Estaba la pájara pinta sentada en un verde limón se ha vuelto, con el tiempo, un hito en la literatura colombiana y uno de los textos más estudiados para entender el origen de la violencia que todavía hoy azota a este país. Su lenguaje fresco, ágil y rico ha permitido que la novela perdure y que cada día sea más valorada por las nuevas generaciones. Albalucía Ángel logró crear con su maestría intransferible una historia que relata la vida de una familia de la clase media y, simultáneamente, dos hechos que marcaron la historia de el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán durante el Bogotazo y la muerte del cura guerrillero Camilo Torres. Ganó el Premio Esso de Novela y escritores como Álvaro Mutis lo catalogaron como un texto fundamental sobre la violencia colombiana.
Albalucía Ángel Marulanda, también conocida como Albalú, es una escritora colombiana. Tuvo un estrecho vínculo literario con varios de los escritores del boom latinoamericano, pero se la considera de un estilo independiente. Su obra más influyente es 'Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón' de 1975.
Pocos libros en la literatura colombiana han tenido la inteligencia de narrar el horror de la violencia a tantas voces y tantos tiempos. Un libro imprescindible para entender la historia de Colombia.
Qué libro tan difícil de leer. No por el tema puesto que el Bogotazo, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el inicio de la Época de la Violencia en Colombia, son asuntos muy interesantes y que por cierto todos los colombianos lo debemos saber y recordar, sino por la forma como está escrito el libro. No hay un hilo conductor, los diálogos no poseen sincronía, los personajes van y vienen sin un orden, entre otros. La autora experimentó con esta forma de escritura, que en la época fue algo revolucionario y a muchas personas les gustó, pero a mi no, se necesita mucha concentración para hallarle gusto y no perderse en la historia. Para un extranjero resultará más difícil de leer aún ya que se nombran marcas de productos nacionales de la época (que producen una agradable nostalgia) y dichos de las personas, complicados de entender para un foráneo. No busco desanimar a quién lo desee leer, al contrario, es un reto que como lo he expresado, a muchos les ha gustado.
No se bien como podría definir "la pájara", es una novela que me tomó tiempo, que me costó, me cansó, me hizo quedarme sin voz, pero que al final la disfruté muchísimo. Creo que es importante también volver a pensar en figuras olvidadas de la literatura colombiana, como es Albalucía Ángel, y encontrar ese estilo tan único y esa genialidad que tiene en esta novela.
Creo que es de los libros más experimentales que he leído, como dije, es difícil, cambiando de tiempos, de sucesos, de narradores y de puntos de vista constantemente. Y aunque veces uno se pierde en ese mundo fragmentando, en esas memorias reconstruidas y en esa historia llena de violencia (tanto en la forma como en lo que se narra), cuando se llega al final uno comprende lo que ha estado leyendo, y es un testimonio, un intento de reconstruir las historias y las luchas en un país tan violento como Colombia. Y es que esas cosas que se repiten, ese dolor y esa muerte, que están sucediendo incluso mientras escribo esto, hacen parte de la historia del país, pero también de esas voces olvidadas, de las mujeres, los estudiantes, los indígenas; aquellos que usualmente son borrados de la memoria, y cuyas voces se entretejen en el desorden que caracteriza a la vida misma.
Esta escritora merece ser leída y publicada en el país. Su libro es una historia con muchas historias que se entretejen. La forma en que está escrito es como la vida, que no es lineal sino donde todo pasa en forma simultánea a pesar de que cada uno vive su vida y quizás hay solo un instante en que la vida propia se entrelaza con las historias y vidas ajenas y surge una nueva historia. Al tiempo que hace referencia a hechos dolorosos de nuestra nación, el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, la muerte de Camilo Torres, la masacre de los estudiantes en tiempos de la dictadura de Rojas Pinilla muestra la visión de esas épocas desde diversas miradas los ojos de una niña, una adolescente o una joven adulta y sus compañeras de colegi, sus vecinas o sus amigos. Su lectura no es sencilla por que la autora no nos da todo al tiempo, no hay una sola voz, es una polifonía, hay que estar atento para de un lado poder saber de quién es la voz que habla y de otro lado poder hilar una historia, que en algún lado quedo esbozada o inacabado con otra que aparece más adelante, algunas veces con muy pocas pistas, al final hay un tejido completo que de alguna forma es la radiografía de una época que se vivió en nuestro país.
