Luego del políptico de La comunidad de los espectros, un nuevo comienzo se torna necesario. Un giro en el filosofar atento al espesor metafísico de la subversión epocal en curso en todo el orbe. Esa misma crisis revela ahora como insuficientes los métodos más osados de las Humanidades del siglo XX. Un punto de partida: el relato acerca de un supuesto proceso judicial por vampirismo acaecido en un remoto cantón de Hungría a principios del siglo XVIII.
Con el discurrir de las hipótesis aquí propuestas, las relaciones con la licantropía se volverán centrales y ambos fenómenos deberán ser objeto de una minuciosa ultra-historia que acompaña al lector hasta los tiempos paleolíticos del culto de la Gran Madre. Pero esto es sólo el comienzo de un viaje metafísico que, bajo las formas de la sangre, el sacrificio y la metamorfosis, nos conduce hasta el origen mismo de la vida-muerte sobre la Tierra como estación necesaria para una meditación sobre el futuro cosmológico de los seres hablantes. El Vampiro y el Hombre lobo son las figuras filosófico-conceptuales que, una vez desentrañadas, nos muestran la vía regia hacia una forma completamente nueva de rehabilitación del pensamiento especulativo bajo la forma de una “ontología analéptica”.
Desde los inmemoriales rituales del sacrificio antiguo, hasta la teología política inversa del vampirismo, pasando por una inédita filosofía de los virus, se delinea ante nuestros ojos el subsuelo a partir del cual se revelan las condiciones de posibilidad de todo pensamiento acerca del Ser y la actual obsolescencia de todas las formas en las que este último ha sido previamente mentado. De este modo, un tenebroso y enjundioso proceso judicial, hoy caído en el olvido, nos muestra que custodiaba, sin saberlo, los secretos supremos de todo lo existente que la inveterada tradición ha dignificado con el nombre de Cosmos. Se anuncia, así, el comienzo de la Segunda Era Metafísica.
Me encantó el estudio sobre el vampirismo y la licantropía que hace Ludueña desde el origen de los mitos en las culturas grecolatinas y como estos mitos pueden ser trazados, no sólo al más oscuro pasado de la humanidad, sino incluso más allá, hasta llegar a los virus y su estatus como entidades que no están vivas ni muertas. También me parece sumamente interesante como los símbolos míticos de sacrificio, inframundo, monstruos, no-muertos, etc. permean la política y el pensamiento actuales, aunque en esta era se diga que nos hemos desecho de toda superstición e ideas irracionales. Tal vez mi mayor crítica su visión del futuro y la evolución de la IA y tecnologías asociadas, las cuales caen más en la especulación fantástica que en lo que realmente son capaces de hacer.