Durante la Segunda Guerra Mundial la República Mexicana contribuyó a alimentar a la insaciable maquinaria de guerra del Tercer Reich con toneladas de materias primas y metales estratégicos que fueron enviados primero legalmente y posteriormente de contrabando a través de los puertos de Veracruz y de Tampico.
El petróleo que vendió el presidente Lázaro Cárdenas a la Alemania de Hitler desde abril de 1938 se trasladó al puerto de Hamburgo, donde estaba la refinería más grande del Tercer Reich llamada Eurotank.
El crudo mexicano ya refinado les permitió a los bombarderos Heinkel He III y las Junker Ju 87 B1 destrozar las defensas primarias de Polonia, a los veloces Panzer IV arrasar sus territorios para que las tropas de las Wehrmacht conquistaran en escasos días Varsovia, la capital de Polonia. Y para que esas hordas marcharan también con el paso de ganso sobre los Campos Elíseos y en las principales calles de las naciones del continente que fueron invadidas por los nazis.
La inédita colaboración entre el presidente nacionalista Lázaro Cárdenas del Río y el canciller Adolfo Hitler se fraguó desde meses antes de que en México se decretara la expropiación petrolera.
El general Cárdenas la consideró como el único salvavidas para su proyecto de nacionalizar la industria petrolera que estaba en manos extranjeras y poder constituir un país que mantuviera posesión sobre los inmensos mantos del crudo que inundaban el subsuelo mexicano.
El libro explica el rol de México en los planes de Alemania en la segunda guerra mundial: servir como fuente de petróleo y materias primas para el esfuerzo de la guerra y servir como plataforma para espionaje y sabotaje en Estados Unidos para esto Alemania envió agentes a México e infiltro el gobierno mexicano con simpatizantes fascistas. Estos esfuerzos eran observados por la inteligencia mexicana y desde luego por la inteligencia estadounidense.