Me niego a poner una cita de este libro.
Debo aclarar que la autora no es alguien que me haya gustado previamente, sobre todo por su trilogía más conocida, y creo que no es un secreto la polémica que rodea a sus historias. Aun así, llegué a este libro con expectativas moderadamente altas. La premisa me llamaba la atención, la portada era atractiva y pensé que quizá podría hacerme cambiar de opinión sobre su trabajo. Lamentablemente, no fue así.
La novela cuenta la historia de Klara, una adolescente que ha atravesado diversas situaciones difíciles y que, como consecuencia, padece depresión, ansiedad social y agorafobia. Klara encuentra refugio emocional en un programa de radio y en la persona que lo conduce. La premisa, en sí misma, no es mala. El problema está en cómo se desarrolla.
El desarrollo resulta poco cuidado y profundamente superficial. Da la impresión de que se tomaron todos los temas sensibles posibles y se colocaron juntos sin el tratamiento que merecen. No hay un trabajo real de construcción emocional ni de evolución narrativa.
Uno de los mayores problemas del libro es la narración. Es plana, poco atractiva y carece de un estilo definido. En varios momentos aparecen frases excesivamente forzadas, cargadas de dramatismo artificial, que no suenan naturales ni verosímiles. El relato se detiene constantemente en reflexiones grandilocuentes que interrumpen la fluidez y no aportan profundidad real al personaje ni a la historia. Y, pasados ese punto, comienza el lenguaje del internet a tomar poder en la historia que ya estaba muerta en este aspecto lingüístico. Entiendo que el lenguaje cambia y las expresiones se adaptan a las novedades, pero no me puedes poner tantas palabras, slangs y referencias del mundo del internet en un libro que, netamente, no las necesita.
Los personajes tampoco ayudan. Klara, la protagonista, resulta constantemente quejosa y juzgona, y no necesariamente por sus trastornos, sino por cómo está escrita. Su hermana, que se supone es enfermera, actúa de forma poco coherente con su profesión, y el interés amoroso, claramente forzado, carece de carisma y desarrollo. La relación entre ambos se construye sin bases sólidas, lo que hace difícil creer o conectar con lo que se nos presenta como un vínculo profundo.
Uno de los aspectos más problemáticos es la forma en que se aborda la salud mental. Klara utiliza terminología clínica de manera constante, como si sus diagnósticos fueran rasgos de personalidad o estados emocionales momentáneos. Esto no solo resulta poco natural, sino que termina trivializando experiencias que, en la realidad, son complejas y profundamente dolorosas. Los trastornos parecen resolverse de manera apresurada y poco creíble: la ansiedad social desaparece tras dos interacciones con alguien en la calle, la depresión se diluye al iniciar una relación amorosa y la agorafobia se esfuma sin un proceso claro casi como si se hubiera olvidado de este dato a mitad del libro.
El libro intenta transmitir mensajes importantes, pero lo hace de forma torpe y simplista. En lugar de generar empatía, parece insistir en que el lector debe sentirse mal solo porque los personajes lo dicen. No hay un verdadero acompañamiento emocional ni una reflexión honesta sobre estos temas. Con esto no solo me refiero a los trastornos emocionales que menciona Klara en un inicio, también a la revelación que ocurre más adelante que, si bien pudo haber sido un punto valioso en el que partir y desarrollar más la historia, se convirtió en otro dato más que agregar a la lista de por qué la vida de Klara es una porquería y por qué me debo sentir mal por ella todo el rato.
No considero que esta sea una lectura completamente inútil, pero sí me parece profundamente fallida. Los mensajes que transmite sobre la salud mental son simplificados en exceso y, en algunos casos, irresponsables. La novela parece sugerir que el amor o una conversación bastan para “curar” problemas complejos, lo cual es una representación peligrosa y poco realista.
De verdad, este libro me parece una basura. Y lo digo con total seguridad, porque cuando algo es malo, hay que decirlo. No me importa que esta sea una crítica destructiva; de hecho, me agrada que lo sea. Los mensajes que transmite son pésimos, las representaciones son grotescas, y me parece nefasto que se le haya dado la oportunidad de publicarse en físico a semejante producto con la excusa de que su mensaje va a hacer despertar a muchas personas. No podemos ir por la vida con dichas premisas, porque en lugar de dar luz lo que se hace es oscurecer y mal informar a todas las personas que puedan estar interesadas en estos temas o que, en muchos casos, tengan experiencias similares y busque un refugio allí, solo para darse cuenta de que no es como lo pintaban.
Nadie se cura de la depresión con el poder del amor. La ansiedad no desaparece de la noche a la mañana. Los problemas no se solucionan porque un psicólogo te diga “no estés triste” y listo. Todo es un proceso, a veces largo, a veces corto, pero siempre será un proceso donde puedas ver un antes y un después real. Aquí, en esta historia, el antes y el después solo ocurren para seguir con la trama cliché, mas no para dejar una verdadera experiencia sobre cómo es vivir así.
(De verdad, los supuestos expertos de este libro suenan así:
“¿Tienes un ataque de pánico? No lo tengas. ¿Te sientes mal? No estés mal”.)
Reitero: no puedo creer que este libro exista en físico, que difunda mensajes tan irresponsables sobre la salud mental mientras se vende como algo moralista y consciente. No puedes ir de salvador diciendo que hay que cambiar lo que está mal cuando tu propio producto reproduce exactamente aquello que criticas.
En conclusión, fue una lectura decepcionante. No porque la idea inicial fuera mala, sino porque la ejecución carece de profundidad, coherencia y sensibilidad. Es una historia que pudo haber sido mucho más, pero que se queda corta en prácticamente todos sus aspectos. Para mí, terminó siendo una pérdida de tiempo.