Tremendamente dura y aún así totalmente adictiva esta crónica de la creación del arma definitiva y más mortífera que ha conocido el hombre, por lo bien desarrollados que están todos y cada uno de los personajes principales y secundarios, bien reales en el s.XX, y lo bien que se hilvanan las distintas historias que hay detrás de cada uno de ellos.
Si me ha costado lo suyo escribir esta reseña es porque es una novela gráfica que te da qué pensar, y que te deja con un poso de desesperanza y amargura tras la lectura de sus 472 páginas. Los avances que son capaces de hacer uniendo esfuerzos las mayores mentes del s.XX en física (Leo Szilárd, Enrico Fermi, Einstein, Oppenheimer, etc), y son utilizados para crear, mediante fisión nuclear, las bombas más destructivas de la historia, mejor conocidas como bombas atómicas. Terrible desperdicio.
Esa nueva energía, la fisión nuclear, descubierta por tanta mente brillante que emigra de Hungría, Alemania e Italia antes del estallido de la II Guerra Mundial es aprovechada por una de las mayores superpotencias que ha conocido el mundo: Estados Unidos de América.
Nos vendieron en los libros de historia de mi infancia que querían acabar cuanto antes con la II Guerra Mundial y el dominio del Eje. Lo cierto es que Hitler ya se había suicidado más de 4 meses antes de tirar la primera bomba atómica en Hiroshima en la infame fecha del 6 de agosto de 1945, que los soviéticos invadieron Manchuria, y que estaba perdiendo Japón también la guerra del Pacifico frente a EE.UU (la batalla de Midway ya les dejó bien tocados), de ahí que la rendición nipona se hubiera dado igualmente sin tirar ambas bombas atómicas, ya que tenía demasiados frentes abiertos y ningún apoyo.
La verdadera razón la sabréis -aunque es fácil de deducir- leyendo esta crónica, pero avisados estáis de que os dejará con mal cuerpo, como ya avancé nada más empezar esta reseña. Hay que ser de acero y sin conciencia para que no te revuelva por dentro. Altamente recomendable. Un 4'75 de 5 ⭐ bien merecidas.