El nuevo libro de Eduardo Halfon, una exploración luminosa y valiente de su universo literario a través del filtro de la paternidad.
«Escribí las historias que componen este libro durante los últimos cinco años, es decir, durante los primeros cinco años de la vida de mi hijo. Y aunque las historias de un escritor se le van cruzando como peatones o gatos en el camino, llevo cinco años caminando y escribiendo mientras sostengo en mi mano la mano de un hijo que entra y sale de esas historias, y que corre a esconderse en algunas de ellas, y que a veces hasta me susurra las suyas. Un hijo que, de pronto, me obligó a escribir como padre.»
En los textos reunidos en este nuevo libro de Eduardo Halfon, la paternidad –con sus vulnerabilidades y fortalezas– es a menudo el lente a través del cual el autor revisita algunos de los temas predilectos de su universo literario. Halfon escribe sobre la infancia, el desarraigo, la muerte, la vocación de escritor o la búsqueda de la propia identidad con una economía de medios inversamente proporcional al resultado obtenido. Un libro luminoso y valiente que es quizás uno de los más personales del autor.
Eduardo Halfon nació en 1971 en la ciudad de Guatemala. Ha publicado Esto no es una pipa, Saturno (2003), De cabo roto (2003), El ángel literario (2004), Siete minutos de desasosiego (2007), Clases de hebreo (2008), Clases de dibujo (2009), El boxeador polaco (2008; Libros del Asteroide, 2019), La pirueta (2010), Mañana nunca lo hablamos (2011), Elocuencias de un tartamudo (2012), Monasterio (Libros del Asteroide, 2014), Signor Hoffman (Libros del Asteroide, 2015), Duelo (Libros del Asteroide, 2017), Clases de chapín (2017), Biblioteca bizarra (2018), Canción (Libros del Asteroide, 2021), Un hijo cualquiera (Libros del Asteroide, 2022) y Tarántula (Libros del Asteroide, 2024).
Su obra ha sido traducida a más de quince idiomas. En 2007 fue nombrado uno de los treinta y nueve mejores jóvenes escritores latinoamericanos por el Hay Festival de Bogotá. En 2011 recibió la beca Guggenheim, y en 2015 le fue otorgado en Francia el prestigioso Premio Roger Caillois de Literatura Latinoamericana. Su novela Duelo fue galardonada con el Premio de las Librerías de Navarra (España), el Prix du Meilleur Livre Étranger (Francia), el International Latino Book Award (EE. UU.) y el Edward Lewis Wallant Award (EE. UU.). Su novela Canción recibió el Premio Cálamo Extraordinario. En 2018 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura de Guatemala, el mayor galardón literario de su país natal.
“Unos años después, cuando ya había escrito y publicado un puñado de libros —o sea, dejado atrás el tocar sólo canciones de otros—, ingresé en una tercera fase: el lector hijo de puta. Ya no me sentía obligado a leer más de unas cuantas páginas si sentía que las palabras no estaban bien pulidas (<Sigo en esa tercera fase, sigo siendo un lector hijo de puta, pero uno que desea o implora que algún día le llegue una cuarta fase. Y luego nos regresa: “Y pues ahí estaba, en París a los veintiocho años, leyendo libros como una especie de adicto mientras me iba enfermando cada vez más”.
Mientras leía este pequeño y último volumen de Eduardo Halfon, “Un hijo cualquiera”, pensé y llegué a la conclusión que la verdadera condición de su literatura es la del desarraigo. La del desarraigo con mayúsculas. Desarraigo como guatemalteco y por extensión de todo un continente sacudido por la violencia; desarraigo como judío; desarraigo como escritor; desarraigo como lector; desarraigo como superviviente y desarraigo como hijo; ahora también desarraigo como padre. Siempre desarraigado. Siempre en el descansillo de la escalera siendo testigo de la existencia. Siempre ofreciendo su particular narrativa, con un mundo propio y reconocible con sus propias reglas autónomas. Una auténtica diáspora sensitiva.
Porque Eduardo, que es uno de los escritores más cosmopolitas en lengua castellana, poco a poco nos va ofreciendo capítulos de una obra que podría editarse en u único ejemplar. O como mucho (para no hacerla muy pesada) en dos o tres volúmenes. Aquí, en este en concreto que nos ocupa, la narración está expuesta en pequeños segmentos, a modo de relatos, pero todos participan de una exploración emocional sobre el mundo de la paternidad y su condición de escritor judío y guatemalteco. De hecho, la violencia en Guatemala ocupa el grueso central del libro y la familia es el hilo conductor.