Una novela que no deja indiferente a quien lo lee. Es un testimonio, en fragmentos, de las voces silenciadas; un manuscrito de las vivencias de una joven en tiempos de una violencia macabra; y un recorrido por los mitos de fundación del pueblo colombiano. Es, además, un experimento con el punto de vista narrativo y con el lenguaje, enriquecido por un léxico netamente colombiano. Todo un manual de historia que además cumple la doble función de informar y entretener, de sondar en el psyche de los personajes y dibujarlos con rasgos minuciosos.
Una novela imprescindible para todo aquel que quiera conectar con el pasado de Colombia y reflexionar sobre su presente.
¿Qué se puede decir? Este libro es complejo y bello, tiene forma y estructura atípica, difícil. Cuando logras comprender la historia o al menos conectar, es maravilloso. El entretejido entre historia y memoria colectiva con las vivencias particulares de los personajes es muy detallado y le da vida a lo que hemos aprendido en libros de texto. Si no eres un lector tan diestro lo mejor será darle al menos dos leídas en la vida, una para acercarte a la historia y otra para comprenderla. Leímos este libro en el Club de Lectura de Diario de Paz , cada uno de los textos escogidos para el reto ha sido justo. Esta novela de Abalucía Angel eleva la realidad a la ficción, es posible que de esta manera quien no haya sentido empatía por el dolor que hemos vivido en nuestra tierra, Colombia, la sienta un poco... como prender el corazón en automático.
Como documento histórico tiene mucho validez esta novela basada en las dos décadas comprendidas desde el Bogotazo hasta a 1968, pero como novela me pareció increíblemente aburrida. Es un gran logro de la autora haber publicado esta, muy válida, voz de protesta a mediados de los 70's en un país machista, retrógrado y tercermundista como el nuestro. Haber tenido la entereza y el coraje de criticar toda la inmundicia que vivía (y sigue viviendo) el país es de admirar, pero la estructura de sus personajes y la narrativa son, a mí parecer, lentos, aburridos, planos, sin vida. Interesante libre para estudio...
Creo que pudo ser la edición que yo tengo, encontré muchos errores fuera del estilo abrumador y característico de la autora. Me ha gustado cómo está escrito, como hay capítulos enteros sin signos de puntuación, y el uso de conectores para mantener la narración fluida. Falla un poco en algunas ocasiones, donde su estilo puede estar socorriendo por una coma o un punto.
De todas maneras para mí es una obra innovadora, que rompe con lo leído tradicionalmente y que retrata por medio de varias voces la Colombia que llegó con el asesinato de Gaitán. Pero me falta un poco de historia central. Finalizando la lectura, uno sabe que no hubo hilo conector, o una razón de estar de varias cosas, o que no entendió fue nada. Sigo tratando de descifrar el libro.
Bueno, debo mira si cambiando la edición mejora la experiencia con el libro.
Es, definitivamente, el libro más complicado al que me he enfrentado en toda mi vida. Pero también, y esto es lo más importante, una de las obras literarias más brillantes que he leído. La historia presenta una tensión dramática constante propiciada por su ambientación en la violencia, periodo histórico de Colombia que se recrea con un detallismo excelente. Surge así una convivencia muy interesante entre la perspectiva colectiva y la visión subjetiva de la protagonista, Ana, ante los episodios narrados. Así, la variabilidad de voces y tiempos narrativos crea un mosaico lleno de colores y matices que invita a la reflexión. En concreto, quizás mi formato favorito es el epistolar, ya que las cartas de Lorenzo tienen una sensibilidad preciosa; sus despedidas aportan un poco de amor, necesario para aliviar las tragedias contadas. Lo recomiendo muchísimo.
