La filosofía en el tocador fue escrita en 1795, cuando el márques de Sade se encontraba encarcelado en la Bastilla. En esta obra puede decirse que su autor prefirió la ironía, el diálogo y las relaciones humanas para ofrecer una crítica de la sociedad y, al mismo tiempo, un juego de pasiones muy característico. Un trabajo que nos recuerda al Aretino y a Boccaccio, los grandes escritores italianos que supieron plasmar las debilidades y los vicios de la sociedad en la que vivían. Lo mismo consigue Sade, sin olvidarse de lo original.
Filosofía en el tocador supone adentrarse en la plasticidad de la condición humana. Las virtudes, la moral y las costumbres son seccionadas detalladamente a partir de dos mecanismos: El uso de los cuerpos como herramienta estética, y la crítica lógica hacia los fundamentos de las sociedades, secundada esta por la revisión de la historia de los pueblos a modo de ejercicio comparativo exhaustivo. Ambas herramientas de análisis nos facilitan encontrarnos cara a cara con la maleabilidad de los usos de la moral, artefacto que sirve más a intereses particulares, que a un ordenamiento natural de las relaciones humanas. Un resultado que nos orilla a descubrir un extraño cascarón vacío.
Sade no escatima en recursos al presentarnos personajes radicales, marcados y utilizados para explorar las insondables posibilidades del goce, como arma contra la impostura y el cinismo. Una llamada de atención a una sociedad enmascarada por las virtudes, quienes tras bastidores no dudan en silenciarlas para dar paso a los instintos primitivos que Sade sabe tan bien retratar en el texto. Una puesta en escena grotesca, pero humana, que puja constantemente en develar los vicios enmascarados en moral de la sociedad.
Un texto que debe ser incuestionablemente puesto en su contexto de producción, que requiere revisiones de amplia mirada en su propuesta y contenido, con el objetivo de intentar comprender las intenciones de Sade. Es decir, su lectura debe suponer un ir más allá de lo aparente, donde quizás nos encontremos con un autor preocupado profundamente por las tensiones entre lo individual y lo colectivo, el papel de los sujetos en sus relaciones, las virtudes como mandatos esclavizantes, entre otros temas que cruzan temporalidades.
Sade es en suma desafiante, no solo por su complejidad narrativa (supongo que fruto de la época) si no también por los constantes “ataques” a la moralidad y al individuo. Sin lugar a dudas es un libertino, un crítico de las instituciones de la época y un cínico.
Es un libro que debe ser mirado desde un análisis muy crítico, no es un libro para pasar la tarde ya que lo único que se encontrará es la búsqueda del placer desenfrenado y personajes completamente cínicos. Es un texto que invita a explorar la flexibilidad propia de experiencia humana; esto se hace a través de un examen minucioso de las virtudes, las normas morales y las prácticas sociales, temas que son debatidos entre orgia y orgia (jajaja?). Los diferentes enfoques que les da el escritor a estos temas permite evidenciar la naturaleza cambiante de la moral, revelándola no como un principio universal, sino como una construcción moldeable que suele responder a intereses específicos de cada individuo.
La literatura de Sade personifica el espíritu de liberación de la ilustración y la revolución francesa. El individualismo ontológico y moral, la negación de la virtud religiosa y espiritual de la moderación y la castidad en favor del desenfreno placentero, así como el favorecimiento de un ateísmo materialista que niega cualquier teleología y sentido final dado desde arriba, y sentencia: ¡Vinimos a coger y a saciar el apetito! Una crítica sagaz a las instituciones de la época, que proclama una nueva libertad. Sin embargo, esta termina por ser igual de esclavizante, partiendo de supuestos erróneos y olvidando, dándola por imposible, uno de los aspectos más fundamentales de cada sociedades: La posibilidad de actuar acorde al bien para todos.
Es una lectura muy desafiante que exige una mente abierta y un pensamiento crítico sólido. No diría que deja una postura verdaderamente aprovechable, pero sí te hace pensar sobre la religión y la moral. No lo volvería a leer, aunque coincide con lo que suelen decir del libro “en cada línea pone a prueba lo bizarro de tu razón”
Este libro es una basura, pero me ha entretenido. De él creo que no hay ni una buena frase, ni una buena posición filosófica ni prácticamente nada aprovechable. Pero su conjunto, el hecho de que alguien pensara así, me hace gracia.
Mierda de persona escribe un libro que podría ser un sueño húmedo incel. De filosofía no tiene nada, no es serio en sus argumentos y está lleno de contradicciones.
Tiene el mismo valor para la ética que los terraplanistas para la física.
A lo más es una guía para hacer un villano de cómic.
Un diálogo ilustrado sobre la legitimidad del vicio. Las disertaciones entre orgía y orgía despliegan un iusnaturalismo invertido para inducir en el lector la sensación de que el mal no es solo necesario, sino que es bueno.