Coincido con algunos amigos lectores al creer que Halfon se halla en “un descenso creativo”. Lógico por otra parte que suceda en alguien que publica cada poco. Pero aun así siempre tiene momentos muy memorables. Véase, por ejemplo, el primero que abre el libro “Un pequeño corte”, que me parece deudor de la mejor literatura y que invita (se sea padre o no) a la reflexión sobre cómo las decisiones de los padres influyen y condicionan (muchas veces casi de por vida) a sus hijos. En este caso en concreto se habla sobre la circuncisión o no de su hijo. Y como este pequeño acto engloba toda una declaración de intenciones, que no se restringe a la visión judaica sino también a la afectiva y emocional.
Podemos proseguir con ese pequeño segmento de “Unos segundos en París”, que he extraído para la entradilla de esta reseña, y en el que sobresale esa teoría sobre la lectura de Halfon que me encantó y que no he podido evitar incluirla. También a subrayar el relato de “Benin” que sobrecoge por relatarnos tantísima crueldad en el conflicto guatemalteco, y el último del libro, “La marea”, cuyo comienzo es tan maravilloso como sigue: “Hervía la arena negra. Tuve que caminar rápido, sobre piedras y conchas y pedazos de plástico y largas semillas de mangle, hasta sentir en mis pies de niño el frío bálsamo del mar. No había nadie ahí, salvo un viejo indígena metido hasta la cintura entre las olas, pescando con un hilo casi invisible que lanzaba y luego enrollaba entre su palma y su codo. Deme la mano, dijo mi padre. La marea está muy fuerte. Quiero solito. Que me dé la mano, le digo. Permanecimos un rato así, en silencio, él agarrando mi mano con algo de tosquedad, nuestros pies metidos en el agua fresca y espumosa. Yo me ahogué en este mar. No entendí. Busqué su rostro hacia arriba. Tenía más o menos su misma edad, dijo, cuando me ahogué en este mar”.
En fin, estamos ante otro artefacto de pulida prosa, que para los admiradores del escritor guatemalteco igual se nos hace muy escaso y no todo lo “ejemplar y uniforme” que desearíamos. Como si la propia ficción en la que Eduardo Halfon ha convertido a su Eduardo Halfon literario no nos fuese suficiente sin nuevas dosis elevadas de dramatismo y desarraigo sobre su identidad familiar.
Y casi me entran ganas de decirme a mí y a otros lectores que le dejemos descansar un poco. Que le demos mimos y espacio para reconstruirse como persona y como ente de ficción. Porque yo tengo muy claro que la mejor prosa siempre sale del mayor sufrimiento y del trabajo más extenuante. No se escribe una obra tan completa y compleja (aunque de prosa muy accesible) sin tener múltiples heridas vitales.
Ya volverá por la puerta grande. Porque al igual que la muerte siempre tiene la puerta abierta para los seres vivos las puertas de la gran literatura siempre se suelen derribar a empellones y patadas. O con pólvora. O con fuego.
Estoy seguro de ello. Por eso me imagino al escritor recluido a cal y canto en sus campamentos de invierno. Velando armas. Leyendo como si no existiese un mañana, que es la forma que tienen los grandes narradores de revitalizarse y seguir resistiendo las hostilidades desatadas por sus propias (y a veces también ajenas) exigencias.
Feliz año de grandes lecturas. Y mucha alegría y felicidad para todos.
En 2016, en un post que agrupaba todas las lecturas de febrero de tal año, hablé de Monasterio de Eduardo Halfon en los siguientes términos:
«Yo quería leer otro libro de Halfon pero se dio la casualidad que era el único que tenían en la biblioteca. No me interesó durante la lectura y no me interesó una vez terminado. Lo cerré, lo devolví y lo enterré. No sentí en ningún momento la necesidad de compartir la experiencia, ni para bien, ni para mal. Ni levantó odios y desató pasiones; fue una ausencia total de sentimientos. Halfon será, como dicen por ahí, uno de los grandes, no lo dudo, pero espero que por otras obras. Y digo esto sin ánimo de ofender o llevar la contraria. Lo digo porque Monasterio parece un libro más. Y ya son demasiados y no tiene uno ganas de andar salvando vidas y buscando virtudes bajo las alfombras».
