Un viaje de ida y vuelta al origen de la vida para comprender la especie humana desde una óptica naturalista para, precisamente, deshacernos de esas falacias naturalistas que pretenden encorsetarnos en leyes y normas prestablecidas. Porque «lo natural» va mucho más allá de lo empírico, es lo social lo que nos convierte en lo que somos. Tamara Pazos, más conocida en redes sociales como Putamen_T, presenta su primer libro, La biología aprieta pero no ahoga , en el que, desde una base científica, nos dará herramientas para enfrentarnos a los grandes debates públicos de la actualidad.
Toda una lección de biología humana desde el punto de vista de la evolución, el comportamiento, la construcción de lo que somos y cómo somos, y algunas reflexiones interesantes y profundas sobre las bases e influencias de la genética o el ambiente en la construcción del género o la orientación sexual. Valiente y cauto, con toques de humor. Muy recomendable.
Maravilloso. Tamara Pazos realiza una disección en cuanto a teorías feministas y queer se refiere, desde una perspectiva científica, apoyándose en la evidencia y en el conocimiento que la neurociencia es capaz de brindarnos a día de hoy. Siempre prudente pero también valiente, la autora derriba de un plumazo falacias naturalistas que desde ciertas partes de la sociedad se defienden, pero también es lo suficientemente humilde para aceptar que en realidad, no sabemos hasta qué punto nos condiciona nuestro material genético. Para leer el libro de Tamara Pazos además, no hace falta tener amplios conocimientos de biología ya que, en los primeros capítulos la autora explica los conceptos básicos que se necesitará manejar para poder entender los capítulos finales (para mi gusto los más interesantes).
Lo que yo he extraído de este ensayo:
"El problema con el uso de estas categorías es que no son tan estancas como parecen, unas pueden condicionar el desarrollo de otras y, por lo tanto, suelen estar relacionadas. El establecimiento del sexo cromosómico ya lo hemos visto: mediante la fusión de cromosomas de los gametos, 23 de cada progenitor, obtenemos un cigoto con un genoma completo, 46 cromosomas. El par número 23 será el XX o XY. Estos cromosomas tienen genes que influyen en cómo se desarrollan las otras categorías de sexo. Hasta la séptima semana de embarazo da igual si el sexo cromosómico es XX o XY, las diferencias en el desarrollo, hasta esa fecha, son indetectables. Es aquí donde la activación del gen SRY, localizado en el cromosoma Y va a marcar la primera diferencia. Independientemente del sexo cromosómico, hasta esa semana ambos tipos de individuos tienen unas gónadas comunes. En los embriones en los que se activa el gen SRY, se produce una diferenciación de estas gónadas. Parte de esas estructuras derivarán en la formación de unos testículos. Si no se activa, siguen su evolución hasta convertirse en los ovarios. En estos individuos no va a haber estimulación para que el clítoris crezca, sin embargo, si el gen SRY se activa, además de dar lugar a testículos, el clítoris crece dando lugar a un pene”. Página 209
Intersexualidad: “Existen múltiples tipos de intersexualidad. El proceso que lleva al dimorfismo genital no es tan sencillo como que se active o no el gen SRY. Los genes pueden activarse y producir hormonas con una función determinada, pero estas necesitan receptores, estructuras proteicas que recogen estas sustancias y llevan a cabo una función. Si el gen SRY se activa pero el individuo no tiene los receptores, no funcionan o no hay una buena coordinación, el resultado final puede ser muy variado. Antes de llegar a la diferenciación de los genitales, encontramos intersexualidad en el sexo cromosómico. En la fusión de gametos pueden darse distintas situaciones que pueden llevar a la formación de gametos en los que falta parte de un cromosoma X o tan solo hay uno. Como ocurre en el síndrome de Turner en el que las personas que lo padecen no desarrollan caracteres sexuales adultos y son estériles. Existen individuos con cromosomas XXY y también son estériles. Cuando no se activa el gen SRY, tenemos un XY con algunas características morfológicas asociadas a machos pero con genitales femeninos. Otra variante de intersexualidad es aquella en la que existen ambos pares conviviendo en el individuo XX y XY. En estos casos pueden desarrollar ambos tipos de tejido gonadal y ambigüedad genital. El espectro dentro de la intersexualidad puede dar casuísticas en las que hay complicaciones para la salud y han de tomarse medidas, pero muchas otras no limitan con un desarrollo adecuado del individuo. Este espectro no termina simplemente en lo que denominamos intersexualidad, las variaciones en la coordinación de genes, hormonas, receptores y otros factores que afectan al dimorfismo sexual también se dan en los individuos que consideramos correctamente sexuados”. Página 210
