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The Circuit of Detachment in Chile: Understanding the Fate of a Neoliberal Laboratory

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This Element discusses the consequences on the social bond of the conjoint action of the economic and social model inspired by the premises of neoliberalism and of the powerful pressures for the democratization of social relations in Chilean society. It is based upon empirical research developed in the past fifteen years. The main argument in this Element is that these processes have had as one of its most important effects the generation of a circuit of detachment, that is, a process that leads to different forms of disidentification and distancing from logics and principles that govern social relations and interaction. It is a dynamic circuit consisting of four excess, disenchantment, irritation, and, finally, detachment. The Element analyzes this circuit and each of its components as well as its consequences for the social bond. It also includes a brief reflection on the impact of this circuit over the political bond.

80 pages, Paperback

Published September 8, 2022

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Kathya Araujo

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January 22, 2026
En Chile fue publicada una re-edición de este libro al español titulada "El circuito del desapego. Neoliberalismo, democratización y lazo social", por Polvora Editorial. De seguro el carácter independiente y de pequeña escala ha hecho que esta edición no aparezca disponible en esta plataforma, por lo que no puedo si no partir con este 'disclaimer' para hacerle campaña a su lectura dentro del mismo país que discute el libro.

"El circuito del desapego" es la cristalización de años de investigación de Kathya Araujo y su equipo para tratar de comprender al individuo chileno. El lector no encontrará en esta propuesta un análisis sofisticado de indicadores macroeconómicos, ni marcos tan claro de la dinámica legal-formal de la institucionalidad chilena. Este trabajo se trata de otra cosa, es más mirar a Chile desde dentro, de lo que ocurre en las entrañas de las personas que integran en este país. Por eso habrán quienes acusan a Araujo de detenerse en un enfoque "psicologizante" para comprender los procesos sociales chilenos, pero es justamente por el abandono de esa vital faceta interna que este libro cobra tanta relevancia. "El circuito del desapego" logra en extremo entender la subjetividad del chileno de a pie, ó sea, el cómo vive y experiencia a su país. ¿Qué piensan y qué sienten los chilenos con respecto al estado actual de su sociedad? Esa es la pregunta central del libro, que ayuda a extender el debate a algo mucho más profundo que los típicos datos gruesos en torno al mal funcionamiento estructural o a la organización de la sociedad en clases y/o facciones de intereses en conflicto.

La tésis ya está inserta en el título: Lo que define a los individuos chilenos es su desapego con el lazo social. Araujo se refiere a este fenómeno como un circuito dinámico de cuatro componentes impulsado por las transformaciones neoliberales que sufre este país desde los 80' en adelante. Los fenómenos son la desmesura, el desencanto, la irritación y el desapego.

La desmesura se refiere a las exigencias que tienen los chilenos de cubrir exigencias o demandas inmoderadas para su condición social. Es la sensación de ser abrumado por una presión constante, que espera que rindas parámetros exagerados para lo que tienes y lo que eres. Según Araujo, los costos del progreso de la calidad de vida y el acceso al consumo ha recaído en enormes medidas sobre los hombros de las personas individuales y corrientes, lo que se traduce en un aumento escalatorio de demandas que deben afrontar en su vida diaria. Los chilenos en el neoliberalismo cubren exigencias laborales, familiares, académicas y económicas que son excesivas si las enfrentan por sí solos. El problema es que no pueden hacerlo de otra forma si no quieren perder lo que tienen, por lo que viven en una situación de incertidumbre donde la amenaza del deteriorio de la calidad de vida es inminente si no se actúa con desmesura. Al cubrir con sus propias manos esta inestabilidad moral y material, el individuo no solo se agota, sino que también se siente empoderado, desarrolla una autoimagen de que es el responsable de sí mismo, aumentando la confianza en sus propias capacidades y no en entes externos para llevar adelante su vida. Enfrentar la vida social sin ayudas externas no ha sido digerido solo como precarización —como señalan los discursos grandilocuentes de izquierda—, sino también como un empoderamiento, que llega a encontrar deseable el actuar sin mediación de instituciones que apoyen el curso de acción de forma parental y complaciente.