Desde entonces no había vuelto a sentir interés por Halfon hasta que este año, en esta rentreé, supe de Un hijo cualquiera y del contagioso entusiasmo general que despertaba. El resultado ha sido una lectura de escaso o nulo interés, una vez más, seis años después. Denlo por cerrado y enterrado. Y no, pese a este post, tampoco en esta ocasión he sentido la necesidad de compartir la experiencia, ni para bien ni para mal. Ni ha generado odios ni ha desatado pasiones: una vez más, si ha destacado por algo, es por la ausencia total de sentimientos. Sigo sin dudar de que Halfón es de los grandes (esto no es ni remotamente cierto, pero bueno…) pero sin duda no lo es por este libro como tampoco lo fue por Monasterio. Un hijo cualquiera es un libro más, un libro cualquiera. Uno de tantos. Uno del montón (de la parte baja del montón). Quizá porque es un librito, como dicen que dijo su editor en no sé qué momento, de Caras B, la cual es una pobre excusa para justificar una colección de relatos que transitan entre lo mediocre y lo insufrible. Yo entiendo que un editor agradecido en ocasiones se debe a su escritor y que éste quiera dar salida a lo suyo a pesar de haberlo escrito en horas bajas, como también entiendo el hoy por ti y mañana por mí, pero en según que casos, como este, flaco favor se hacen.
Concluyo pues que, ni Halfon es mi escritor ni yo soy, probablemente, para él, su lector ideal. Y que ninguno hemos cambiado; que el tiempo, se ve, no pasa por nosotros. Yo es lo que me llevo. Él no sé.
3,5⭐️ Me gusta este escritor y como escribe. Buen libro como los anteriores. Lo único negativo es que me parece algo reiterativo. No obstante, seguiré leyéndolo. ( Aunque dejaré pasar un tiempo).
Leer este conjunto de relatos es una montaña rusa de sensaciones y emociones. Tiene momentos muy hermosos como Leer Calladito y otros en los que te deja sin aliento y un escalofrío te recorre la espalda como Beni.
Este libro reúne más de media docena de relatos en los que Halfon retoma muchos de los temas que viene trabajando desde hace tiempo (los inicios del Halfon escritor, biografía familiar, memoria e identidad, violencia política, migración (y qué pasa al volver) y suma en esta oportunidad la paternidad: cómo es ser hijo-padre-hijo.
Halfon me gusta mucho porque escribe bien (no es novedad) y porque escribe simple: sin rollos ni rebusques. Sea en los relatos que agrupa en este libro o en sus novelas siempre está claro y a la vista su intención, su búsqueda como escritor ¿Por qué o para qué escribir? Y eso, al menos yo, lo celebro porque me gustan estas discusiones sobre el oficio de escribir (y de alguna manera también de leer). Casi al pasar, entre paréntesis y parafraseando a Barthes aclara que escritor es aquel para quien el lenguaje es un problema.
Si no leyeron a Halfon, busque cualquiera de sus libros y prueben. Es una experiencia maravillosa de esas que te quedan por unos días dando vueltas en la cabeza.
El libro más flojito de Halfon, una colección irregular de relatos. Pero en Halfon, aún lo irregular y flojito es excelente. Mis favoritos: "Historia de mis agujas", "El lago", "El Anfiteatro" y, sobre todo, "Beni", que es magistral.
Me ha fascinado la clasificación de tipos de lectores, yo soy como él, una lectora h… p…:
«Ya no toleraba frases flojas, ni cacofonías indeseadas, ni palabras que yacían medio muertas en la página. Con el tiempo llegué a comprender que ese examen petulante de la prosa de los demás era una consecuencia natural del meticuloso y exigente examen de la mía»
¿Por qué me siento tan identificada? La búsqueda constante de nuevas lecturas, la exigencia hacia la calidad de la escritura y la pasión por la literatura son características comunes entre los lectores ávidos, ¿sí o no? Y no lo digo yo, lo dicen infinidad de expertos en la materia, el lector ávido se vuelve exigente.
No conocía al autor, anotadísimo, esta obra es muy intimista, y aunque yo disfruté mucho de ella, sé que no es para todos los lectores, pero animo a que busquéis al autor que descubrió la LITERATURA con veinticinco años, que decidió ser escritor con veintiocho, dejó Guatemala, su trabajo de ingeniero y viajo a París, porque un escritor debía de estar allí para iniciar su camino, idealizó un poco el tema. Llegó, enfermó y leyó todo lo que pudo y se exigió un poco más, porque todo escritor encierra un gran lector, me reí mucho hace unos años cuando leí no se de quién ni en dónde, que él como escritor no leí a otro para no influenciarse, AMEN. La lectura proporciona herramientas y modelos para nuestra propia escritura, y nos permite desarrollar un estilo propio, no lo digo yo, uno de los autores que lo dijo fue Stephen King en su obra, Mientras escribo.
