Millones de persones creyeron que la muerte de Catalina en Sin tetas no hay paraíso pondría fin a aquella tragedia familiar, pero en esta novela la historia continúa gracias al fruto del amor prohibido entre su madre y su ha nacido Catalina, la pequeña. Para que la niña no repita el camino de su hermana, los padres deciden alejarla del entorno difícil que la rodea y le recuerdan que se puede triunfar sin necesidad de transformar su cuerpo para encajar en la estética de los narcotraficantes. El miedo al mundo exterior no impide que Catalina se enamore y termine en una espiral de envidia de la que aparentemente solo se puede salir con violencia. Sin tetas sí hay paraíso es la segunda parte de una de las novelas colombianas más conocidas en el mundo, traducida a varios idiomas y llevada al cine, al teatro y a la televisión con un fulgurante éxito de espectadores.
Siendo una segunda parte y escrita tras varios años ves la evolución de la pluma del autor.
Muchos conocen esta historia por su novela, yo no sabía de la existencia de su continuación, pero como su primera parte es ligera su lectura, y como mencioné hay un gran cambio de narrativa para su bien. La historia fluyó mucho mejor, y a su vez sentías más fuerte las emociones.
La realidad del libro, la realidad de la mujer es algo que se ignora por lo incómodo, lo cuestionable. La tristeza que encontré en Catalina, y la maldad en los que le rodeaban, la decepción, el nacer sin un futuro conciso gracias a todo lo que sucede, es algo que comprende un latinoamericano.
Me dejo con más preguntas que respuestas, pero fue una lectura entretenida, además de poder observar como ha tratado la vida a ciertos personajes antiguos.