La novela comienza meses después de haber sido declarada la independencia de la Provincia de Guayaquil, cuando el general Francisco José de Sucre llega allí con instrucciones del libertador Simón Bolívar para adelantar la toma de Quito. Así, a Sucre se le presenta como protagonista. Pero en torno al relato de sus acciones va apareciendo una variada multitud de personajes -setenta y cinco- que a lo largo de la narración ocupan sus lugares en los diferentes niveles con los que se ha estructurado la novela, aunque solo unos pocos catalizan los principales acontecimientos históricos. Entre ellos Antonio José de Sucre, el general José de San Martín y el mariscal Melchor Aymerich. Pero de pronto sucede algo inesperado. En plena batalla por la toma de Quito, el reparto de las acciones realizadas por los patriotas guarda un inequívoco equilibrio entre sus personajes. Una novela que da cuenta de una gesta de independencia como nunca ha sido narrada antes.
Es una novela sobre el camino hacia la independencia de lo que hoy es Ecuador (en ese entonces Real Audiencia de Quito) y la última batalla en la que se selló esa gesta, la batalla del Pichincha. Es una novela histórica con sus tintes de ficción, sobre todo en la construcción de los personajes principales y la recreación de algunas escenas, especialmente en los diálogos, que están completamente contemporanizados, con una visión política y social muy actual. Allí están el Mariscal Sucre, Abdón Calderón, Melchor Aymerich, Juan Lavalle, José de San Martín, José Joaquín de Olmedo, O'Leary, Mackintosh, Nicolas López de Aparicio, Cayetano Cestari... y un sinnúmero de personajes clave en la carrera de independencia de estos territorios. Bolívar apenas si aparece, pues, la novela se centra en la figura de Sucre, el general venezolano que fue quien comandó las batallas en territorio ecuatoriano. Todos estos personajes corean la narración en tercera persona con un toque epistolar usado para ciertos pasajes como el caso de los soldados ingleses (que según dijo el autor, quería tomarlos en cuenta, ya que poco se ha dicho sobre ellos). La idea base sobre la que gira este libro es el de la humanización de los héroes sobre los que se han cimentado las identidades de las repúblicas latinoamericanas y, con ello, cierta desmitificación de los personajes asentados en el imaginario colectivo. Hay una voluntad, no de quitarles del pedestal ni de destruir el mito, sino de humanizar ese mito, a través de recursos como el erotismo y la sexualidad, y la crudeza de la batalla y las muertes descarnadas producto de las guerras de esa época, que estaban lejos de ser esas muertes heroicas y sublimes que se han sellado en los relatos de la Historia, sino más bien unas muertes crudas, crueles y sangrientas. Esto sobre todo en lo referente a los personajes de Sucre y Abdón Calderón (máximo héroe nacional) que, a diferencia de Bolívar, han sido casi siempre retratados como seres cuasi-asexuados, elevados a un Olimpo heroico en el que no caben las pasiones carnales. Por otro lado, es destacable también la intención de darle cabida y voz a personajes históricamente silenciados en los relatos de la Independencia, esos personajes laterales, de los márgenes, pero que sin embargo fueron una fuerza importante en la Historia: las mujeres que colaboraron con la gesta, los soldados rasos, el pueblo llano. El autor les da un espacio en su relato y, particularmente, es de los tramos que más he disfrutado. Esto porque hallo un cierto desbalance de lo ficcionado con los hechos históricos. Por momentos, la trama se pierde entre tantos personajes y deja de ser una novela sobre Sucre para ser una sobre Abdón Calderón, el héroe-niño que murió por heridas de batalla a los 17 años, lo cual no es que sea un problema, pero la cuestión es que los puentes entre ambas historias se pierden. De todos modos, es una novela recomendable para quienes gusten este tipo de literatura, digamos, con altas dosis marciales. Es un 3.5 en realidad, pero lo redondeo a 4.
Genial novela que relata los pormenores de la batalla que selló la independencia de Quito. El diálogo entre Aymerich y Sucre, tras el triunfo independentista de Pichincha es único, así como las escenas de Abdón Calderón y Ángela Asitimbay. Totalmente recomendado!
Tras haber declarado su independencia en octubre de 1820, la provincia de Guayaquil enfrenta la amenaza del ejercito realista que busca reconquistarla desde Quito. Por orden de Simón Bolívar, el general Antonio José de Sucre llega a Gye el 6 de mayo de 1821 para iniciar una campaña de liberación definitiva de Quito, que concluirá un año más tarde en la batalla del Pichincha.
La novela sigue a Sucre desde su llegada a territorio de lo que hoy es el Ecuador hasta su triunfo en el Pichincha que selló la independencia de España. Es una historia sin duda interesantísima, pero la profusión de personajes, lugares (a los que aún siendo ecuatoriana tuve que buscarlos en el mapa), nombres de los batallones y hasta órdenes militares, hacen que sea muy difícil seguirle el hilo.
Salvador no se decide entre ser historiador y ser novelista, y en esa indecisión deja al lector un poco abrumado. Abarca demasiado, hay muy poco de "novela" y mucho de "histórica". El lenguaje es rico y salpicado de localismos que le dan mucho atractivo y autenticidad (además hay un glosario al final del libro). La investigación es exhaustiva y completísima. Inclusive en una nota histórica al final, el autor proporciona información complementaria sobre los personajes del libro.
A pesar de mis reservas, he disfrutado de la lectura y he aprendido sobre la historia de mi país y de las guerras de independencia.
Agradezco a Iñigo Salvador la gentileza de haberme hecho llegar una copia de su novela a cambio de una reseña honesta.
Compré este libro en un viaje de visita a Ecuador, los últimos meses me he sentido más llamada a entender más sobre mi historia, y la historia de donde vengo. Salí a los 17 de Ecuador, y pecando de generalizar, a los 17 uno no entiende mucho de historia.
Esta novela historia está narrada con un excelente ritmo, que te mantienen cada vez más agarrado de sus páginas mientras avanzas en la historia.
El salto entre un narrador y otro, entre cartas a diálogos a relatos, la hace entretenida y te convierte en un protagonista más de la historia de la independencia, porque lo somos.
Todos los personas te traen momentos muy humanos. Historias paralelas de las que también te vas actualizando.
Personalmente, pensé perder el interés con la historia de Angela, y su perspectiva de una mujer “moderna” para la época, pero al entender o tomarlo como una metáfora de como los cambios nos parecen siempre una locura antes de arriesgarnos, lo entendí. Pensar en una independencia, era una locura para el 1809, y en 1822 fue realidad.