Leyó y escribió mientras se sentía fatal, febril y agotado, más que escribir, garabateó…, quería escribir cuentos antes de saber escribir una línea, le dijo un amigo filósofo. En París descubrió la magia de los libros, quiso leerlo todo. La lectura como ejercicio de aprendizaje, para crear su propio estilo.
Se tocan temas muy diversos, la lectura, la escritura, la identidad, la violencia, el suicidio, la muerte, la enfermedad… La vida propia da para mucha escritura si somos sensibles a ella.
Creio ter começado pelo livro errado do autor, a avaliar pelo que tenho lido dele. Contos em torno de um tema comum - a paternidade onde praticamente não se encontram referências femininas e que, para mim, não têm a “força” necessária para as “short stories”. Não se encontram pontos de confluência entre eles sendo, alguns, bastante descabidos. Para quem, como eu, é adepto de contos e tem a sorte de ter lido alguns de autores que considero e se revelaram bastante bons, Eduardo Halfon, neste registo, não passa de medíocre. Voltarei a ele, possivelmente, num registo diferente. No entretanto, relativamente a este, passem, que há muito melhor para ler.
Qué querés que te diga chera'a. Descubrí con Halfon que la eficacia literaria es la nueva rima. Es la base de la narrativa contemporanea: las palabras no sobran, son justas, las repeticiones suficientes para causar efectos de sentido y alegría de conexiones intratextuales, las referencias hiper caminadas: Santo Tomás y la lectura en voz alta, decir que hay que saltearse los prólogos, alguna referencia a Borges, cuestiones en relación a la violencia política en Latinoamerica. Parece un nuevo boom latinoamericano el asunto Halfon, Zambra, Villoro y un largo etcétera. Cortados todos por la misma justeza y finales con punch y buenas escenas literarias: creo que acá hay una clave de por qué Aira dejó de leer novelas o por pué es tan criticada la literatura del yo de taller. La razón por la que ir a buscar otras formas: dejar caer el ideal de la palabra exacta y traer la palabra nueva, la extraña, la que sirve para vivir. Halfon: en la tradición de Piglia y Chejfec y los cuadernos de literatura y y y. Aún así, sacó de acá un relato hermoso que se llama La historia de mis agujas para trabajarlo desde la orientación vocacional: en qué momento y cómo cambia una vida y su relación con el hacer. Muy bueno. Beni, sobre un kaibil retirado con un relato que te deja frío. En fin hay muchos relatos buenos acá, pero no es lo que busco. Después parece que es Saeriano Halfon con esto de que se remiten las temáticas y personajes en sus libros. Y te ayudan a aprender sobre Guatemala y ubicarla en el mapa y ser más ducho en Geografía y el tipo es de súper clase alta. Hágalo suyo poniéndole una vincha de oro.
Una serie de cuentos, en teoría sobre la paternidad. O sobre su hijo. O sobre sus recuerdos, vistos desde el prisma de su nueva paternidad. O algo así. La verdad es que lo único que relacionan la mayoría de estos micro cuentos con su hijo o con la paternidad es que los escribió después de ser padre….y creo que ya. Igual podían haber publicado sus conversaciones de WhatsApp.
La mayoría son solo pequeños fragmentos, pequeñas imágenes. Algunas sí tratan sobre su hijo, o sobre ser padre, y estas son mis favoritas. En general escribe bien, me gusta el estilo, a pesar de que la mayoría de las historias no tengan mayor propósito, o yo no se lo encuentre. Bien, sin más.
Me quedo con el cuento de La marea: “quería preguntarle cosas a mi padre. Preguntarle qué hubiera pasado si el soldado naval norteamericano no hubiese estado allí, tomando el sol o paseando, la tarde que él murió ahogado en el mar. Preguntarle quién hubiera sido entonces mi padre (…). Quería preguntarle a mi padre quién sería yo sin mi padre.”
Uno de mis Halfon preferidos. Eduardo hijo conoce a su versión siendo padre. En cada relato se entremezclan las expectativas de un padre que quiere preservar la infancia de su hijo con las preguntas del pasado.
No es el libro que más me ha gustado del autor, y si empezáis a leerle hacerlo por otro título.