Este libro me pareció interesante ya que trata sobre el Bogotazo y la llamada Violencia en Colombia, que aunque son hechos históricos importantes no se abordan con frecuencia en la literatura. Sin embargo a pesar del valor de las anécdotas y experiencias que aquí se narran fue un libro muy difícil de leer. No hay un orden específico y está saltando en el tiempo sin tener un orden cronológico, de igual forma no distinguía las voces narrativas, no sabía que personaje estaba hablando ni de que hablaba, era todo muy confuso, hasta al final logré entender algo, pero en general no me gustó.
«No puede ser que todo se repita. Que el tiempo ande y desande sin variar de camino. Que el cielo y los cipreses y toda esa tristeza pasen de nuevo como si fueran arcaduz de noria, cuál día, cuáles noches, en qué momento fue el regreso.»
Dijo el maestro Mutis Esto es una obra extraordinaria.
Y lo es. Tremendísima salvajada de narrativa. Gaitán, Teófilo Rojas, Chispas, Lorenzo, Ana, Valeria, Mascachochas, Lleras, monarcas y gamonales.
Una vaina brutal y bien colombiana. Exquisita y desgarradora.
También inconmensurablemente bella: geografías y venas verdes y multicolores: Colombia ensangrentada con plumas y pelos; dulzuras y artefactos.
"Las rosas son las flores más poderosas de la naturaleza. Si algún día están tristes, mis hijitos, y no les faltarán tristezas, por desgracia, pues no todo es orégano en el mundo, acuérdense de esta anciana y en mi nombre y el de Nuestro Señor, pongan siempre una rosa con un vasito de agua y tomen de ella. Cada noche. Las rosas curan lo que no puede curar la ciencia de los humanos. Y así les fue enseñando cosas sobre las plantas, los astros, los planetas, los silfos y las sílfides, las salamandras, las ondinas, los gnomos, por ejemplo, viven debajo de la tierra y son los que producen minerales y las piedras preciosas, y así horas y horas.
Lo habían colocado encima de la tarima y le habían puesto el pantalón blanco con el que había hecho la Primera Comunión, que le quedaba en las canillas, y la camiseta también blanca con la marca de Croydon en el pecho. Sin zapatos. Hortensias y flores de astromelia con ramitas de mirto le servían de colchón y por almohada le habían puesto el mantón de Manila, que una tarde en que Tano bajó a ofrecer las chirimoyas y su mamá le preguntó que cómo estaba Emilia y tano que con los pies así, todos hinchados pues con el frío y la humedad el reumatís se alborotaba y sobre todo ahora en tiempo de vacaciones porque con tanta lavadera y la bajadera al río andaba siempre pantaneando, ella buscó en la ropa vieja y desenterró aquel pañolón que estaba refundido desde el tiempo de la abuela, y que ana había visto sólo en fotos: que eran recuerdos de los viajes, y su mamá explicaba que éste es el Condede de Biancamano, el barco en que viajaban, y éste es el Parque de María Luisa y aquí está la Giralda, que era una torre altísima, y así retratos y retratos, donde todo, hasta el mar, era amarillo.
Desquite, Chispas, Sangrenegra, Tirofijo, Centella, capitán Veneno, El Caporal, Micablanca, Almanegra, Líster, El Diablo, Tarzán, Relámpago, El Vampiro, Terror, Gavilán Negro, capitán Venganza, Triunfo, Titán, Matamundo, Guerrero, El Lobo, Sombranegra, Resuelto, Malavida, Nerón, Temor, Peligro, Pedro Brincos, Veloz, capitán Rebelde, Tijereto, Reflejo, Solitario, Maligno, Pielroja, Comandante, Mariposo, Caballito, Libertador, Córdoba, Pasodoble, Pelusa, El Renco, El Mueco, El Niño, El Indio, El Pálido, Capitán Pijao, Zarpazo, Paterrana, Tonto Hermoso, Despiste, Melitón, Sultán Boqueguama, sargento García, Cigarro, Tijera, mayor Ciro, Chaflán, Aquililla, El Mico, capitán Aljure, El Alacrán, El Alcalde, Bocamina, Turpial, capitán Resortes, El Sevillano, El Canchoso, El Mosco, Oso Blanco, Cenizo, Gavilán...
andar un rato cuando no se hayan levantado ni los cangrejos dejando huellas por la playa y el sol saliendo rojo (caliginoso) inmenso y la arena blandita y tú y yo caminando como por un colchón de plumas mientras que pasa una gaviota qué bueno bañarse diré yo mientras las olas van y vienen, ¿te gustaría?