Sexo hormonal: “A partir de la octava semana del desarrollo embrionario podemos observar la producción de una de las hormonas sexuales más conocidas, la testosterona. Esta hormona se produce tanto en los ovarios como en los testículos, pero en estos segundos su producción es mucho más abundante y va a condicionar en mayor medida el desarrollo de esos individuos. Alrededor de esta semana del embarazo, cuando la activación anterior del gen SRY ya había dado lugar a la formación de testículos, estos empiezan la producción de testosterona que acelerará el desarrollo del pene y del resto del aparato reproductor. En el caso de los individuos en los que no ha habido esa activación del gen SRY, la formación de los ovarios los ha constituido también como glándulas secretoras, en este caso de estrógeno. Esta hormona va a inducir el desarrollo del clítoris, labios mayores, labios menores y el vestíbulo. Esto implica que hasta el segundo mes de embarazo, casi el tercero, no podemos percibir la genitalidad del feto en una ecografía, ya que independientemente de que el gen se haya activado con anterioridad, los testículos aún no habrán descendido ni se habrá desarrollado el pene. Una vez formadas estas estructuras, seguirán funcionando como glándulas de producción de hormonas sexuales. De esta forma podemos vincular el sexo gonadal al hormonal. Si el sexo gonadal es de ovarios, tendremos una producción más elevada de estrógenos; en el caso de testículos, destacará la producción de testosterona. A pesar de esto, el desarrollo de ambas glándulas no implica unos niveles de producción hormonal iguales en todos los individuos ni tampoco implica que tengan receptores para que estas hormonas tengan siempre los mismos efectos. La forma que tiene la sociedad de evaluar la producción hormonal es a través de los rasgos que percibimos; en el caso de los bebés e infantes, el único dimorfismo sexual que se puede percibir es la genitalidad. Es más adelante, en la pubertad, cuando podemos ver otros cambios corporales asociados al dimorfismo sexual que también están vinculados al ADN y a las hormonas”. Página 212
Sexo anatómico: “Podríamos decir que el sexo gonadal es también anatómico, pero cuando se habla de esta categoría se hace referencia a otras características físicas, además de la genital. Dentro del cerebro también existe producción hormonal. El hipotálamo es una estructura muy vinculada a la regulación del sistema neuroendocrino. Es como un laboratorio que está analizando constantemente nuestra sangre, detectando nuestras necesidades y emitiendo órdenes para hacer reajustes. […] Las diferencias anatómicas son evidentes, pero no permiten formar dos categorías estancas de personas A o personas B. Hay personas B que tienen características A, y viceversa. Por eso, aunque podamos decir que los B son más altos, no podemos coger a un ser humano, medirlo y afirmar que es B. Esto es aplicable a casi cualquier categoría asociada a un dimorfismo sexual. Si hacemos un quién es quién de dimorfismo sexual, no podemos asegurar que alguien con bigote tiene genitales. ¿Es estadísticamente más probable? Totalmente, pero no acertamos ni en el 90% de los casos. Bigote tenemos casi todas las personas en la etapa adulta, el espesor es claramente distinto, pero hay una mitad de la población condicionada socialmente a quitarlo independientemente de si es muy espeso o una pelusilla de melocotón. Podría poner ejemplos como este en ancho de hombros, de cadera, desarrollo de mamas, largo de pie o peso corporal, pero creo que queda claro el ejemplo. No podemos coger ninguna de estas características y asociarlas a un sexo. Es lo mismo que pasa con los cerebros. No podemos saber si un cerebro es de hombre o de mujer. Si te pongo un cerebro en una mesa, aunque tengas al lado un atlas del cerebro humano y diez expertas en neurociencia, no podréis asegurar si se trata del cerebro de un hombre o de una mujer. Es posible que existan características que lo permitan diferenciar con exactitud, pero hoy en día no se conocen.” Página 214