Lo que sí comparte es el mismo mundo que consigue meterte en la peculiar familia, ese olor a nostalgia y cercanía que compartimos con los más cercanos.
sentarse a leer a #eduardohalfon es como volver a quedar con un amigo y retomar la conversación por donde lo dejasteis la última vez. te pones al día sobre la familia, recuerdas anécdotas, situaciones que, de haber sido de otra manera, la vida hubiese sido totalmente diferente, sobre cómo pasa el tiempo pero hay cosas que aún parece que ocurrieron ayer. de aquellos viajes que parecían de ida y resulta que traían la vuelta puesta y sobre todo la oportunidad de volver a comenzar. el reencuentro. porque si hay algo en lo que #eduardohalfon destaca es en reencontrarse continuamente consigo mismo como una forma de autoexploracion y análisis de si mismo y a la vez con todos aquellos que lo rodean. y lo hace de la única manera en que sabe hacerlo : a través de la escritura. quizás, mejor dicho, a partir de la lectura. quizás como Vila-matas yéndose a París a encontrarse con ese Eduardo que ya buscaba como salir al mundo exterior. hay muchas formas de llegar a este mundo y #eduardohalfon eligió hacerlo a través de sus historias y también a través de los ojos de su propio hijo. Por eso en #unhijocualquiera Halfon retoma el hilo conector a su historia, al arraigo, a la vocación de escritor, y al contrario de lo que ocurre con las matrioskas, lo que hace Halfon es ir añadiendo muñecas aún más grandes, que las anteriores ya que a todas sus vivencias ahora añade la de ser padre y adquirir una nueva forma de ver el mundo, la escritura, la literatura a través de los ojos de su hijo. Eduardo Halfon es un mapa geográfico y emocional y literario. Cada línea topografíca es un momento vital de máxima importancia que une pasado y futuro en un presente pluscuamperfecto.
Este libro invita a un viaje introspectivo a través de la exploración de la identidad. Las experiencias del autor, narradas con una peculiar maestría, actúan como un espejo que refleja interrogantes sobre nuestra propia.
Lejos de ser una simple lectura, este libro se convierte en una oportunidad para el autodescubrimiento. A través de las vivencias del autor, el lector se ve inmerso en una profunda reflexión sobre su propia historia, valores y emociones.
La narrativa del autor, llena de matices y detalles, te atrapa desde el inicio. Su forma de escribir, aunque peculiar, te envuelve en una experiencia de lectura única y memorable.
Este libro me permitió descubrir a un gran exponente de la literatura guatemalteca. Su talento y originalidad me llevaron a explorar otras obras de este autor, a quien recomiendo sin duda alguna.
Nueva indagación en la familia. En ésta ocasión a través de su mirada de padre. Los cuentos son breves y vuelven una y otra vez a los temas ya tratados en anteriores libros: identidad, nacionalidad, religión, la desubicación en el mundo. Ahora el hilo conductor es el hijo. Su primeros sentimientos en el hospital al tenerlo en brazos por primera vez. Guatemala sigue presente, el judaísmo , el abuelo llevado a un campo de concentración. El arte, la ética, la razón de estado. La guerrilla y los paramilitares. Halfon sigue escribiendo el mismo texto en distintos libros. Sigue siendo en protagonista de todas sus historias, en esta ocasión cede un poco ese protagonismo, solo un poco, a su hijo recién nacido. www.preferirianotenerquehacerlo.wordp... www.enbuscadeaquellanoche.wordpress.com
Estuve en la presentación y el editor le dijo a Halfon que este libro parecía un album de caras B muy bueno. A Halfon no le gustó el símil porque habló de su obra como una unidad que funcionaba más por yuxtaposición, por eso en traducciones intercalaba capítulos de otros libros en otros libros que no eran así en castellano original. Sí creo que tiene un poco de caras b, no tienen una coherencia temática, si acaso algunos sí tienen la paternidad de fondo, pero no todos. No por eso no es disfrutable. Halfon escribe tremendo, voy a seguir leyendo todo.
Vuelve Halfon y a mi parecer esta vez de una manera más floja. Sus anteriores libros siguen una estela con unos marcos comunes, religión, el padre, los que no están... Esta vez sus historias son más innconexas. Algunas como Beni son muy interesantes, otras como la de Paris o la pianista de Bruselas son de vergüenza ajena, más propias de un escritor en su crisis de los 50. También me da la sensación que es un libro muy partidista, no aparecen casi mujeres sino son para que nuestro escritor protagonista se enamore de ellas o de sus nalgas. Una decepción.
