Una de esas obras que no envejecen, que son eternas. Lo que me pude reír en su día y lo que me he vuelto a reír ahora. Me gustan todas las piezas de este autor, pero "Eloísa está debajo de un almendro" sigue estando arriba, en el pódium.
Dice la sinopsis:
La estética renovadora del humor de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) alcanzó una de sus mayores cimas con 'Eloísa está debajo de un almendro' (1940). En esta hilarante comedia propone Jardiel, frente al humor ramplón y casticista del chiste fácil y el lenguaje vulgar, una comicidad basada en lo inverosímil de las situaciones que viven los personajes y en la abigarrada escenografía, como resulta bien patente en el primer acto de la obra, una pieza antológica del teatro cómico. Pero, fascinado por los relatos de detectives, Jardiel decidió añadir a su comedia, junto al componente humorístico que la vertebra, el misterio, la trama policíaca y el carácter excepcional e imaginativo de sus personajes protagonistas. La hábil combinación de todos esos ingredientes convirtieron 'Eloísa está debajo de un almendro' en la obra más representativa y lograda de su autor.
¿Qué destaco del libro?
El título. Eloísa, que por razones obvias no aparecerá en toda la obra y los almendros, que tienen su razón de ser y de estar.
La acción se sitúa en el Madrid de 1940. Los protagonistas, dos familias de clase acomodada, los Briones y los Ojeda. Se divide en un prólogo y dos actos. El prólogo, que transcurre en un cine de barrio, es antológico. Cuando lo leí por primera vez pensé que difícil lo tenía el resto de la obra para superar eso. Me equivoqué, si destacado es ese prólogo, el primer acto, en la casa de los Briones, es extraordinario. Humor absurdo de primera categoría, diversión inteligente garantizada. El segundo acto, ya en la finca de los Ojeda, igualmente bueno. Es el que concluye y resuelve el misterio, de forma muy coherente, en torno a Eloísa, Mariana y Fernando. A destacar lo brillante de los diálogos tanto en el prólogo como los dos actos.
Las situaciones humorísticas que tan hábilmente crea el autor. El salón de los Briones, que ya forma parte de la historia del teatro español, los "viajes" desde la cama de Edgardo, los búhos de Micaela, Julia, la hermana desaparecida, el humor ácido de Clotilde, los experimentos de Ezequiel, etc. Jardiel Poncela demostró ser un auténtico maestro concibiendo escenas tan hilarantes como absurdas.
La magnífica caracterización de los personajes. Todos son buenos, ni los Briones ni los Ojeda tiene desperdicio. Edgardo, que lleva veinte años sin salir de la cama por un desengaño amoroso, Julia, la hermana que se marchó de casa porque todos estaban demasiado locos, Clotilde, que intenta lidiar como puede con esa familia suya. Mariana y Fernando, la pareja normal que enfrenta secretos familiares. Sin embargo, sobre todos ellos, destacan los secundarios, Fermín, el mayordomo, que quiere marcharse porque ya no puede con tanto desvarío, Leoncio, el aspirante al puesto que se lo está pensando y Práxedes, la doncella de Micaela y su frase icónica, "¡Ah! Bueno, pues por eso". Genial y difícilmente igualable.
El final, que resuelve de forma coherente. Un buen broche para una excelente obra.
En conclusión. Una pieza teatral cómica que ya pertenece por derecho propio a la historia tanto del teatro como de la literatura de nuestro país. Imperdible y si además se tiene la suerte de verla representada, mejor que mejor.