Tras una dura infancia y una adolescencia donde su homófobo y religioso padre no deja de humillarlo y maltratarlo, Harley no se siente bien, se encuentra sumido en una profunda depresión, no le encuentra sentido a su vida y un día decide acabar con ella. Sin embargo, por casualidades del destino, su nuevo compañero de piso, Muddy, un fanático observador de aves se encuentra con él en medio del bosque e interrumpe su propósito. A raíz de este episodio, Harley y Muddy irán abriéndose uno al otro, creando un vínculo que da sentido a la vida del primero y cobijo al segundo para sentirse libre de ser quien es. A veces, la existencia de una persona es motivo suficiente para salvar la vida otra.
Me ha sorprendido muchísimo lo que he encontrado en “Pequeñas alegrías” puesto que pensaba encontrar una novela bonita, dulce y luminosa, y aunque es todo esto, también es una historia dura, triste y a ratos, bastante oscura. Creo que el autor habla con mucho acierto sobre la salud mental y hace un retrato muy crudo y real sobre como transita Harley por sus emociones, a veces siente una tristeza abrumadora y otras la más grande de las euforias. Cualquier momento negativo sea trascendente o no, provoca en él una regresión a sus peores momentos, mientras que cualquier suceso bonito le produce una gran felicidad. Me gusta mucho como está creado el personaje, se nota que el autor ha puesta mucha verdad y mimo en él.
Tanto Harley como Muddy son de esos personajes adorables que te dejan huella, a los que amas desde las primeras páginas, con los que sufres en los malos momentos y sonríes en los buenos. Es una delicia leer una novela donde sus personajes te gustan tanto que te pasas toda la lectura deseando que todo les vaya bien. Para un lector como yo, donde lo principal para engancharme a una historia es que me digan algo sus personajes, es todo un lujo dar con libros como este.
La historia nos habla de como el odio y la incomprensión pueden destruir a una persona, y como esta oscuridad puede dirigir su mundo, pero también nos habla del amor, del bien que podemos hacer a otros y como este sentimiento es más poderoso que el anterior. Debo admitir que la historia tiene mucho de utópico, y la compresión y apoyo que se dan los personajes unos a otros me transmiten eso, no creo que estemos avanzados aún hasta ese punto en la vida real, pero si algo me enseñó “Heartstopper” es que necesitamos más historias utópicas, al menos hasta que llegue el día que dejen de serlo.
“Pequeñas alegrías” también nos habla de homofobia, racismo y religión y como estas tres afectan a la vida de Harley, a través de diferentes personajes, mostrando lo rancias y ridículas que estas creencias son, normalmente apoyadas en la hipocresía de los que la profesan. Siempre que leo libros que tocan este tema, me viene a la mente la expresión popular “a Dios rogando y con el mazo dando”. Pocos dichos tan antiguos siguen teniendo tanto sentido en la actualidad.
Me ha gustado mucho como el autor muestra las diferentes personalidades de sus personajes, escapando de los tópicos y clichés que estamos tan acostumbrados (y asqueados) de ver a la hora de representar a los personajes según su sexo, su orientación sexual o incluso su origen. Encuentro especialmente relevante como varios de los personajes masculinos heterosexuales son mostrados como personas sensibles y vulnerables, huyendo del reflejo siempre duro e insensible con el que suelen ser representados. Sin embargo, las dos amigas de nuestro protagonista son representadas como mujeres fuertes y bromistas, igualmente vulnerables y emocionales, pero con cierta predisposición a actuar con poca delicadeza, a veces incluso algo brutas en su comportamiento. Sinceramente, me ha parecido muy refrescante salir de lo típico de siempre.
Además de lo tierno y lo duro, en esta obra también he encontrado mucha risa, y es que el grupo de amigos que se forma se relaciona de manera muy real, dando lugar a constantes bromas y comentarios irónicos que no dejaban de sacarme sonrisas, precisamente porque podrían ser soltados por cualquier amigo de mi propio grupo. El personaje de Noria me ha parecido especialmente divertido. “Pequeñas alegrías”, hace honor a su título, y entre dolor y tristeza, consigue que el lector sienta esperanza, alegría. Me parece un debut increíble el de Elvin James Mensah, y me deja con muchas ganas de ver que otras obras puede traernos.