Sigo pensando en la prosa de Halfon como si fueran los trazos de un pintor callejero. Apenas le bastan unas pocas pinceladas para plasmar un cuadro emotivo. Así, a Eduardo Halfon le bastan unas pocas páginas para emocionar al lector. Un lector que desde que termine esta novela no volverá a ser el mismo, o cualquier otra de la carrera del autor guatemalteco.
Halfon divide cada capítulo en una imagen que queda sellada a fuego en la memoria: un corte y una decisión, agujas en la cara o el suicidio, y la puerta abierta al mismo, o incluso un libro que pierde páginas a medida que vamos leyendo. Un autor que tiende un puente para dialogar con el lector y le pregunta. Porque al final, todos nos preguntaremos, entre otras cosas, qué tipo de lector somos, o seríamos, de haber viajado a París como hizo el autor. Un lector junkie (para quien la literatura es una droga), un lector artesano en busca de la clave para desentrañar los enigmas de los escritores, o somos un lector hijo de puta e intransigente.
Consejo de lector artesano: conviene hacer pequeñas pausas entre los capítulos de Un hijo cualquiera, quizá lavarse la cara sea una buena opción. Cada capítulo es una copa de vino diferente sobre el paladar. Sabores que si bien son exquisitos, conviene limpiar de los ojos y de la mente para evitar la sobreestimulación. Halfon escribe la historia de su vida con pequeños fragmentos, quizá cuentos o pequeños relatos, que funcionan a nivel independiente, pero juntos componen una propuesta coral exquisita. Es en este contrapunto donde la novela brilla con luz propia.
La temática sigue el hilo del resto de obras: la vida del autor. En este caso Halfon nos trae un retrato de su experiencia como padre. Una exploración de su transformación, de ese proceso de enamorarse de un hijo, y de cómo el paso del tiempo pasa a ser una cuestión determinante.
A Eduardo Halfon lo descubrí con su libro "Canción" y desde ahí le he seguido la pista. Me gusta mucho como escribe y disfruto su manera de narrar. Este libro igual disfruté leerlo. Sin embargo, me descolocó un poco el hecho de que, desde la portada, te da la idea de que en este libro abordará en gran parte su paternidad y no termina siendo así. No sé si me faltó visión a mí, como lector, para encontrar esa relación de él como padre en todos los textos. En fín, me gusta mucho leer a Halfon, solo esta vez esperaba encontrar mas sobre su lado como padre y no fue así.
Terminado el libro de Eduardo Halfon, nos habla de su paternidad, de relatos de los crímenes de la dictadura en Guatemala y alguna pincelada a Auschwitz. Se despide con una historia final de cómo una vez, de niño, casi se ahoga en una playa del Océano Pacífico, se salva de casualidad por un marinero norteamericano. Y al final se pregunta, ¿ Quién sería yo sin mi padre? A lo cual eso mismo me pregunto yo. Buena lectura de otro libro de la Biblioteca Pública de Úbeda.
Halfon tiene una manera de escribir suave y sin florituras que te atrapa de alguna manera desde el principio. Sin necesidad de seguir una cronología sino con breves relatos de vida, nos hace partícipes de la experiencia de ser padre y de las reflexiones que lleva a cabo sobre vivencias pasadas que pudieran no tener relación en un principio pero que van encajando entre sí como piezas de un puzle a medida que avanza la lectura. Estoy deseando leer alguna de sus novelas.
Un buen libro, fácil y rápido de leer. En la misma línea que Duelo. Relatos personales donde la ficción se mezcla con la realidad personal del autor. Siendo un lector guatemalteco, es fácil sentirse relacionado con algunos de los relatos que el autor presenta. La obra literaria en general se siente más como cuentos cortos que como una sola historia, y el uso no cronológico del relato a veces hace que la historia sea difícil de seguir. En general, un buen libro de viaje.
"Y Yo, escuchándolo, me puse a pensar en una mujer y su equipo sanando a una chimpancé, y en una chimpancé sanando a un hijo, y en un hijo sanando a un padre" Eduardo Halfon nos habla de la banda de moebius que supone un hijo cualquiera, un padre cualquiera, una historia cualquiera. Y de cómo, los dobleces de la historia, se anudan a nuestra propia historia.
Por desgracia, cuando llegas a las historias más enternecedoras y mejor narradas (La pecera, Wounda...) ya llevas un rato rumiando, sin éxito, alguna de las historias difíciles de digerir que has tenido que leer.
Me quedo con la reflexión del autor al final: "Quería preguntarle a mi padre quién sería yo sin mi padre".