La casa gris es una muy interesante investigación que comienza con una premisa sencilla: todo lo que el presidente mexicano pontifica sobre vivir en santa austeridad ("El lujo, la ostentación, es de mal gusto, es ofensivo; y si nos podemos alejar de eso mejor / pág. 24), su retoño, José Ramón, no comparte el pensamiento franciscano de su padre, el presidente del ejemplo, y vive en los Estados Unidos —país neoliberal y conservador, por cierto— a cuerpo de rey, rentando una casa a una mensualidad que supera el sueldo de su padre, con una ostentosa camioneta de más de un millón de pesos, con una alberca de 25 metros de largo, cine privado y muchas cosas más.
El problema no es tanto que no comparta la visión de su padre (cosa que se supone si lo hacia, porque su aspiración era continuar del lado de los pobres, según dice el muchacho en un video), sino que esa pequeña pista fue suficiente para que Raúl Olmos y el gobierno de los Estados Unidos comenzaran a seguirle el rastro a una compleja trama de conflictos de interés, negocios turbios de Pemex con una compañía de actividad petrolera conocida como Baker Huges, una esposa que trabaja como cabildera en negocios de energéticos —dicen que la niña tiene dinero—, y un secretario apellidado Esquer que sabe como manejar y ocultar los dineros de Morena y la 4T.
"No somos iguales" grita ofendido el presidente y aunque lo suyo no es la venganza —¡imagínense si lo fuera!— comienza una campaña de odio y desprestigio a todos aquellos periodistas que osaron derribar su imagen de austeridad, mostrando a un hijo, que hace unos pocos años vivía en un departamento de la ciudad de México y que ahora, por milagros del esfuerzo y el trabajo, vive rodeado de lujos, ostentación y derroche.
Obviamente y como bien ha afirmado el presidente: un presidente sabe TODO lo que está pasando ¿Sabía esto sobre su hijo?
Hasta la pregunta ofende...