Filosofía en el tocador supone adentrarse en la plasticidad de la condición humana. Las virtudes, la moral y las costumbres son seccionadas detalladamente a partir de dos mecanismos: El uso de los cuerpos como herramienta estética, y la crítica lógica hacia los fundamentos de las sociedades, secundada esta por la revisión de la historia de los pueblos a modo de ejercicio comparativo exhaustivo. Ambas herramientas de análisis nos facilitan encontrarnos cara a cara con la maleabilidad de los usos de la moral, artefacto que sirve más a intereses particulares, que a un ordenamiento natural de las relaciones humanas. Un resultado que nos orilla a descubrir un extraño cascarón vacío.
Sade no escatima en recursos al presentarnos personajes radicales, marcados y utilizados para explorar las insondables posibilidades del goce, como arma contra la impostura y el cinismo. Una llamada de atención a una sociedad enmascarada por las virtudes, quienes tras bastidores no dudan en silenciarlas para dar paso a los instintos primitivos que Sade sabe tan bien retratar en el texto. Una puesta en escena grotesca, pero humana, que puja constantemente en develar los vicios enmascarados en moral de la sociedad.
Un texto que debe ser incuestionablemente puesto en su contexto de producción, que requiere revisiones de amplia mirada en su propuesta y contenido, con el objetivo de intentar comprender las intenciones de Sade. Es decir, su lectura debe suponer un ir más allá de lo aparente, donde quizás nos encontremos con un autor preocupado profundamente por las tensiones entre lo individual y lo colectivo, el papel de los sujetos en sus relaciones, las virtudes como mandatos esclavizantes, entre otros temas que cruzan temporalidades.