No sé ni por dónde empezar...
Sabía de alguna manera que este libro no iba a ser tan especial como el primero para mí, y no lo ha sido, pero no por ello ha dejado de serlo. Me ha ayudado, al igual que a Ryan, no a cerrar una etapa, sino a guardarla dentro del corazón y seguir adelante. Puede sonar muy dramático, pero me siento así de verdad.
Las partes del diario son las páginas más tristes y desgarradoras. He tenido que parar muchas veces y, no me escondo, las lágrimas han vuelto cuando menos lo esperaba, he pasado los tres últimos capítulos presenciando la lucha de mis lágrimas por salir. Y sí, algunas lo han conseguido.
Este libro ha sido como un choque contra la realidad. El primero me pareció una película en cierta parte, tanto en los buenos momentos como en los malos. Este no es así, es un golpe directo con la realidad, situaciones mucho más cotidianas que, por otra parte, ayudan mucho a acercarse a los personajes. El realismo no es mejor ni peor, simplemente es una pequeña indicación que creo que muestra la evolución de la historia.
Creo que estoy leyendo una saga que me está cambiando la vida de algún modo; que me está haciendo llorar, reír, que me hace sentir arropado cuando lo necesito, que me crea ansiedad y me la quita, que me hace sonreír, preocuparme, suspirar cuando todo sale bien, ponerme en tensión cuando no; una saga en la que he conectado con todos los personajes, que me ha hecho preguntarme cosas, anhelar recuerdos que nunca he tenido y que quizá sí quiera tener. Está siendo muy especial para mí y estoy muy feliz de que haya llegado a mi vida por una casualidad tan tonta como que me gustara el título.