Sin embargo, el cansancio acarreado de las expectativas nunca alcanzadas de la desmesura lleva al desencanto con la sociedad. Las promesas de ascenso y democratización que no se cumplen en la sociedad chilena, a pesar de todo el esfuerzo y obediencia, fomentan la desconfianza y el escepticismo que tiene el individuo con sus instituciones pero también con sus congéneres que se encuentran lejos de su círculo de proximidad. No solo las responsabilidades desmesuradas, sino también los costos marginales del funcionamiento del modelo económico son depositados en los hogares. Los chilenos sienten que pagan las cuentas, pero no reciben recompensas. El consumo básico es cubierto con créditos y endeudamientos usureros, mientras los grandes capitales rentan sin distribuir. En paralelo se prometía una igualdad de trato que no se vivencia en las interacciones ordinarias. Se suponía que el orden del mercado modernizador rompería con jerarquías naturalizadas de un régimen tradicional, pero a cambio se sostienen privilegios de ciertos sectores sociales, y un poder desregulado, que termina por desencantar la épica del progreso chileno. Los individuos no encuentran experiencias de reconocimiento de sus logros, y se topan con redes de influencia que siguen estando activas y siendo efectivas. La sociedad se despoja de toda magia, se desmonta su farsa hasta quedar reducida a una "tremenda falacia", donde no hay institución que se salve de su falta de credibilidad. Dicho de otro modo, el desencanto, como dice la palabra literalmente, significa que el mundo queda excento de algo 'místico' que la mueva. Los mecanismos causales de las desigualdades quedan destripados e incorporados racionalmente; la sociedad se mira con distancia, reducida a un instrumento que no te va a cuidar, pero que debes saber como utilizarla a tu favor para 'salvarte sólo'.

Esa sensación de soledad lleva a una irritación. Se refiere a la hipersensibilidad y a la desproporción entre el estímulo y la respuesta en las interacciones cotidianas. La irritación se expresa en las constantes fricciones teñidas de rabia que uno se puede encontrar en las calles de las capitales chilenas. Al sospechar del encuentro social por su falta de afectos positivos, los individuos se predisponen a ver a los otros como una amenaza, generalizando la figura de un 'enemigo' capaz de atentar contra uno mismo. Las instituciones ya no sólo deben evitarse o aprovecharse, sino defenderse de ellas. Estas representan una amenaza al curso de acción propio, gestando una actitud de 'sobre-alerta' sobre lo que rodea la vida cotidiana. Esta irritación eleva la percepción del abuso y la susceptibilidad de situaciones que pueden ser consideradas como tales. Es ahí donde aparece un ahínco de democratización: Las expectativas de trato horizontal son más exigentes, por lo que las fórmulas de interacciones sufren una reconfiguración, y los códigos sociales jerárquicos, antes válidos, entran en disputa. El problema es que esto también sobre-exige al individuo a comportarse según nuevos parámetros de igualdad que se experiencian como desmesurados, activando un desencanto sobre el resto. La sociedad se vuelve un campo de batalla donde cada quién exije a la fuerza su igualdad, y todo ejercicio de autoridad se mira con sospecha o como ilegítimo —con excepción del comportamiento propio—, dificultando las formas de coordinación necesarias para gobernar una sociedad.

Todas estas situaciones decantan en el Desapego, el distanciamiento y desidentificación de los principios, las racionalidades y las legitimidades que dan forma al lazo social en Chile, para no aislarse completamente de él, pero sí actuar desde los márgenes, sin compromisos claros. A diferencia del clásico concepto de anomia que pretende la ausencia de normas compartidas, Araujo usa al desapego no para referirse a una situación de desorientación, sino como una re-afirmación de un individuo que se sostiene sobre sí mismo, tomando una actitud defensiva y de respuesta a la dureza de la vida social. Lo que está en juego no es la falta de claridades, sino la convicción de que uno debe defenderse de las instituciones y de los otros que siempre "te querrán cagar", y que por lo tanto, siempre es preferible algún grado de aislamiento social. Dicho sintéticamente, el desapego es un tipo de retraimiento que no implica una completa desafiliación social.

Hay quienes confunden esta actitud con el egoísmo y están muy equivocados. El desapego mira con distancia el lazo social abstracto, pero no provoca que los individuos vivan sin preocupaciones de otras personas. Lo que ocurre es que los individuos se inclinan por una política de la proximidad: Se disponen a sociabilizar solo con los que poseen determinadas características que los definen como cercanos, ya sea por un sentimiento de filación, amistad o afinidad ideológica. Lo que se rompe no es el orden de la coexistencia en general, sino esa que se debe a un colectivo abstracto, a la nación, a la sociedad, al Estado. Lo que no se aparece como parte de la realidad concreta y cómplice de la vulnerabilidad personal no se vive como lazo social cuidador. A su vez, esta mentalidad no es producto de un ejercicio irreflexivo ni preconsciente como esperan los esquemas ya agotados de Foucault y Bourdieu— es una mentalidad bastante racional a las condiciones de vida del presente. Al fin y al cabo, esto es un resultado de

La imágen de una sociedad flexible y competitiva; los valores asociados a la ambición personal y al esfuerzo propio; una imagen de las personas como fuertemente responsables de su destino personal; y el valor social personal adosado al carácter del propietario, todo ello ligado a la a un modelo de integración por vía el consumo y el crédito (y no al salario).


