Pero qué maravilla, Alejandra, qué mar de emociones, de ternura, de dolor.
En este libro, la narradora es Ana, una niña que vive en una casa en el bosque, al sur de Chile, con sus papás y su hermana. Vive en medio de cuentos de fantasía donde la luna es un huevo en el que habita un conejo gigante y las luciérnagas son estrellas que se cayeron del cielo y están perdidas. Con su hermana, tiene una panadería que se llama Las Petizas Olorosas a la que llegan muchos animales del bosque. Pero le tienen miedo al águila y por eso siempre le están huyendo.
Sus papás, en medio de juegos, les advierten qué hacer si encuentran con los carabineros o cómo nunca deben revelar sus verdaderos nombres. Ana va creciendo y se da cuenta, al tiempo que nosotros en la lectura, de que en realidad intentan sobrevivir a la dictadura de Pinochet, esa águila que tanto daño ha causado.
Es una historia desde la mirada de una niña que va creciendo y poco a poco va entendiendo la realidad en la que vive y la historia de vida de sus papás. Me encantó la voz de la linda Anaconda y todas las emociones que sentimos con ella a lo largo de la lectura.