Juan Luis Vives es un humanista que escribe sobre los más diversos temas de filología, gramática y filosofía, de derecho y política, de historia y religión, en los que podemos considerar como vertientes fundamentales la antropología y la ética, es decir, la preocupación por el ser humano. Las obras cuya traducción castellana presentamos, El socorro de los pobres y La comunicación de bienes, se enmarcan entre las de tema social y político al abordar la teoría y la praxis del derecho de propiedad. Las dos constituyen un tratado sobre la propiedad privada y sus funciones, la individual y la social. Presenta Vives de manera expresa la proyección práctica de sus teorías sobre los bienes en la Activa sociedad de Brujas, con la primera obra, y con la segunda aborda un importante problema surgido en la llamada Germania Inferior, la sublevación de los anabaptistas. El socorro de los pobres versa sobre lo que en terminología actual denominamos «función social» de la propiedad privada. En La comunicación de bienes defiende el derecho de propiedad privada contra la colectivización o cualquier tipo de comunismo.
Juan Luis Vives y March. Humanista y pensador español. Nacido en una familia de judíos conversos, estudió en las universidades de Valencia y París. Desde 1512 se estableció en Flandes, donde fue profesor de la Universidad de Lovaina y entabló una estrecha relación con Erasmo de Rotterdam. También mantuvo amistad intelectual con Tomás Moro, que le llevó a enseñar en la Universidad de Oxford desde 1523.
Al igual que Moro, se opuso al divorcio de Enrique VIII, motivo por el que fue arrestado y hubo de dejar Inglaterra y regresar a Flandes en 1528. Su influencia sobre la Europa del Renacimiento fue enorme, pues no sólo acudieron a consultarle los más influyentes artífices de la Reforma protestante y de la Contrarreforma católica, sino que fue tutor y educador de muchos nobles que ocuparon puestos de responsabilidad en la monarquía de Carlos V.
----------------- Juan Luis Vives was a Valencian scholar and humanist who spent nearly his entire adult life in the Southern Netherlands. His beliefs on the soul, insight to early medicine practice, and perspective on emotions, memory, and learning earns him the title of the ‘father’ of modern psychology. Vives was the first to shed light on some key point ideas that established how we perceive psychology today.
Vives was born in Valencia to a Jewish family which had converted to Christianity. As a child, he saw his father, grandmother and great-grandfather, as well as members of their wider family, executed as Judaizers at the behest of the Spanish Inquisition; his mother was acquitted but died of the plague when he was 15 years old. Shortly thereafter, he left Spain never to return.
Whilst still in Spain he attended the Valencia Academy, where he was taught by Jerome Amiguetus and Daniel Siso. The school was dominated by scholasticism, with the dialectic and disputation playing a central role in the delivery of education.
Recién terminadas las dos obras de este libro que compré en Madrid, tengo que decir que encontramos los precedentes de la hipocresía burguesa decimonónica... Dicho esto, hay que diferenciar El socorro de los pobres, típico tratado del debate de los pobre, de La comunicación de bienes, que es un vulgar panfleto contra los anabatistas y similares.
El socorro es en realidad el libro con el que entender bien el segundo. La pobreza es un hecho derivado del pecado original, es decir, el cual obliga al trabajo. La obra es una completa apología al trabajo, como lo entendía el burgués decimonónico, y seguramente Vives hubiera aborrecido y se habría asustado del alegato del yerno de Marx en favor de la vagancia... La Beneficencia es entendida como una forma de salvar el alma como arma de utilidad, una forma de redistribución de la riqueza no invasiva, es decir, tradicionalista... Ahora este sistema ya no es solamente una cosa personal, como va a defender en su segunda obra, sino institucional, propia de la cosa común. No es una obra en favor de los pobres sin más, sino que es utilitarista, busca reeducar y rehacer el pobre a favor de la productividad; los pobres son despreciados y resultan asquerosos por su mácula de pecado, vicio y enfermedad.
El segundo libro es un alegato contra un protocomunismo o protolibertarismo cristiano, lógico a nivel teológico ya que el cristianismo nunca ha sido un alegato comunista ni libertario..., pero al final hipócrita (y hasta contradictorio a veces) con los orígenes de la desigualdad y la pobreza que se pretende eliminar. Esta obra es un claro precedente de toda la calumnia que se hará contra el socialismo, sea su forma marxista o libertaria. Puedes oír la teología aquí como una forma de argumentario económico, social o biológico en el s. XIX o XXI...
Considero que del primero de estos textos pueden extraerse, pese a los innegables aspectos problemáticos que en él se encuentran, intuiciones muy sugerentes para la elaboración de una alternativa a las principales tendencias socioeconomicas actualmente en disputa.
Ello, en primer lugar, por la forma en la que se interpreta la propiedad como una mera administración de bienes o dones que han de compartirse y ponerse al servicio del interés común, especialmente de los más necesitados. Esta es la famosa fórmula de la función social de la propiedad, que lleva a considerar que dicha propiedad es ilegítima (incluso un robo) si se retiene únicamente para fines egoístas.
En segundo lugar, resulta también de interés la pretensión de hacer compatible la libertad de los actos de caridad con la visión más realista de que se requiere de un complejo de hospitales bien organizados por parte de censores de la administración pública que examinen constantemente quienes son los necesitados, por qué causas y con qué medios se los puede socorrer sin hacerlos dependientes de forma indefinida. Aquí juega un papel crucial la pretensión de reincorporarlos a trabajos dignificantes y a la vida social.
Por ultimo, pese a no ser, por supuesto, original, resulta de interés el modo en el que se presenta a Jesús como fiador de todos los necesitados para asegurarse de que los que puedan asistirlos lo hagan, diciendo "yo no considero cristiano a nadie que no socorra, en cuanto está en su mano, a su hermano indigente".
Sin embargo, el aspecto policial de los censores o el modo en el que son descritos en ocasiones los indigentes resulta muy problemático. Por otro lado, se llega a condenar muchas veces a los necesitados a un grave inmovilismo conformista con el orden vigente: "se ha de evitar siempre el tumulto y la discordia civil, que son males mayores que el retener el dinero de los pobres". Esta idea del primer texto, vinculada con la idea de la libertad como condición necesaria de los actos de beneficencia, deriva en el tono más severo del segundo texto contra los anabaptistas, en cuya defensa de la propiedad se encuentra en menor medida la previamente reconocida ilegitimidad de aquellas posesiones que se destienen exclusivamente a los intereses egoístas. Se corre el peligro de impedir a los oprimidos toda reacción que no sea el agradecimiento servil y se los hace depender en muchos casos exclusivamente de la buena voluntad de los administradores públicos o de los particulares.