Un mundo presidido por la ausencia de Dios. No hay distancia contemplativa. Hay vacío, conmoción. Esto es Oratorio. Un lugar de enunciación desde el cual percibir una orfandad mayúscula. Un extrañamiento radical. Una pieza musical desnuda que se aferra –como dice el epígrafe inicial de Malebranche– a la atención como «plegaria natural del alma». Las preguntas de Oratorio, formuladas desde la primera persona del plural, ajenas a la rabia o a la tentadora primicia de la liberación, bien podrían leerse como un canto a la perplejidad, a «la intuición que piensa», a esa conciencia que sabe, sin saberlo, que en el carozo de «la oscuridad que somos» algo debe celebrarse pues «lo que sigue es una fiesta/de perspectivas más que humanas».
María Negroni is an Argentine poet, essayist, novelist and translator. As a poet she has published De tanto desolar (1985), La jaula bajo el trapo (1991), El viaje de la noche (1994), Diario Extranjero (2001), La ineptitud (2002) and Islandia (1994; PEN American Center Prize for the Best Poetry Book of the Year in translation, 2001). She has also published the book of essays Ciudad gótica (1994) the novels El sueño de Ursula (1998)and La anunciación (2007) and a book-object in collaboration with the Argentine visual artist Jorge Macchi, Buenos Aires Tour (2004). Much of her work has been translated into English and French. A Guggenheim fellow, she has also received fellowships from the Rockefeller foundation, the Octavio Paz foundation, The New York Foundation for the Arts, and the Civitella Ranieri. She currently teaches Latin American Literature and creative writing at Sarah Lawrence College, New York.
De Oratorio me esperaba algo totalmente diferente a lo que he acabado encontrando en él. Parecía adivinarse, en un principio, un universo oscuro y decadente en el que se cuestionaba lo humano y lo natural, un universo poderoso y tremendamente atractivo que, desde la destrucción, parecía erigirse como otro diferente, personal e íntimo, construido mediante un lenguaje desafiante y certero. Pero esto no ha sido así. No he conectado en ningún momento con la visión del mundo que Negroni propone en este libro.
Intuyo ese trasfondo desde el que se niega la realidad y se contempla, desde la conmoción, las ruinas en el camino, pero creo que la forma supera al contenido. Me da la sensación de que hay una constante intención por mantener una jerarquía estructural en la que no importa tanto lo que se dice, sino cómo se dice. El lenguaje encuentra unas asociaciones que, en ocasiones, carecen de lógica alguna, lo que condiciona la lectura, o al menos es lo que a mí me ha sucedido.
Tal vez, el universo de Oratorio termina por ser tan personal que resulta difícil acceder a él teniendo una fe ciega. Hay claras limitaciones en los significados, y, por más intentos de lectura, resulta imposible encontrar esa voz humilde, de la experiencia, que te abra en canal desde el primer poema hasta el último, que te acompañe de principio a fin de la mano, que te ceda su corazón para conservarlo con cuidado hasta la salida.
Este libro no era para mí, no conecté nada, no me causó nada, muchas veces no entendía, y varias ocasiones sentí que era más bien una lista de frases cortas que suenan bonito pero de ahí en más no podía seguirle mucho el hilo a los poemas
Un libro bello que tiene momentos más estrepitosos que otros, lo disfruté más conforme me acercaba al final, supongo que ahí los poemas hicieron una mejor cohesión que al inicio.
Poemas en apariencia ligeros, con versos cortos, con estrofas bimembres en el mayor de los casos. Sin embargo, cuando uno comienza a leer este Oratorio todo es denso: empezando por ese «nosotros» que se enuncia y que enuncia los aparentes rituales que suceden (¿en dónde?, no lo sé; ¿por qué?, tampoco). Pero a veces solo queda leer, releer e intentar ir haciendo conexiones, aunque uno sienta que es más lo que se le escapa que lo que aprehende.