(...)En realidad no sé en qué creo. Cómo quieres que lo sepa con tanto enredo. Si yo pudiera decir creo en Dios Padre Todopoderoso creador del cielo y de la tierra, con la misma inocencia con que lo decía a los ocho años, a lo mejor estaría salvado. Pero si hoy me están diciendo que la Alianza para el progreso es la única manera de salvar estos países que están de mierda hasta la coronilla, y yo empiezo a hacer números como cualquiera que sepa sumar y dividir y me doy cuenta de que no, que eso es sólo una trampa para ratones subdesarrollados, entonces tú dirás. La gente ya no sabe por dónde va tabla. Cuéntame tú cómo ves por ahí eso de las elecciones. Tengo entablada una apuesta con el estudiante, porque él dice que no tiene importancia si el pueblo vota o no: que las elecciones se las van a robar de todos modos. Si puedes mándame algún recorte.
Valeria lo sabía. Eso es lo que más nos dejó atortolados, te lo juro. Esa seguridad con que dijo, mañana ya veremos, y después la noticia: cuarenta y ocho heridos graves y diez muertos, qué dolor en las tripas; en el hígado: en cualquier parte donde uno se tocara eso hacía daño porque fue como cuando algo se nos pudre por dentro y echa pus; que atortole, te digo. Eso no para aquí, volvió a decirnos con esa certidumbre de sibila, porque es de las que tienen otra piel, otro sentido del espacio, no sé; es alguien que penetra y penetra y llega al fondo y te da miedo porque a tu alrededor de pronto se derrumba, no hay muros que protejan, pero le ves aquellos ojos acerados y es como si el resto no importara. Y ahora qué hacemos, le preguntamos Lorenzo y yo, que entonces nos perdíamos como Hansel y Gretel en los bosques, y ella con esa decisión de los que saben que hay que llegar al otro lado porque si no jamás darás el salto, resolvió que esa noche, reunión en La Arenosa. Una casita en el camino de La Florida, que Martín construyó en terreno del gobierno aprovechando que nadie dijo nada, porque nadie se percató de que él corría la alambrada y comenzaba a echar cimientos: y le alcanzó para el jardín, lleno de girasoles, un huerto, chocolera, y un árbol de zapote, y un corredor que daba a la montaña, desde el que oían el río y los turpiales: y allí se fueron todos. Vamos a organizarnos, fue la orden, y ellos bien arropados en las ruanas porque el viento del páramo sopló que fue un bendito, decidieron que lo importante era ponerse de acuerdo y organizar los comités estudiantiles. Las noticias eran que en Bogotá los tanques y los carros blindados del ejército seguían invadiendo las calles principales, y su mamá, que se enteró quién sabe por qué medios: las Aparicio, de seguro, viejas tarascas, con el binóculo apuntando, dispuestas a devorarse el prójimo al mínimo intento que éste haga por salirse de foco: supo lo del desfile y la acuarteló por dos semanas. Lo que es de aquí no das un paso, y claro, no hubo forma. La manifestación la hicieron por la tarde. Más de mil estudiantes. Valeria a la cabeza, por supuesto si tú la hubieras visto, con esos ojos de Medea, y el ánimo exaltado: el corazón en ristre como una lanza de soldado romano, como se pone siempre que hay que escalar los muros, ya te digo; y me contó Lorenzo que esa noche no se dejó curar los dos porrazos que le dio un chulavita en plena