En muchos estudios podemos encontrar consenso en las diferencias de algunas estructuras cerebrales, pero estas diferencias no se encuentran en niños. Desconocemos si se trata de la evolución del cerebro en la etapa adulta condicionada por nuestro sexo o, como apuntan muchas investigaciones, si se trata de estructuras desarrolladas en función del rol social. El cerebro, a pesar de no ser un músculo, funciona como si lo fuera. Cuanto más usas una parte, más crece. Se enriquece de células y neuronas destinadas a cumplir esa función y obtiene más activación y recursos que otro cerebro que no use tanto esa área. Es sonado el ejemplo de los taxistas que tienen más desarrollada que el resto de la población su área del cerebro vinculada a la memoria espacial. Su hipocampo es significativamente más grande que el del resto de las personas y, que sepamos, una persona no nace taxista. El uso de distintas regiones cerebrales va a fomentar diferencias morfológicas y, por lo tanto, es muy difícil estimar si van a tener lugar o no. En el caso de las mujeres, estamos expuestas a roles sociales que asumen que somos buenas en la conversación, en las emociones, en la escucha activa y en las tareas sociales. Resulta intuitivo pensar que si desde pequeña estoy jugando a crear historias, resolver conflictos entre muñecos y escuchar series adolescentes dramáticas de amor, tendré más entrenados esos aspectos que una persona que no lo haga. Por otro lado, si a los hombres los enfocamos desde niños a roles técnicos y de manipulación de herramientas, a la vez que proyectamos sobre ellos experiencias negativas cada vez que expresan emociones, vamos a generar cracks de la tecnología con unas áreas del cerebro que parecen estar diseñadas para ello y, por otro lado, áreas vinculadas a aspectos sodales menos desarrolladas que podrían justifcar cierta incompetencia emocional. En el pasado se han hecho verdaderas barbaridades en cuanto a tratar de encontrar diferencias en los cerebros de nombres y mujeres, todos enfocados a demostrar la inferioridad de las segundas, ¡cómo no! Hoy en día, como te digo, aún nos falta camino. Se han encontrado diferencias en la anatomía cerebral en torno a volúmenes absolutos. Otras investigaciones refieren haber encontrado diferencias estructurales en el área de Broca, cuerpo calloso, hipocampo y amígdala. En una revisión de 2021 donde se estudiaron muchas publicaciones tanto de orientación sexual como de identidad de género, los autores llegaron a la conclusión de que a pesar de que puede haber tipos de estructuras más comunes en un sexo u otro, cada cerebro es como un «mosaico único» y que, efectivamente, aún no podemos coger un cerebro y saber si es de hombre o mujer. Señalaron que es necesario seguir investigando las áreas cerebrales donde se han encontrado dimorfismos sexuales, como es el caso del transporte de serotonina, el hipocampo, hipotálamo, caudado y cuerpo calloso, así como seguir estudiando las áreas del cerebro que se han vinculado a la percepción de la identidad, como es el caso del córtex parietal, córtex insular y las conexiones con el tálamo y el pu- tamen (mi parte favorita del cerebro). Algo muy importante que subrayan los autores de esta revisión, y que es extrapolable a toda la investigación reciente con neuroimagen en neurociencia, es que la correlación entre una función del cerebro, la variación en volumen o su activación con una actividad o conducta no tiene por qué indicarnos que esta cuestión esté directamente vinculada a la causalidad de la conducta.” Página 218
“Género: rol público y reconocido legalmente. Asignación de género: identificación inicial del individuo como mujer o varón. Da lugar al género natal. Género atípico o inconformista: son los rasgos somáticos y/o conductas que no coinciden con los de un sujeto de su mismo género asignado. Identidad de género: es una categoría de identidad social que se refiere a la identificación con el género femenino, masculino o no binario. Disforia de género: es un término empleado como categoría diagnóstica que hace referencia a una insatisfacción afectiva y cognitiva con el género asignado. Transgénero: hace referencia al amplio espectro de sujetos que de forma permanente o transitoria se identifican con un género distinto al natal. Transexual: son aquellos sujetos que buscan o han experimentado una transición social de varón a mujer o de mujer a varón, lo que en algunos casos puede conllevar una cirugía de reasignación sexual.” Página 222
