Lo mejor de este libro es, sin duda, su título y portada, que hacen pensar que encontraremos algo de horror lovecraftiano aquí. Pero no.
Aberraciones es una colección de 12 cuentos de terror que me decepcionó bastante. La mayoría son historias simples, con una prosa saturada de expresiones coloquiales que, si bien podrían haber funcionado en los diálogos para dar naturalidad o carácter, pierden fuerza al estar incrustadas en la narración misma. Frases como “para más remate”, “altiro”, “se hizo la mosquita muerta”, “más contento que perro con dos colas”, entre otras, generan la sensación de estar escuchando las historias de un adolescente que aún no ha aprendido a expresarse con madurez, más que leyendo una verdadera obra de terror.
Las historias, por otra parte, son bastante anodinas, salvo un par de excepciones donde, ya sea por una buena idea de base o porque el autor logra hallar el tono adecuado, alcanzan un nivel disfrutable. Destaco los siguientes:
1. Ricitos de Oro – ★★★★★
El mejor relato del libro. Nos adentramos en la mente de una anciana que se obsesiona con un niño al que llama Ricitos de Oro. El tono, la voz narrativa y la progresión del relato están muy bien logrados. Excelente cuento, el único que realmente ovaciono del conjunto.
2. El señor Andrés – ★★★★☆
El cuento que abre la antología. Conocemos al señor Andrés, un personaje rodeado de sospechas respecto a lo que hace con los niños. El protagonista intentará desentrañar el secreto que se oculta detrás. Aunque la narrativa no acompaña del todo, el relato tiene buen ritmo, buena atmósfera y un final acertado.
3. Los ángeles – ★★★☆☆
Un párroco investiga qué sucedió con la familia Gutiérrez, que no se presentó a misa. Aunque el desenlace es predecible, la ambientación está bien lograda, con un tono policial disfrutable.
4. La caleta de Cocholgüe – ★★★☆☆
Es el único relato con una pizca de Lovecraft, con un guiño evidente a los Profundos. Si bien no es un mal cuento, su trama es demasiado simple y predecible. Queda en una mera intención interesante.
De los demás, poco hay que decir. Varios relatos parten bien, con premisas atractivas, pero rápidamente se desinflan por lo que parece una clara falta de taller del autor. Ideas con potencial que no terminan de cuajar por errores de tono, ejecución o desarrollo.
Antología irregular. La escritura necesita una edición más rigurosa. A pesar de algunos relatos rescatables, el conjunto se siente poco trabajado, como si se hubiera publicado antes de estar listo.