Descomponer las triangulaciones, los elementos que aportan equilibrio: tres colores primarios, tres estados de la materia; padre a la cabeza, madre e hijo como base del triángulo, vida-muerte-resurrección. En los poemas de Tríada se exponen las grietas que surgen al romper estas armonías: «Mi deseo siempre fue / salir del vientre de algún hombre», los fondos oscuros, la fractura al perturbar la regla moral familiar. Y aparecen las imágenes: una mujer adúltera en el muelle uterino, taenias, faros, peces abisales, la historia de Ícaro y Dédalo leída por una madre: «No me quemé / pero heme aquí en el fondo / el peso de las alas / me atrae piso arriba / piso bajo el océano / el sol es una sombra transparente / ojo de un pez que se confunde / con las lágrimas que escupo / en la tumba marina de mi padre».
Estos versos son muy interesantes. Me encanta la disposición que tienen los poemas, esa prosa violenta que arrastra las palabras. La objetividad de esta poesía es lo que la hace grotesca y, a la vez, preciosa. Moluscos, clausura de cuerpos, viscosidad, miembros repartidos, la madre como referente y falso dios. La autora juega con esa voz que discurre como el lodo, como los seres que crecen en silencio en los rincones de una casa. ¿No es eso tener una familia?
tiene cosas notables y otras muy declarativas que me iban sacando de la lectura. puede que el problema sea yo, porque en todo caso me pareció que logra trabajar con ciertas imágenes de maneras interesantes, y en general creo que es un libro que vale la pena leer.