Sexo autopercibido: “A día de hoy, la cuestión de la identidad sigue en el campo de la metafísica. No sabemos exactamente cómo se construye ni qué significa desde el punto de vista cerebral. Entendemos que tiene que ver con la percepción que tenemos de uno mismo, pero es muy complejo llevar esto a un campo biológico en nuestras neuronas. Hablo de identidad en general, pero la cuestión de identidad sexual o de género va más allá. Quiero compartir información delicada. Digo esto porque se trata de estudios escasos que hay que coger con pinzas y esperar a que se repliquen en distintos laboratorios independientes y se obtengan los mismos resultados. Dick Swaab, un reputado pero controvertido neurólogo holandés, afirma que sí hay un origen biológico para la transexualidad. Insisto, creo que hay poca evidencia para demostrarlo todavía, considero que hay que tomar esta información con delicadeza y esperar años, incluso décadas, para poder comprobar si esta cuestión es así. Este autor habla de percepción del género y habla también de un dimorfismo sexual en el mismo.“ Página 225
“Ojalá viviéramos en un sistema en el que nadie sintiese la necesidad de cambiar su apariencia para expresar su identidad. De ahí el interés de muchas personas en abolir el género”. Página 246
“Insisto en que la neurociencia y la psicología no pueden dar hoy en día una explicación en la que haya consenso sobre si las identidades de género tienen o no una base biológica. Tenemos evidencia que apoya ambas cuestiones. Lo que sí puede explicar la neurociencia es cómo los roles de género impactan negativamente en el desarrollo y las vidas de muchas personas y cómo la transfobia y la negación de la identidad a una persona puede repercutir gravemente en su salud. Desde el siglo xx en el que apareció el concepto de género, las mujeres hemos hecho un largo recorrido de lucha para subrayar la desigualdad que generan estos roles. Este concepto fue necesario para señalar lo que se estaba haciendo mal. Según los genitales que yo tenga estás asumiendo qué capacidades tengo, para qué valgo y hasta dónde puedo llegar”. Página 307
“En mi opinión el colectivo queer, visibilizando lo disidente, lo no binario, está haciendo una labor imprescindible en el proceso de abolir el género. Aunque se pueda percibir como una acción para darle más peso y, en vez de cargarnos los dos que tenemos, que salgan 68.975.934 géneros más, yo creo que visibilizar las infinitas realidades de la expresión de género es el camino a que un día, efectivamente, ya no tenga sentido poner identidad en ello. Si mañana me dices que no soy ni mujer ni hombre, mi identidad ya la he desarrollado en este contexto cultural. Nada va a cambiar. Sin embargo, el camino de que las siguientes generaciones se expongan a todo un espectro de expresiones de género acabará destruyéndolo desde dentro porque pasará a ser una información irrelevante. En el punto en el que todos seamos realmente libres para actuar, vestirnos, socializar y desarrollarnos como personas, a nadie le va a importar si eres cis, trans, persona no binaria, de género no fluido..” Página 308
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Hay cosas que me van quedando claras y una de ellas es que el tiempo es el recurso más valioso que podemos darnos a nosotros y a otros.
La cuestión va más allá de la pertenencia al grupo. Compartir espacio con personas si estas no te valoran y no eres parte activa de las dinámicas de ese grupo puede ser tan doloroso o más que la soledad. A esto se le llama necesidad de aceptación y validación.
La salud mental es física. Lo que entendemos como mente tiene emplazamiento físico en estructuras cerebrales cuyo funcionamiento puede estar herido y es necesario repararlas.
En muchos estudios podemos encontrar consenso en las diferencias de algunas estructuras cerebrales, pero estas diferencias no se encuentran en niños. Desconocemos si se trata de la evolución del cerebro en la etapa adulta condicionada por nuestro sexo o, como apuntan muchas investigaciones, si se trata de estructuras desarrolladas en función del rol social.
