“La serenidad es, entonces, la actitud que resulta de la existencia que se descubre siendo en cuanto que es interpelada para apacentar al ser y reconocer la insignificancia de lo óntico. Y por eso, con la apoteosis de la técnica y la exacerbación del tener, la serenidad sirve de parapeto al bullir de los entes como condición necesaria para escuchar el silencio del ser. Vivir en la serenidad es ser consciente del fundamento originario que le hace ser al hombre y ser a las cosas. La serenidad tiene, pues, mucho de continencia, de capacidad para abstenerse de la natural dispersión del hombre en las cosas del mundo, para evitar el dejarse llevar por los aspectos llamativos de la vida y permanecer vigilante ante cualquier atisbo de tentación que le impida liberarse del mundo para ser libre en el mundo.”