cara. Cuál batahola. De qué carajo estás hablando si yo era una mocosa de cuarto bachiller, metida a grande, jurando que sí, que la heroína de Guaduas si fuera necesario, pero dejándome encerrar como un gallina, a las seis en punto estás en casa, sí, señora, y el día que me vista hecha una sopa, pintada de anilina hasta el cogote no fue precisamente porque estaba en la primera fila, ni te sueñes: me daban terronera los fusiles. La bayoneta con ese pincho al aire. Las Cahiporras listas. Las máscaras de gases y aquel humero que se te entraba a los ojos haciéndote llorar y vomitar hasta las tripas: qué me dices. Cómo que si escarmiento, majadera. Yo vi a un muchacho con la nariz partida del bolillazo que le dieron, a más de cinco con la cabeza abierta, otros rengueando, asfixiados del golpe de culata. Una muchacha con un ojo aporreado, echando sangre. Yo me metí dentro de un carro que no sé por qué milagro alguien había dejado con una puerta abierta y me quedé allí, temblorosa, y vi a los policías perseguir estudiantes con el bolillo en la mano y el revólver en otra, y entonces sí entendí por qué las llaman heroínas a las que ponen el pecho, como la Policarpa. A las que se le enfrentaban a aquellos chulavitas que sin cuartel daban garrote, culatazos, todo sin ton ni son, y yo mirando por le vidrio trasero, agazapada para que nadie fuera a descubrirme, hasta que me encontró Valeria: hay que salir de aquí, me dijo, y sin preguntar siquiera qué estaba haciendo allí escondida me sacó de la mano y no em soltó sino hasta que llegamos a la carrera quinta: estás temblando, pobre, fue lo único, y me abrazó muy fuerte pero después se puso a reír como una idiota, y no entendí por qué, hasta que me vi después en el espejo. Fui una traidora, se me quedó clavado durante muchos años, y claro que con el tiempo se aprende, se dilucidan esas cosas, pero hay algo que no se me va a olvidar, ni aunque viva mil años, te lo juro. La cara de esos tipos.
Nueve mil unidades provistas hasta los dientes con toda clase de armas, fueron concentradas con el apoyo de treinta aviones bombarderos, que durante once días de ofensiva convirtieron la pequeña región de Villarica en un cuadro que nisiquiera Dante, por no decir los nazis, que es cuento muy traqueado, imaginó en su vida. Cañones emplazaod sobre carros blindados, tanques que vomitaban cientos de toneladas de explosivos,puestos fortificados con morteros punto sesenta y uno y punto ochenta y uno, mientras la infantería perforaba la resistencia, o sea los campesinos, que con las bombas de mano hechas a toda prisa, la carabina o la pistola, defendían sus tierras, sus mujeres, sus hijos, que huían monte arriba, hacia la selva de Galilea, tratando se salvarse, pero allí se quedaron casi todos: viejos, mujeres, niños, más de seis mil, dijeron, ametrallados, arrasados, deshechos: como estopas vivientes, pues el gobierno había estrenado en el ataque las nuevas ediciones de la famosa bomba N, incendiarias, con la insignia de USA, y aquello fue indecible, porque el infierno se le quedaba corto. Durante cinco meses no paró la escalada, y el territorio de Galilea se volvió un campo de muertos. Un cementerio donde la Paz, la Libertad y la Justicia, que pregonaron tanto, quedaron sepultadas: con bombos y platillos.
