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240 pages, Kindle Edition
First published February 1, 1996
Nuestra hija templó el diálogo febril, fue el apacible punto de excursión adonde escapábamos de nosotros mismos. Fue aire, ventana que ventiló nuestra interioridad, sin el áspero contraste de lo externo. Renovó nuestra atmósfera con nuestro propio aliento.(pág.26)
Se me ocurre pensar que cada día lo que aprenda en esta casa blanca, lo que la vaya separando de mí –trabajo, amigos, ilusiones nuevas–, la irá acercando de tal modo a mi alma, que al fin no sabré dónde termina mi espíritu ni dónde empieza el suyo...(pág.37)
la mujer que leía la carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos, que no lo ha visto nadie y que acoge a todos los pájaros ateridos y audaces, brindándoles terreno para que hagan su nido en él unos instantes.(pág.42)
Esta noche he vuelto a soñar [...], y me han invadido tantos y tantos recuerdos, y pienso que hubiera podido establecer una larga lista de agresiones y de agravios, que tal vez comencé esta carta con la intención de convertirla en un ajuste de cuentas, pero he descubierto que los agravios y las agresiones, si existieron, han dejado hace mucho de importarme [...].(pág.92)
La primera vez que me declaré a mi madre, tenía tres años.(pág.97)
Mi madre ha muerto, ha callado para siempre, y yo ya no puedo seguir alejándome de ella, huyendo de ella. Y tengo la impresión de que la vida es muy larga, casi infinita, esta vida que está empezando ahora y que me parece tan triste como el bar inhóspito de este tren nocturno, perdido.(pág.134)
Conocer es incorporar a tu corriente particular y es francamente difícil desconocer a alguien. A lo más que se puede llegar es a olvidar. Y aunque parezca que olvidas, tu vida no olvida.(pág.156)
«Había una vez un tiempo en que los hombres no tenían alas.»(pág.161)