Por ello, la categoría sexo-género no puede ser abolida hasta haber conseguido una igualdad de derechos real que elimine las opresiones que sufre la mujer. Si eliminamos la categoría de sexo en los registros, el movimiento feminista perdería la identificación de su sujeto político, imposibilitando por lo tanto continuar denunciando las injusticias, agresiones y violencias que sufre una mujer por el hecho de haber nacido con vulva.
Para que el sistema recoja tu identidad de género tienes que pasar un proceso de evaluación psicológica que dicte que estás en plenas capacidades de salud mental para considerar que eres una mujer, un hombre o que no te identificas con ninguno de esos géneros. Personalmente, no recuerdo ese proceso. Puede que me lo hayan hecho a través de auriculares intrauterinos estando yo tan pichi en el vientre de mi madre.
Esto de abolir el género me parece un camino largo cuyo fin no vamos a vivir ni tú ni yo. Por eso precisamente no veo por qué debemos impedir hoy a una mujer trans vivir como una más. Si nosotras podemos usar el género antes de tirarlo, ella también.
Mi extrema preocupación por lo difícil que es educar bien a una persona me aleja de querer dar vida a una.
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Me pareció interesante y ameno (me duró dos días escasos). En mi caso, ya sabía mucho de lo que en él se cuenta, de ahí las tres estrellas, que son una percepción individual de caunto disfruté yo. Sin embargo, puedo decir que da datos interesantes, cimentando desde la biología más básica. Para mi un punto no tan a favor es que muuchas páginas estan cargadas de “artículo de opinión” de la autora, lo cual no es algo que buscara con este libro. Un punto a favor sería que la propia autora reconoce que no hay evidencia científica aún de algunas de las respuestas buscadas, que seguimos investigando. También que ella misma esta en la búsqueda de más conocimento. Vamos sabiendo más, pasándonos ese testigo entre los miembros de la especia *guiño, guiño*.
Mi primer libro sobre divulgación científica ha sido este, un completo éxito! Si no conocéis a Tamara por los podcast y redes sociales que tiene , como creadora de contenido es brutal (@putamen_t) y ahora como autora suma otro éxito! Desde mi punto de vista sabe acercar la ciencia de una forma muy amena e interesante , por lo informal que es y cómo va hilando temas ! Mediante las anécdotas personales y cuadros que recogen datos añadidos o en forma de resumen, es un libro al que no me costará nada ir consultando con el tiempo ! Cubre temas súper interesantes y actuales , aportando sus reflexiones y en ocasiones su opinión (de forma pertinente) ! Algunos de los temas tratados y que me daban especial curiosidad leer en este libro: orientación sexual , el sexo, el género y la cultura de la cancelación .
Es un libro que está bien, tiene partes interesantes. Lo que no me ha gustado son los dos últimos capitulos, uno porque me leí hace poco cerebro milenial y era un libro que hablaba de lo mismo y por eso igual se me ha hecho algo pesado, y el último era mas bien una opinión de la autora y no me interesaba mucho.
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Muy buen libro para estudiantes de instituto y para quién quiera iniciarse en la biología. Tamara es clara y amena, se lee rápido. Yo ya tengo base de ciencias y a pesar de ello lo he disfrutado, especialmente los últimos capítulos.
Un libro genial donde la autora expone, desde la biología y con bases científicas, su perspectiva con respecto a temas controvertidos como pueden ser el feminismo, el machismo, los conceptos de sexo y género, entre otros.
Divertido de leer, aunque los primeros capítulos son un coñazo si sabes algo de medicina y biología porque habla de la evolución, el ADN, los genes, etc.
Un libro que te hace entender y aprender conceptos biologicos de una forma muy amena y comprensible para todo el mundo. Y, lo más importante, te hace reflexionar!! Magnifico!!
Conforme iba avanzando menos me estaba gustando. Supongo que no ha sido un libro para mí. Siento que de 300 páginas, solo 50 han sido de contenido estrictamente de biología. Lo demás eran bromas y artículos de opinión de la autora sobre, mayormente, temas políticos. El último capítulo me ha parecido completamente insufrible. Se supone que trata las falacias naturalistas y se pone a hablar la mitad del tiempo sobre el odio, la cancelación y la cultura del esfuerzo. He aprendido cosas, pero mayormente me ha hecho sufrir y desear que se acabara de una vez. Qué suplicio.