Este revelador estudio demuestra cómo el capitalismo se infiltra en nuestros cuerpos seduciéndolos y amaestrándolos a través de la estimulación de los sentidos.
En el siglo XIX, los interiores domésticos de las clases acomodadas comienzan a llenarse de objetos preciosos y sofisticados: juguetes ópticos, pianolas, cajas de música, cromos desplegables o autómatas engalanados con prendas de vestir tan despampanantes como las de sus dueñas. Las ciudades de Occidente integran, al tiempo, lugares de ocio para disfrute de sus habitantes pudientes con atracciones de feria, planetarios, norias y los nuevos templos del consumo que son los grandes almacenes. Todos estos objetos y espacios novedosos presentan un aspecto en común: el propósito de atraer al público a través de la estimulación de los sentidos.
Mediante un enfoque que toma elementos de la historia de los sentidos y las sensibilidades, los estudios visuales, sonoros y la estética, Vidas excitadas explora a qué responde esta nueva cultura de masas dirigida a la sensorialidad. A lo largo de sus páginas veremos que ésta se revela ambivalente: implica elementos tanto de liberación como de control para el individuo. Si por un lado instrumentaliza las experiencias sensibles democratizando el gusto y el desarrollo de nuevas habilidades, genera, por otro, dinámicas de coacción de la voluntad, así como enfermedades inéditas hasta entonces. Más allá de los reduccionismos que han caracterizado los estudios sobre la cultura de masas, este libro presenta una perspectiva original para argumentar que la sensorialidad constituye el elemento rector de la sociedad de consumo capitalista.
La musicóloga e historiadora del arte Sonsoles Hernández Barbosa ha publicado recientemente el libro Un martes en casa de Mallarmé. Redon, Debussy y Mallarmé encontrados (Editorial Complutense / Servicio de Publicaciones UCM), ganador del Premio Dámaso Alonso de Ensayo 2009. El libro ha sido presentado esta primavera en la Residencia de Estudiantes (22.4.2010), en la Facultad de Filología de la UCM (23.4.2010) y en la Feria delLibro de Madrid (8.6.2010).
Puntuación: 3.5. Una sugerente introducción a la metamorfosis de los sentidos, la mente y la identidad social durante el amanecer del capitalismo. Sin duda, será de gran utilidad para todos los que desconozcan la revolución visual y estética de finales del siglo XIX. El conjunto de ensayos, además, se mueven en un campo transversal donde se dan cita la historia del arte, la sociología, la literatura y la historia de las mentalidades.
En especial me ha resultado notable el modo en que la autora hebra la teoría psicológica del momento con la teoría publicitaria (lo más interesante del libro, a mi parecer), así como el breve homenaje a la sociología de Simmel y las anotaciones con respecto al dandy o al flaneur.
El problema es que encuentro menos profundidad de la esperada. Sobresalen una serie de ideas que se repiten, con variaciones musicales, hasta la extenuacion, pero falta bagaje filosófico y estético-antropologico más actual (lo que le hubiera ofrendado más perspectiva). Tratar el tema del capitalismo y su manejo del deseo sin ciertas lecturas más enjundiosas que las que la autora plantea (y no se subsana con citar unas cuantas veces a Illouz, Mitchell o Bourdieau) hace que todo se quede a medias.
A esto se le suma un estilo lastrado por cierto academicismo, atiborrado del léxico fantasmal e índice de impacto de las publicaciones universitarias. Puede parecer injusto considerar esto un punto flaco. La autora trabaja en la universidad y el aparato crítico responde a la lógica imperativa y autoritaria del mercado de publicaciones de dicha institución. Pero por ello mismo tiene gracia que tantos de los males del capitalismo, ya desde sus orígenes (tal y como de plantean en "Vidas excitadas") se pueda percibir en este tipo de investigaciones. Mucho trabajo, mucho plegarse a unas normas externas (e inhibidoras) pero, por ello, freno de energía, de potencia, de tiempo (para lecturas complementarias) y de un espíritu ensayístico más fluido que hubiesen fortalecido el discurso.
Aún así, y es de aplaudir, la autora consigue, mediante ciertos ingredientes de pasión (su gusto por la literatura, diríamos) y mediante ciertos pivotes esenciales (espíritu crítico e hibridación de disciplinas) conseguir un producto que se sitúa por encima de la media de las publicaciones universitarias al uso.
Repetimos: si desconoces los temas tratados o te apetece una interrelación de perspectivas transversales, el libro es merecedor de cuatro estrellas. En los departamentos universitarios españoles de Historia del Arte la norma son publicaciones más constreñidas, retóricas o limitadas. Desde este punto de vista, la obra es merecedora de una lectura atenta.