Un drama familiar sobre los vínculos truncos, las grietas de la infancia y la vulnerabilidad de la vejez, que a su vez es una historia de amor, de afectos y de redención.
En el pueblo de Malángel, tierra de delitos y playas sin olas, dos hermanas crecen bajo el pulso de una convivencia rodeadas de cariño, pero gobernadas por la envidia.
Ya en la adultez, Josefina Sáenz, una profesora de francés orgullosa de su capacidad lingüística y de una imaginación exaltada, se enfrenta a Verónica Sáenz, una pianista que desde la adolescencia proyecta su vida fuera de ese entorno que la oprime. Con viejas heridas aún latentes, se desata una disputa entre las hermanas por la salud de su madre —quien va perdiendo la vista y la memoria— y también por el futuro de una herencia que se avecina.
“Cobijadas por nuestro amor haremos que las muñecas rusas continúen sus partos, una dentro de otra, hasta el fin de los tiempos.” Me gustó mucho la forma en que la autora intercala las visiones y narrativas de las dos hermanas, siempre hay más de una versión de la historia. Angustia el pleito alrededor de la vida de la madre y la falta de vínculos entre los hermanos. Disfruté aprender palabras uruguayas. La última parte, es una muestra más de cómo la pandemia nos afectó a todos, y la literatura no se queda indiferente. Muy buena lectura.
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