Acabo de terminar de leer este libro y aún sigo consternada. No me ha durado ni 24 horas.
Me ha impresionado muchísimo la historia; la dureza, la crueldad, pero también el amor, la indiferencia y la reflexión. Todo en este libro me ha impresionado y, desde luego, se ha llevado un trocito de mí.
Me ha encantado el estilo de la autora y no podría juzgar nada ni de su forma de contarlo ni absolutamente nada porque jamás podría ponerme en su piel ni en cómo lo ha vivido ella.
Me quito el sombrero por su valentía.
Ahora sí, edito mi reseña y la escribo con más tranquilidad:
¿Sabéis de esas veces en las que no sabéis qué leer, escogéis un libro al azar y, de repente, descubrís una lectura totalmente inesperada que no os deja de la misma manera que cuando la empezasteis? Pues eso es lo que me ha ocurrido a mí con este libro.
Viaje al Este es la historia de la propia autora, Christine Angot; una historia dura, perturbadora y muy, pero que muy, turbia. Ella relata de una manera muy explícita la relación de inc3st0 que vivió con su padre. Él abandonó a la madre de Christine, y a ella aún en el embarazo, y no fue hasta que la niña cumplió trece años que decidió conocerla. Desde entonces, y hasta alrededor de los treinta, fue sometida a reiteradas vejaci0nes de todo tipo.
Claro, si os digo que esto sucedió hasta alrededor de los treinta años, estaréis pensando que ella era lo suficientemente mayor como para haber detenido a su padre. Y realmente creo que ahí es donde se encuentra una de las grandes reflexiones de este libro.
Christine sentía un amor incondicional por su padre a pesar de todo. Desde luego, es una de las relaciones más tóxicas que he leído jamás. Pero ¿y si os digo que hay muchas cosas aún más escalofriantes en esta historia? Porque no es solo el padre, sino también la actitud de las personas que rodean a Christine.
No os contaré más para que podáis llevaros alguna sorpresa, pero ya os adelanto que este libro no se trata tanto de descubrir nuevos datos, sino de permanecer con la boca abierta de principio a fin.
A mí me ha destrozado la historia, pero también la manera de contarla. No seré yo quien juzgue el estilo de esta mujer, ni mucho menos; no debe de ser nada sencillo escribir algo así. La mayoría del tiempo, sus palabras son frías; su relato, a pesar de la dureza que transmite en todo momento, es superficial. Pero, durante todo el trayecto, te arrastra a los infiernos y, si no lo lees de una sentada, es porque necesitas cerrar el libro para coger aire y poder seguir.
No es una historia para cualquier lectora ni para todos los estómagos.
He leído un poco sobre ella y me ha despertado muchísima curiosidad leer otros libros suyos publicados en Anagrama, en los que también habla del tema, pero en forma de novela.