miércoles
duermo muy mal pues se me volvió un tablero de ajedrez que termina siempre en tablas linda: ¿será que uno aquí se vuelve tarado? Yo creo que sí. Son fijaciones en cadena. Los peones son los reyes, olímpica, como si fuera más lógico, y así queda el balance del Frente Nacional, después de varios días en que de sol a sol le echo cabeza. El Jocker Lleras, que tuvo el primer turno y nos doró la píldora (experto en mutis por el foro). El Pacificador Valencia, aficionado a cazar patos y el resto a sangre y fuego, consigna ya heredada que se mostró eficaz en la escalada de Marquetalia, donde dieciséis mil hombres adiestrados y dirigidos por tropa americana usaron Napalm sobre la población civil, que se metió en la selva, pero las bombas con bacterias y los fusilamientos oficiales se encargaron del resto, todo por una suma módica: trescientos setenta y dos millones del ala. O sea, del presupuesto. El Invasor, Lleras Restrepo, aquel, que según él, recogió la bandera de Gaitán cuando lo asesinaron pronunciando un discurso ante la multitud que habría de desfilar, oh hondo dolor inmenso, sin oír de sus labios las consignas que tantas veces se esparcieron a los vientos como simientes de esperanza... ése, no nos perdona que lo dejáramos como una salsa Ketchup, cuando entró a la universidad del brazo de Rockefeller a inaugurar un edificio, cuando era candidato, y todavía nos está haciendo pagar esos tomates; a precio de carne de estudiante. Mandó a dos mil soldados, cuarenta tanques y un puesto de avanzada con la caballería, que sin ninguna dilación se acomodaron en la universidad igual que Pedro por su casa: muy poco nos faltó para tener cañones en las puertas. Nos puso el tentequieto y así nos lleva, de la ternilla. A culata y a fusil, a gritos y amenazas, sobreseguro y mansalva. Piedras contra los tanques. Tanques contra los libros. Libros contra las balas. Balas contra la idea. Pero la historia es larga y aliada del paciente: de las hormigas que trabajan. No se te olvide, compañera. In illo tempore, dirán un día hablando de tantos hombrecitos que se tomaron Liliput creyéndose muy grandes, y tú y yo los testigos: presentes siempre, para gritar bien alto los nombres de los muertos. No nos hagamos ilusiones, me dicen los muchachos. ¿Y los cojones, qué? ¿¿Ahhh...?? no hay luz. Se hizo de noche, dijo Goethe se hizo de noche y pienso mucho en ti. Mejor me duermo. Hasta mañana.
Gran novela. Un torrente imparable de sensaciones, emociones y vivencias en un país difícil, violento y bello como Colombia. Una memoria necesaria y cuarteada que irrumpe en cada uno de sus capítulos y nos habla de el amor, la infancia, la burguesía, la violencia, la dictadura, la tortura, lo urbano, lo rural, la guerrilla, los godos, los liberales, los pájaros, los collarejos. Es Colombia en su amor, su violencia, sus intentos fallidos, sus crímenes, masacres, violaciones, su indiferencia, su falsedad, su vastedad, su imposibilidad.
“No es fácil. No lo creo. Pero quiero dejar un espacio, irreal, irredento, irracional, irresoluto, irreversible, irrevocable, invertido abierto, en todo caso”
Una de mis lecturas destacadas del año ha sido esta novela narrada en múltiples voces que pueden llegar a sentirse como un murmullo al tiempo sin poder distinguir de dónde provienen. Pero lo interesante de estas voces para mí son la carga idiosincrática que tienen, es leer a Colombia y su gente en lo más íntimo y cotidiano. Parece que hay una protagonista o dos, aún en la confusión de voces que se puede percibir a largo de la novela, hay siempre algunas que hablan más alto Y conquistan al lector. Es por eso que se le reconoce como una lectura compleja que exige máxima atención a los detalles.
Tiene un estilo de memorias, de remembranza sobre un tema difícil de nuestra nación. Iniciando con el conocido Bogotazo con la muerte de Gaitán y todo lo que surge después, un despliegue de violencia tremendo que duele y se sigue perpertuando hasta nuestros días hacia sectores puntuales de la sociedad y hacia la mujer.
Hay una experiencia muy sensorial en la narración, se trasmite magistralmente muchas sensaciones a lo largo de las diferentes narrativas que se entretejen en esta historia. Párrafos seguidos sin comas que te van llevando como de prisa por la misma línea continua de pensamiento de quien narra. Una lectura exigente y muy experimental.
“Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón” de Albalucía Ángel, narra el periodo comprendido entre el Bogotazo y la muerte de Camilo Torres, a través de varias voces: miembros del gabinete de gobierno, jóvenes combatientes, militares, estudiantes y familias de clase media de la Colombia rural y urbana de esta época.
Este libro ha sido considerado como una gran obra narrativa de la literatura contemporánea, y fue lo que motivó a leerlo. Sin embargo, debo decir que me costó trabajo y me retó en algunos momentos.
Me gustó el recuento histórico que realiza la autora de la violencia desatada por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, la persecución implacable a los liberales, el surgimiento de movimientos guerrilleros, la movilización de los estudiantes, la censura a los medios de comunicación y las consecuencias del Frente Nacional. Las masacres, genocidios, amenazas, desplazamientos forzados en unos años en los cuales “la Paz, la Libertad y la Justicia, que pregonaron tanto, quedaron sepultadas: con bombos y platillos” y que reflejan la violencia que ha caracterizado al país y que debe seguir siendo documentada y denunciada.
¿Por qué no me llenó su lectura? El libro está escrito por medio de una estructura que este año descubrí que me gusta mucho; párrafos largos, muy descriptivos y con pocos diálogos. Pero en esta oportunidad creo que no ayudó a la lectura. En varias oportunidades me perdí y debí retomar, el lenguaje es complejo, aunque sí hay momentos en que la narración se disfruta, el cambio constante de narrador es interesante y sin duda es un ejercicio de memoria histórica importante.
“El país se fue llenando de otros pájaros. Abarrotando de asesinos. Cuajándose de muertos. Congestionándose de sangre. Poblándose de miedos. Rebosando injusticias. Hinchándose de oprobios contra el derecho humano. (…) Colmándose de gritos, de amenazas, de olores pestilentes, de ríos en los que la corriente parecía tinta roja y en los que las montañas fueron bastiones bombardeados, violados, destruidos y las ciudades se convirtieron en lugares oscuros de ruidos apagados y pasos presurosos…”. ¿Creen que la situación ha cambiado?
¿Ya lo leyeron?
* Más reseñas en mi blog de Instagram @luzangelalectora
Veinte años de historia patria resumidos y narrados por una protagonista joven, de mente voraz, audaz y en constante cuestionamiento.
Un libro atrapante, aunque no por ello fácil de acoplarse a él, los relatos de Ana, la protagonista, enmarcados en eventos nacionales trascendentales, empezando por el bogotazo, fecha que marcaría la historia del país por el asesinato de Gaitán, pasando por la instauración de un gobierno militar, el asesinato de estudiantes a manos de la fuerza pública, la creación del frente nacional y de las guerrillas, y otros tantos eventos, van dando saltos en medio de la línea de tiempo, conjugando su niñez, su adolescencia y su joven adultez lo que por algunos momentos presenta alguna dificultad para poder ubicarse con certeza en la estructura de tiempo y espacio que presenta la narración.
A parte de estos saltos, la mezcla con la narrativa epistolar que crea una trama independiente, pero que termina por determinar el destino de Ana, sirve como base para contarnos más apartes de esa violencia que no cesa en nuestra patria.
Un libro que conjuga de una manera brillante los acontecimientos reales con una fantasía no tan mágica, pero que nos permite sumergirnos por medio de Ana en los acontecimientos violentos de un país que parece no avanzar, que sigue siendo empobrecido y roto por unos pocos, un libro esclarecedor.
Es una novela que narra la historia de una niña que se encuentra de frente el momento más importante de la historia Colombiana el Bogotazo (9 de abril de 1948). La historia es contada desde la vida de Ana que esta marcada por el transito hacia la época de la violencia que desato los peores horrores de la historia del pueblo Colombiano.
Es una novela difícil de llevar por el ritmo en como esta escrita, yo la interpreto como las memorias, tenemos recuerdos pero no al detalle ni con precisión espacial. Los momentos de la novelas son extraños de ubicar en una línea de tiempo e incluso con el personaje que esta padeciendo la situación.
