Un elemento que se repite en la escasa tradición de la poesía chilena deportiva es la alegoría. Los deportes por lo general son tratados en ella como símbolos de una derrota profunda que parece habitar de manera subterránea la cultura nacional.
Este libro enriquece ese relato. En él se despliegan, a través de la metáfora del boxeo, diversos tipos de violencia: la violencia contra la mujer, la violencia contra los pueblos originarios, la violencia del sexo patriarcal y la violencia contra el cuerpo como símbolo de la identidad.
Kewakafe subvierte la densidad de estas violencias al convertirlas en erotismo y escritura. Más que hablar de la derrota de un pueblo o del fin de una relación amorosa, da cuenta de la lucha y de la resistencia contra cualquier forma de dominación. En lugar de responder las agresiones con golpes o con disparos, como suele ocurrir con la cultura falocéntrica dominante, la poeta-kewakafe contrataca con versos: «Solo sé golpear con palabras», dice. Su poética es la construcción de un lenguaje erótico y erosivo de la resistencia, que a su vez cristaliza una forma de sabiduría ancestral: convertir la experiencia del dolor en belleza, lucha y sanación.
No soy de leer mucha poesía pero este libro me encantó. Habla de la dominación pero apropiándose de la violencia que ejerce el abusador, y que se puede ver desde el masoquismo sexual hasta la resiliencia de los pueblos oprimidos. "Para golpear hay que bailar un poco con el oponente". Recomiendo!
No me apasionan los motivos deportivos en la literatura. Pese a esto, el boxeo como referente para una relación amorosa, aunque cursi - o tal vez, por lo cursi -, me cayó muy bien. Creo que el poemario sostiene su unidad durante todas sus partes y cada una produce una progresión o, al menos, una profundización en la temática. Sí sentí que los versos se ponían repetitivos, especialmente cuando el ring se transformaba en el escenario.
Nunca he sido muy asidua a los deportes. Menos a la literatura que trata sobre deportes (zzz) pero me encantaron las analogías que establece Roxana entre palabras propias del campo semántico del boxeo: boxear, golpear, ring, cuadrilatero, etc; para hablar de una relación pasional y violenta.
Lo sentí como un puño directo al diafragma y ahora soy más hematoma que persona. Aquí hay una poética de la violencia, de golpes con palabras y de humedades amorosas. Me encantó la mirada atenta, felina entre tanto roce.
Un poemario hermoso sobre los afectos y sus violencias. Pero también sobre el poder transformador de estos. Ojalá poder entrar más en la obra de Roxana Miranda.