En una Tierra gobernada por un dictador populista, está prohibido que los artistas firmen sus obras con su nombre o que los actores protagonicen más de una película, para no hacer sombra al Jefe Supremo. Sin embargo, mediante un uso ingenioso del disfraz, un misterioso actor ha logrado burlar las normas y filtrarse en varios largometrajes, amenazando con ganar una notoriedad muy peligrosa para el sistema. El Estado encarga entonces a una policía escéptica y a un crítico de cine que localicen y maten a ese enigmático «hombre de las mil caras» que amenaza con hacerse popular. Lo que ninguno de ellos espera es caer bajo el embrujo de ese actor... cuya capacidad de seducción podría encender la chispa de una verdadera Revolución. Cleo es una novela distópica con varios elementos apasionantes: Una premisa única, basada en la posibilidad de que en un futuro cercano la sociedad humana, obsesionada por las interpretaciones literales de sus acciones, no sepa diferenciar la ficción de lo real: el mito del hecho. Un misterio fascinante, relacionado con la identidad psicológica y sexual de su esquivo protagonista. Y un mundo atmosférico, desbordante de fantasía, romanticismo y una caudalosa veta de humor negro.
Lo fácil es comparar esta distopía de Migoya con las quizá ya no tan populares a generaciones recientes, pero sí clásicas 1984 y V de Vendetta. Pero no. No vale comparar aquí. El estilo narrativo consigue sumergir al lector, consigue que visualice, que se olvide de estar leyendo, a pesar de algunas licencias de lenguaje que, sin llegar a sobrecargar, abundan en todos los capítulos.
El marco distópico es bastante radical, casi una caricatura y a su vez crítica al totalitarismo que fagocita a los medios.
Pero cuando vemos el drama tal como se vive desde el punto de vista de los diversos protagonistas de la historia, la exageración se torna secundaria para dar lugar a los sentimientos que fluyen en los actores de la trama.
Mis felicidades tanto a la editorial (formato adecuado, PVP quizá un tanto alto) como al autor, cuya firma es garantía de buena lectura desde ya hace tiempo.