Los nacidos a finales de los años ochenta tenemos Chechenia grabado con los primeros esfuerzos de la memoria. La televisión repite su nombre maldito y muestra escenas espantosas de guerra, terrorismo y fanatismo de todas las clases. Se consigue convertir este pequeño país como el peor lugar del mundo, con permiso de Bosnia. Hasta la aliteración en su nombre es algo desagradable. Aqui hay hambre, hay fuego, hay frío, hay terroristas barbudos y hay rusos. ¿Qué pasa cuando en una peli aparece un personaje checheno? Va a haber jarana.
Invoquemos el conjuro checheno. La historia es emocionante. Tras el colapso de la Unión Soviética, el nuevo presidente conmina a las repúblicas periféricas y meridionales que cojan tanta libertad como puedan soportar. La frase es grotesca. Es una caja de regalo enorme con un interrogante y dentro hay serpientes venenosas. Para las repúblicas bálticas fue un regalo, pero para Chechenia fue el catalizador del desastre.
Metemos en la marmita miseria, leyes tribales, brutalidad, fe en la tradición, odio a los rusos, nacionalismo, fanatismo religioso, predisposición al guerrilleo y muchas muchas armas. Con estos ingredientes lo raro era que no pasara nada. Los rusos, con su ejército abatido y desmoralizado entran en Chechenia y tras un año y medio, pierden. ¡Pierden! Esto demuestra que por muy ignorante que seas, no hay empresa imposible.
En el libro, que abarca la primera y segunda guerra, se mezclan todo tipo de testimonios, introducciones al contexto, descripciones de personajes importantes. La primera guerra (diciembre de 1994) es escandalosamente interesante pero la echa a perder entre tanto salto y tanta entrevista vacía. Me quedo con la descripción del contexto internacional. Pasando a la acción, las primera batalla de Grozni y el desastroso asalto de Año Nuevo de 1995 por parte de los rusos tuvo que ser una inyección de moral para los chechenos, pero tras el primer embate, los invasores consiguen arrinconar a los chechenos en sus montañas. Cuando estos solicitan insistentemente poner fin a la guerra, un grupo de varios miles de guerrilleros consigue entrar en la ciudad sorpresivamente y la toman en pocas horas. La guerra ha terminado. Victoria heroica chechena y humillante derrota rusa.
Ni que decir tiene que la situación se deteriora: el presidente muere por un misil ruso y el jefe de los rebeldes se convierte en presidente, se suprime la justicia y los tribunales y las mafias chechenas toman el control de la calle y del Estado. Pasó poco tiempo hasta que un grupo de guerrilleros comandados por un belicoso líder dieran pie a empezar la segunda guerra.
Hasta aquí es aproximadamente la mitad o dos tercios del libro, y es en mi opinión la mejor parte. El libro es decepcionante. Dejando de lado que va a salto de mata, no se menciona una sola fecha. Ni año, ni mes, ni día. Ni en la introducción al conflicto ni en su estancia en tierras caucásicas. El orden de la narración es evidentemente cronológico, pero deja mal sabor de boca tener que recurrir a otras fuentes para entender qué esta contando. Gran parte de las historias personales son un ripio que hace engordar el libro por encima de su longitud razonable. Me parece que está escrito desde la frustración, ya que no sabemos si por vergüenza, miedo o incapacidad no consigue ninguna entrevista con nadie importante de la guerrilla. La última parte del libro vive de hecho de esta promesa, una entrevista en la segunda guerra con Masjádov o Basáyev que nunca llega. Como reportero de guerra deja bastante que desear.
Me ha gustado el planteamiento del antagonismo entre Masjádov y Basáyev. El primero coronel del ejército ruso, hombre de justicia, de palabra, pacificador y dialogante. El segundo hombre guerrillero hasta la médula, pendenciero, fanático, temerario y beligerante. Ambos los retrata benévolamente como héroes militares de ambas guerras y queda muy convincente. A lo largo de la lectura me he enamorado varias veces del intrépido Shamil. En el "ataque" a Budionnovsk, las bravatas contra la todopoderosa Rusia, y como líder de guerrilleros.
Si buscas acción al más puro estilo checheno... no la hay. Ni siquiera tardíamente cuando habla de la terrorífica huida de Grozni de los rebeldes en la segunda guerra chechena. Incluye un testimonio de un guerrillero que estuvo allí pero la entrevista se queda corta. Qué decepción de periodista. Mi opinión es que estuvo muy acojonado la mayor parte del tiempo que estuvo allí. Interesante los contactos internacionales, las reuniones canallas entre traficantes de armas, ministros y presuntos terroristas en las que se dilucida la financiación de la guerra.
Me he bebido el libro pero con la frustración siempre presente a cada episodio. Una historia fascinante de dos guerras entre guerrilleros y un ejército regular contado desde allí muy pobremente. Qué rabia da cuando una gran historia eclipsa un libro mediocre.