Es desapego termina por distorsionar las prioridades, hace vacuas y empobrece espiritualmente a las personas. No hay falta de normas pero sí falta de sentido. En última instancia, se trata de la importancia del dinero como definidor del valor social de uno, excluyendo principios espirituales, vocaciones y aspectos personales. El ciclo del desapego tiende a una falta de solidaridad que desalienta la vitalidad, y llega a un desamparo donde el ser no se siente digno ni merecedor de la pena.

Los individuos si tienen valores y moral, pero esta choca siempre con los imperativos sistémicos que les permiten sobrevivir, generando un conflicto y una serie de estrategias para llevar a cabo la existencia neoliberal. Así Araujo enumera 5: El refugio o la retracción hacia "zonas escudo", El reinicio como la construcción de una alternativa a pequeña escala por fuera del sistema/lazo social, La adhesión aparente que "hace lo que hay que hacer" aunque viva quejándose y rebelándose contra la realidad (pragmatismo instrumental y desacato desafiante), y las famosas alternativas contenciosas que se expanden con los movimientos sociales. Lo común a estas distinciones es la construcción de una relación corporativa con el lazo social; se diluye una idea de lo común sensible a la diversidad y complejidad social, hasta limitarse a "aquellos que son como uno". El punto de partida es que la sociedad en sí misma resulta incapaz de ofrecer elementos que aporten a la dignificación personal.

¿Cuál es la tarea política en este contexto? Primero, que entendamos bien que la democracia no se juega en una serie de operacionalizaciones y normas externas, sino que opera como una 'entidad vivida'. Las experiencias sociales cotidianas son el principal campo de prueba del que depende la adhesión y la lealtad a la democracia, por lo que la pregunta central es si acaso el individuo vive en su interior una experiencia de vida democrática. Con el movimiento centrífugo del circuito del desapego este valor político llega a sus límites. Eso no implica que el individuo se 'desafecte' de la política como se tiende a leer clásicamente. La erosión institucional no ha ido necesariamente de la mano a la pérdida de agencia política individual. Con el neoliberalismo, los individuos han ganado confianza en sus propias habilidades y capacidades para hacerse camino en el mundo. Esperan extender los rangos de su autonomía, con soluciones que dependan de sí mismos. Esa es la clave para un 'gobierno del autogobierno'. El neoliberalismo y la modernización chilena, en ese caso, no deberíamos leerlos como un enemigo acérrimo de la democracia, si no como un proceso paradójico que erosiona las bases sociales de la democracia formal-liberal previamente conocida, pero que a su vez acrecienta la importancia de la autorientación y autorregulación, llegando incluso a debilitar la presencia de representantes, mediadores y organizaciones que tratan de canalizar su voz. Se trata...

De individuos fortalecidos, descreídos de las instituciones, recelosos de las mediaciones, sensibles a las formas de trato, con expectativas altas y singularizadas, y afectados por una alta emocionalidad.


Quién sepa entender esto sabrá como conducir la dinámica política chilena. La democracia representativa suponía que ante un mundo de cosmovisiones plurales —no objetivas ni definitivas—, lo mejor era 'poner a competir' los valores y significados plurales que habitan los imaginarios sociales. Pero los individuos que reconoce Araujo demuestran que en realidad la gente no espera ver representadas ideas abstractas ni discursos pre-establecidos, tampoco intereses claros. El circuito del desapego forma ciudadanos que esperan quién pueda sintonizar con la experiencia cotidiana de uno, con su realidad concreta, del día a día. Sin prejuicios ni ideas pre-hechas. Se trataría, en ese caso, de buscar una representación pos-ideológica, por fuera de grandes marcos de significado, y por dentro de lo que se les aparece como 'próximo'. Eso es lo que debe volver a levantarse como común.

En definitiva, con el argumento reducido a estas palabras, "El circuito del desapego" es un libro fundacional para una nueva sociología, que persiga lo que ocurre en los ánimos internos de los chilenos, desde un lenguaje simple pero acabado, y con una teoría que no se desancle del material empírico, ni se eleve con conceptos abstractos y exportados. Se trata de recuperar la imaginación sociológica puesta en contexto, con total honestidad a los resultados que la investigación pueda generar. El aporte de Kathya es un llamado a recoinciliar estos individuos empoderados con el pensamiento que espera enfatizar en lo común, mas lo colectivo inimaginable pareciera en desmedro en la época actual.


Profile Image for Konstantin.
81 reviews5 followers
July 16, 2023
Although I found the topic as really interesting and important to understand a modern Chilean society, I can't recommend this exact work.

It's not an objective work which has lots of errors and really bad usage of some data which leads to lots of questions about how trusted this work could be. A good example is a frase that says that lots of Chileans felt themselves overtaxed with an example of a workers who gain around 500k pesos.

The truth is that this data came from a questionable publication of Fundación Sol, which has a ton of errors. In Chile nobody pays taxes if he has an income less that 700k pesos (by the time of Fundación Sol's publication). And so on and so on.

I'd better recommend to read a PNUD publication of Desiguales: Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile
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