Es lo primero que leo de María Negroni; no sé si es el mejor poemario para arrancar… pero bueno, la poesía también está para esto: para que nos arriesguemos a leerla. Algunos versos que marqué:
y lo que sigue es una fiesta de perspectivas más que humanas
–porque caer es una gracia–
* * * la ausencia de dios es también un dios
lo que está quieto está danzando
* * * también las cosas están en las palabras por su ausencia
Oratorio se lee a tientas, confiando ciegamente, o tal vez afirmando que la extrañeza es una forma de revelación. El libro es un lienzo sin formas definidas, pero denso. Un cuadro en el que nos gustaría hundir la mano, tocar la niebla. La confirmación de que el lenguaje puede escapar de las líneas que lo delimitan y ser abstracto.
No me sorprende que la gente no comprenda el sentido de este poemario en su afán de encontrar la subjetividad, la fenomenología en todo y especialmente en la poesía. Este libro se enfrenta directamente a los límites del lenguaje y cómo aquello más allá puede ser representado con palabras: como atrapar un río con las manos, algo que ya he discutido a profundidad . En este examen, María da un salto (muy justificado) a lo místico, a la Nada de donde emerge el Todo, a la gran Madre, al Abismo. Emplea aquí varias alusiones a Génesis y más para tratar de simular un mundo en el umbral de abandonar la inocencia y entrar a la orfandad que es el mundo y la representación del lenguaje.
Sí, la poesía siempre parte de lo personal, incluso cuando se utilizan en términos de la mente y no en mero sentimentalismo, por eso me recordó a Det (1969) de Inger Christensen, y se pueden hacer ciertas inferencias de las alusiones a su subjetividad, pero reitero que ese no es el punto. En este libro nos invita a sentarnos y escuchar la música de un mundo que se comienza a reconocer a sí mismo, pero al hacerlo deja de *ser*. Sin duda un libro que revisitaré en el futuro.
Me faltan asideros para subir a Oratorio y debo haberme quedado en la base, como contemplando un edificio singular en la cima de una colina. Muy a mi pesar, la lectura ha sido en parte insatisfactoria y me he perdido una parte esencial del conocimiento que quiere compartir la poeta. Hay versos de una fuerza increíble, sin duda, pero pareciera que son para ella misma, lo cual es lícito. Tal vez, ese sea el juego que propone Negroni: mantener una distancia con los poemas, establecer un no llegar nunca al concierto de su poesía.
La poesía es inexplicable y para captarla no hay más que a través de ella misma, a veces, frente a la poesía lo que nos queda es hacer escolios, comentarios, glosas que son apenas la impresión que el vuelo poético nos ha dejado pues la que habla es la poesía en sí misma. "la ausencia de dios es también un dios
Con este poemario sentí lo que sentí cuando me fui a lo profundo de un río a los 10 años, muy confianzuda. Al comienzo me arrastró la corriente, el río me habló y no entendí nada, sólo quería salir rápido, hasta que me quedé quieta, su lenguaje tuvo sentido y pude flotar hasta la orilla repitiendo lo que me había dicho, porque había sido increíble.
Tal vez no logré hallar la cohesión de los poemas presentados, un hilo que circule por cada uno de ellos. Pero hubo piezas particulares que disfruté bastante.
"en esa sombra / que también es cuerpo / atravesado de espera como animal exiguo / con su congoja a cuestas / algo acaso avanza / a contramano del daño y traduce la noche / cuna en su enigma."
Oratorio es un río de palabras que nadan río arriba, a contracorriente. Negroni tiene una profundidad y una calidez asombrosas y ligeramente inquietantes. Sus registros y procedimientos poéticos son inusuales y arriesgados.Sintaxis entrecortada, solipsismo, ruptura gramatical: la poética de Negroni es un riesgo permanente y, por tanto, un estímulo ineludible. Poesía brillante que es incidencia.
un libro que se te deshace en los ojos. una delicia realmente. lo dejaba meses y leía uno al día para que nunca terminara. que lindo encontrarme con esta autora♥️
3.5, en verdad. Tiene versos lindos, pero no llegó a conmoverme. Siento que es una belleza demasiado racional, demasiado medida y pensada. Prefiero la poesía de sentimientos latentes. No sé.
alguien dijo: que una alianza nos lleve al asombro que duerme de cuerpo entero alabado seas Nadie que te eriges al centro donde él estuvo y yo estaba y nosotros a veces tan pocas veces mortalmente infinitos soñamos que somos