Aníbal Barca es uno de mis personajes históricos favoritos, tal vez solo superado por su antecesor legendario Alejandro de Macedonia. Es, además, curioso que Aníbal admirase a su vez a Alejandro. Y Alejandro admiraba al mito y leyenda que escapa en ocasiones a la realidad.
Sea como sea, la historia que nos llega de Aníbal Barca, el más grande estratega militar de Cartago, resulta ser toda una epopeya llena de grandes hazañas, largos caminos a través de los años, innumerables obstáculos superados, planes y estrategias que aún son estudiadas en nuestros tiempos (¡más de dos mil años después!), y todo un corolario de anécdotas que dan más sabor al personaje.
Con una gran habilidad narrativa, accesible y amena, el autor nos lleva a través de la conquista de la península Ibérica, la marcha a través de Galia, el cruce legendario de los Alpes, la anexión de los Celtas, la conquista del territorio italiano, y sobre todo el gran temor y odio que infundió en el corazón de uno de los más grandes imperios de la antigüedad: Roma.
En ocasiones peca de ser un narrador omnisciente, lo que le aleja del enfoque meramente académico: nos introduce al pensamiento de ciertos personajes, sus “es probable que Fulano haya pensado” o “Mengano sintió que era su oportunidad” y demás tipo de aseveraciones que son más propias de una narración de ficción. En este caso no podemos dar crédito total a dichos pensamientos, ya que no existen registros como diarios personales que recolecten los sentimientos e inquietudes de estas personas. Sin embargo, es justo ese tono más “narrativo” lo que permite que la lectura sea tan atrayente e inmersiva, tanto que cien páginas pueden escurrirse como agua entre los dedos en un par de horas.
Veo un par de puntos negativos por los cuales no le dejo 5 estrellas. En primer lugar, me habría gustado que fuera más profundo en la historia. Doscientas páginas es demasiado poco para tan grande personaje histórico, y carece además de mayor información respecto a los años más jóvenes de Aníbal. En segundo lugar, y sea tan solo mi opinión personal, el escaso enfoque hacia Escipión el Africano, aunque entiendo que este libro tratase de su contraparte. Sin duda estos dos personajes fueron el espinazo y la médula de la segunda guerra púnica, y la relación entre ellos, su respeto mutuo y gran consideración hacia el otro, merece mucho más.
Poco me he internado en el estudio del imperio Romano, mas que por otras fuentes indirectas. Pero la imagen que el autor nos retrata sobre el sentir de dicho imperio, sus acciones y visiones, perfectamente reflejan el personaje imperialista que en nuestros días observamos con cierto vecino norteño. Roma me cae mal, en pocas palabras. Habré de leer más al respecto, ya sea que confirme mi sentimiento o rectifique, el tiempo y las palabras lo dirán.