Una amplia selección con lo mejor del destacado poeta Alfonso Alcalde.
La figura de Alfonso Alcalde (1921-1992) es ya legendaria en la literatura admirada por figuras tan distintas como Neruda, Ángel Rama, José Miguel Varas o Bolaño, su obra es irreductible, de una variedad y una riqueza asombrosas. En su poesía combina magistralmente la distancia del observador con la calidez y la cercanía del habitante, del amigo. De ahí el título de esta antología, Vecino, que recoge una parte importante del que fue su gran proyecto poético, El panorama ante nosotros, publicado en 1969, así como una amplia selección de poemas de sus libros anteriores y posteriores.
Las voces y los diálogos, la muerte y la imaginación, la risa y el llanto, la expresividad y la delicadeza, las tradiciones y la invención son conceptos que, sin agotarla, permiten dar señas del talante de esta poesía única, que desborda libertad y emoción.
Poeta, narrador y periodista, Alfonso Alcalde escribió una obra tan torrencial y turbulenta como su propia existencia, en la que llegó a acumular tantos oficios y ocupaciones como años de vida. Publicó más de treinta libros que abarcan un vastísimo espectro de géneros y temas, desde la poesía hasta la cocina y la cultura popular chilena, pasando por reportajes ilustrados, libros para niños y obras teatrales.
Vivió en 25 países, se casó cinco veces y antes de dedicarse a escribir trabajó como ayudante de panadería en Argentina, ayudante de carpintero en las minas de Potosí y traficante de caballos desde Santa Cruz de la Sierra hasta el Matto Grosso brasilero. Fue agente de una empresa fúnebre, cuidador de plazas, delincuente, vendedor de diarios y ebrio consuetudinario.
Como poeta, la obra de Alcalde se vincula a la poesía de Pablo de Rokha y Pablo Neruda. Como narrador, su trabajo tiene un común denominador ideológico y literario con el de José Miguel Varas, Nicolás Ferraro y Franklin Quevedo. Con ellos comparte el cultivo de un realismo popular alimentado de la propia experiencia y del ejercicio del periodismo, entendido como una inmersión profunda y genuina en la realidad del pueblo chileno.
Alcalde entró al mundo de la literatura con el poemario Balada para la ciudad muerta, publicado en 1947 a instancias de Pablo Neruda, quien prologó el libro y contribuyó a que Alcalde decidiera dedicarse a la literatura, el periodismo y las labores editoriales. A partir de entonces vivió de manera intermitente entre Santiago y Concepción, desapareciendo ocasionalmente para refugiarse en el pequeño pueblo pesquero de Coliumo, Tomé.
A pesar del buen augurio que significaba el apoyo de Neruda, Alcalde decidió quemar gran parte de la edición de Balada para la ciudad muerta en una bacanal poética y simbólica que fue el punto de partida de su obra lírica posterior. Esta estuvo coronada por El panorama ante nosotros, obra poética de dimensiones monumentales que elaboró por décadas, mientras se ganaba la vida como periodista y publicaba su obra narrativa.
A fines de la década del sesenta, el autor vivió un momento de efervescencia vital y creativa, que se tradujo en una cuantiosa producción literaria y en su participación en proyectos de diversa índole. Algunos de sus relatos fueron llevados al teatro con sorprendente éxito e incluso exhibió sus singulares collages. Durante la Unidad Popular, Alcalde también fue una pieza clave del proyecto editorial Quimantú. Sin embargo, todo este entusiasmo se derrumbó de golpe en septiembre de 1973: fruto de la coyuntura política, debió iniciar un exilio que se extendió hasta 1979, año en que regresó a Chile y emprendió un doloroso proceso de reintegración.
Alcalde fue un escritor de destino trágico, tanto porque consideraba a la literatura como un oficio en el cual había que jugarse la vida, como porque él mismo decidió terminar con la suya, suicidándose poco antes de enterar los setenta y dos años. El glaucoma, la pobreza y el desánimo terminaron socavándolo. Murió sin saber que el gobierno le había concedido una pensión de gracia.
La abundante obra literaria de Alcalde ha sido reconocida póstumamente en numerosas reediciones que celebran la desmesura de su picaresca de la precariedad, con sus personajes marginales que sobreviven a duras penas entre la alegría y el llanto, en una miseria que el propio Alcalde conoció de cerca.
La escritura de Alfonso Alcalde es una escritura intensa, una escritura que parece infatigable a partir de las continuas enumeraciones con las que el poeta interroga al mundo. Vecino es una antología muy variada que nos acerca al universo poético de este singular escritor chileno. Su título hace referencia a ese vocativo con el cual el yo poético se dirige a su interlocutor valiéndose de la proximidad y del coloquialismo. Alcalde es un poeta que interpela al mundo con una vocación de diálogo y que desde lo jovial se aproxima a la gravedad de la belleza y a la fatalidad de la violencia (¡Qué crimen no cometieron!). La poesía que nos deja ver esta antología es una poesía de cantos prolongados y de salmos reflexivos y policromáticos, una poesía que interroga la propia sustancia verbal del poema y que en los momentos de mayor gravedad es un llamado a reaccionar, a ver el mundo de frente, a confrontar la injusticia. Alcalde nos advierte que tanto en la inocencia como en la gravedad de la denuncia es necesario un sustrato poético que sepa interrogar al mundo y que levante su voz con asombro y perplejidad.
Salmo de la inocencia
Uno cree tocar fondo, pero no. Hay otro fondo después del fondo y otro y otro, todos los días.
Hay una puerta y después otra sin fondo al comienzo y al final y estás desnudo en medio de todo.
El sol sigue su camino envejecido. Algún pájaro es casi tuyo de tan distante. Una mano se levanta, otro puño se cierra y perdonarás cada día con la misma inocencia de un niño viejo.
Salmo de la porfía
Me cortarán las manos y seguiré escribiendo a tiro fijo, atrincherado y menos digno.
Enviarán mis ojos no sé dónde y porfiadamente seguiré escribiendo.
Sumergido en el fondo de los ríos y en la misma soga del ahorcado seguiré escribiendo.
Decapitado y con las entrañas en otro sitio también seguiré escribiendo.
Aprisionado en la piedra de donde nunca debí nacer, seguiré escribiendo.
Golpeado y cincelado y puesto a gastar contra los días y contra mi mismo seguiré escribiendo.
Con mi cabeza como antorcha y cavando mi propia tumba seguiré escribiendo.
Zambra diría que fue un poetastro. Para mí, uno de los grandes perdidos de la poesía nacional, se deja ver que vivió en el delirio y coqueteando con la muerte.
Espero pronto poder visitar su tumba en Tomé, como también poder comprar "el panorama ante nosotros" completo de 1era edición , aunque esto último resulta más difícil.
Tanto ratón que quemó sus poemas y tanta ex esposa que se los comió( ¿o al revéz?) hacen difícil encontrar libros de Alcalde, lo cual cubre su obra de un aura de misterio.
La presentación, la novedad, los lazos, lo urbano, lo de barrio: entender que las puertas están cerradas o abiertas. Casi nadie habla ya de los vecinos, salvo para referirse a otras cosas que incluyen no toparse con ellos.