseo, incluso cuando ese deseo sea insólito o inapropiado. Un libro de esos llenos de orgasmos (“Esos estremecimientos eran como de la tierra, la tierra mugía, la tierra se sacudía, la tierra primigenia lanzaba al aire sus gemidos, sus estertores, sus minerales y sus raíces) y frases que no puedes evitar subrayar.
“El deseo habla de quien lo siente, no del objeto, como el amor habla de quien ama, no del amado”
“Y él, 43 años, amando un cuerpo mucho más joven que el suyo, más perfecto, más hermoso, como solo se puede amar lo que se ha perdido”
“Me gusta follar porque es el único momento en que pienso solo en lo que hago, nada más que en lo que hago”
“Aquello que se dice en una noche de amor, es tan apasionado como frágil, escrito en la marea del deseo”
“Hay una clase de inteligencia, la inteligencia sensual, erótica, que a ella le parecía un refinamiento, un arte, algo tan sagrado como la música de Schubert o los naufragios de Turner”.
“Formaba parte de esa cantidad de presuntos sobreentendidos que existen en la relaciones hasta el cruel momento en el que los sobreentendidos se esfuman y se convierten en malentendidos”
“Su psicoanalista le había preguntado de qué se enamoraba, y ella había dicho de los cuerpos, de qué me voy a enamorar. La psico respondió: <>, pero no le sugirió ninguna otra. Por lo menos, los cuerpos eran tangibles, visibles, vestibles, olían, se descomponían, aullaban, atraían, embelesaban…”