Lo transnacional, podría decirse, es un modo de existencia del feminismo tal y como viene expresándose desde que el grito “Ni Una Menos” y el llamado a la huelga feminista empezaron a replicarse viralmente sin atender fronteras nacionales.
El neoliberalismo, para atender sus modos de explotación, para imponer la implosión social en cada territorio, ha necesitado de una alianza cada ves más férrea con el fascismo y formas variadas del fundamentalismo religioso.
Frente a esta nueva ofensiva neoliberal, el feminismo transnacional ha apericido como un hecho inesperado. Lo que se juega hoy en las disputas por los sentidos del feminismo no es la división del movimiento que por otro lado siempre fue múltiple y poliédrico.
Se juega la potencia feminista misma en su deseo de cambiarlo todo.