Es una novela muy interesante con un estilo diferente, retadora y entretenida a mí personalmente me gusto mucho, duré un largo rato leyéndola tuve que ir y volver sobre varias páginas para comprender cuándo y a quién le sucedía lo que se estaba contando.
"El país se fue llenando de otros pájaros. Abarrotando de asesinos. Cuajándose de muertos. Congestionándose de sangre. Poblándose de miedos. Rebosando injusticias. Hinchándose de oprobio contra el derecho humano. Cargándose, impregnándose, plagándose. Colmándose de gritos, de amenazas, de olores pestilentes, de ríos en los que la corriente parecía tinta roja de tanto desangrarse liberales y en los que las montañas fueron bastiones bombardeados, violados, destruidos, y las ciudades presurosos, porque había que cobijarse antes del toque de queda y solamente esos señores, los pájaros, te digo. Y nunca supe de dónde vino el nombre. El caso es que de pronto polularon: Pájaro Azul, Turpial, Pájaro Verde, Pájaro Negro, Bola de Nieve, Lamparilla y el rey de todos, el Cóndor..."
Esta es la novela más complicada que he leído desde Pedro Páramo sin duda alguna. Las sinopsis me jugaron una mala pasada, pues creí que se trataba de un libro que hablaba del Bogotazo y de la muerte de Camilo Torres y sí, pero de forma aislada. Esta es una novela que sí tiene tintes históricos pero no se le puede conceibir como tal porque lo más importante no está en los hechos sino en la forma en la que estos son percibidos y vividos por Ana, su familia, amigos y allegados. Y aunque fue una lectura difícil solo diré que vale la pena para comprender el conflicto desde otra mirada, desde lo sensible de una *pájara* que solo busca libertad en medio de tanto caos.
... todo calmo, armonioso, todo a la espera de la aurora que llegará anunciando el nuevo día, mientras identifica esa dulzura dolorosa que llegó así, de pronto, igual que las catastrofes. O los milagros, simplemente. Desalojandolos del miedo que corre por las venas...
... y ella le ve su cara de hombre que tadavía parece adolescente pero que tiene ya el vestigio de la historia, y se da cuenta de que el mierar atras es en vano; de que aquella raíz ya se arranco de cuajo: que la felicidad y el arbol de guayaba son nada más que un espejismo. Ya son casi las cuatro, ya es muy tarde...
Increible. El magnus opus de Albalucía y de la literatura colombiana del siglo pasado. Una gema oculta dentro del boom y de la novela de violencia. Hay distintas voces y múltiples narradores y sin embargo cada uno es tan particular y distintivo y para nada gratuito que la torre de babel que se parece formar con la estructura del libro se funde fácilmente en un canto de pájaros acordes. 20/10.
Toda persona que viva en Colombia o que quiera saber sobre ella debería leer este libro. La narrativa, la historia y la forma increíble en que Albalucía mezcla la memoria individual con la memoria colectiva en un frenesí de tiempos que suceden todos al mismo tiempo hacen de este libro una obra maestra.
Un libro muy complicado, el constante cambio de voces y los saltos en el tiempo hacen que su lectura sea todo reto. Sin embargo, es una historia hermosa y poderosa con una gran carga emocional, te hace sentir el dolor de los personajes y entender la perversidad. Un libro devastador escrito por una persona rabiosa y diestra, uno de mis favoritos de este año.
Un libro maravillosamente escrito, que invita a la reflexión, a la lectura lenta y detallada, que nos obliga a regresar para recordar mientras nos obliga a enfrentarnos a nuestra propia historia colombiana. Maravilloso si tienen tiempo de entrar en él y participar en el pacto de lectura que propone. Recomiendo leerlo y volverlo a leer, me encanta.
Me gustó sentirme identificado con una lectura y apartes que solo aquellos que vivimos en la ciudad de Pereira podremos entender, porque es poco usual encontrar un libro sobre el lugar exacto donde uno está.
El libro lee con muchas voces, en simulatenidad, que ahogan las protestan de la misma manera en que ellas existen dentro de la sociedad colombiana. Más aún tomando el contexto de los 50s.