La palabra piñen proviene del mapudungun, la lengua del pueblo mapuche, y se refiere al polvo o la mugre aferrada al cuerpo. Una palabra que se ha venido utilizando de forma peyorativa en Chile para referirse a personas racializadas o de extracción social baja. Daniela Catrileo hace suya esa palabra y la reivindica, como parte de la memoria oral de un pueblo oprimido, de un testimonio común, resignificándola. Este libro contiene tres relatos ubicados en la periferia urbana y social. La autora nos habla desde ese lugar, sobre lo que significa ser mujer y crecer en esos espacios más allá de las representaciones hegemónicas que existen de las clases populares y los pueblos originarios asentados en el extrarradio de las ciudades chilenas. Tres cuentos en los que la poesía y la violencia, el cuerpo y lo simbólico, lo personal y lo colectivo, se entrelazan en un gesto de existencia y resistencia.
Segunda vez aquí. Aunque tiene una voz algo declarativa en su descripción, creo que le hace justicia al sentido político del libro, porque es una reivindicación identitaria. Aguante el mapuñol, hermosa la prosa y la memoria de la ñaña Catrileo <3
Había leído la poesía de Daniela Catrileo, pero no su narrativa. Su voz teje las historias con frases poéticas y explicativas, no hay historias en un sentido más tradicional del cuento; es un tono más ensayístico, más de decir que de mostrar. Me gustó la mezcla de español y mapudungún, frases que, como he estudiado un poco, logré entender. No me sentí ajena ante los pichikeche, la fütra waria, el abuelito diciendo "Iñche ta pura mari tripantu" y el asistende de bus diciendo al final "Mari mari lamngen, Iñche Ramiro Curaqueo, pingen". Es hermoso ese final de cuento. Hubo algunas escenas que me parecieron demasiado grotestas y toscas, como la descripción de la penetración en el relato "Pornomiseria"; pero entiendo que ese es el gesto que la autora quiere generar: el impacto, el asco, la incomodidad. Me encontré en San Bernardo, sus blocks apretados, sus canchas de tierra, sus micros eternas, sus pieles morenas. Bonito ejercicio mapuchileno. Hay algunas cosas de la prosa que yo hubiera editado (de puro mañosa que soy). Aún así, es hermoso. Gracias a Sofía Esther Brito que me regaló este libro para mi cumpleaños 34.
Me gusta cuando les escritores trabajan sus textos y los cuidan como ecosistemas individuales, cada uno con sus particularidades. Eso me pasó leyendo esta colección. Me sorprende, además, la cantidad de temas que suscita su lectura pese al hermetismo de su condensación narrativa. Se habla sobre el ser mapuche, la maternidad, la extranjería, la homosexualidad, el porno, la hibridez identitaria. Salvo por el primer relato, acá no hay pedagogía. Pienso que Catrileo supera la ficción enmarcada en lo indígena que busca informar más que narrar. Acá hay construcción de mundo por medio de una escritura muy prolija. El último cuento es magistral.
Quizá se deba a mi deformación profesional, pero me es imposible concebir la enseñanza sin incluir este libro, que con gran talento narra, describe e incluso poetiza una marginalidad identitaria. Los tres relatos son historias potentes, que logran articular la infancia y la política, posicionar la niñez desde la periferia, desde la historia oculta de “la historia oficial”. Son relatos que desenmarañan dolores y heridas, que intentan -y lo logran con excelencia- plasmar un origen más común y más ad hoc a la realidad, una realidad alejada de la hegemonía, pero que la autora logra escribir de una forma hermosa. Hay belleza en toda esta narración, tanta belleza en ser huérfanas y huérfanos de lo hegemónico, que le mandé un audio de whatsapp a mi mejor amiga leyéndole un fragmento de una situación similar que ambas vivimos en el colegio.
Estoy convencido de que un libro no son solo sus ideas e imaginarios, sino su escritura. En principio, podríamos escribir sobre cualquier cosa, desde lo más minúsculo hasta lo más importante, y sigue siendo el texto (palabra tras palabra) lo que me importa.
Piñén es un libro relevante para estos tiempos y lo leí con una etiqueta de "deuda" al lado. Hay imaginarios bakanes e historias que se esbozan con muchísimo potencial. Está la miseria, el territorio, y esas muchas formas de ser mapuche, identidades que se tocan con el anarquismo y la ropa gótica. Todo eso: genial. Pero la escritura del libro está bien por debajo de lo que esperaba. Hay muchas cosas que se podrían haber dejado afuera, lugares comunes, repeticiones, explicaciones que me daban rabia. A veces, la narradora parecía olvidarse que me estaba contando una historia para quejarse del CAE o decirme, con tono de novedad, que la pornografía puede ser extremadamente violenta con las mujeres. Sé que esto suena como "Uy, como es hombre no le importan estos temas". No estoy diciendo que no sean importantes, sino que la forma me pareció terriblemente descuidada y los discursos innecesarios.
Había mucho que se podría haber escrito mejor, partes que no se conectaban con nada y que me dejaron pensando "¿por qué me estás diciendo esto, amiga?". Es ridículo, porque al libro evidentemente le falta edición, es muy visible, pero me contaron por ahí que fue editado por harto tiempo.
En fin, no quiero ser malo, pero me he encontrado con varias obras que parecieran estar disparando al cielo, que podrían haberlo derrumbado todo y mostrarnos una gran explosión, pero al final su factura no alcanza. Quizás se me atravesó, pero me pareció una oportunidad un poco perdida. Podrían haber sido cuentos grandiosos, pero podrían haber estado escritos grandiosamente también.
El último cuento es el mejor. Y ese final es una de las cosas más bellas y enternecedoras que he leído en el último tiempo. Perdón perdón por extenderme. Y muchas gracias a mi amigo que me regaló el libro y que me entregó la hermosa posibilidad de participar en el debate y pelar con propiedad.
A very solid quartet of stories, though I think the ordering of the stories does the collection a disservice. Have You Seen How Weeds Sprout from the Dry Earth is the opening entry, and I think it's ultimately the weakest of the four - it has potential, but gets bogged down by the number of characters, and I struggled a bit to understand the cultural context of many of the references. Thankfully, the remaining three entries are all stellar, particularly Warriache.
Each story references piñen (dust or grime stuck to the skin) explicitly, and it anchors the intersecting themes of class, sexism, racism, and colonialism exceptionally well. The characters attempt to slough off the piñen, but the dark remnants of their upbringing are inescapable. Despite the similar circumstances these characters face, their experiences are far from a monolith - their proximity to others doesn't inherently give way to a community, which raises interesting conversations about solidarity and infighting among marginalized groups. There's a lingering feeling of dread and isolation that underpins the collection.
I admittedly haven't read many books about Indigenous communities outside of North America, so this collection was an excellent entry point. The unique culture and conflicts of modern Mapuche youth are brought to life perfectly by Catrileo's vivid writing. I'd recommend this especially if you enjoyed Space Invaders and Berlin Atomized.
Thank you to FSG Originals for the ARC - Piñen releases August 2026 in North America.
Me llevé una mala primera impresión de este cuentario, porque cometí el error de comenzar con "Warriache", su último cuento y, en mi opinión, el más débil. Aprecio la preocupación de la autora por proponer imágenes interesantes y relevantes sin repletar sus cuentos de ellas - que suele ser el problema en la transición poeta-narradore. También creo que las preocupaciones sociales que sostienen los relatos son narradas provechosamente, levantando algunas preguntas interesantes respecto de la marginalidad y el racismo. Creo, sin embargo, que estos cuentos están sumamente al servicio de esas preocupaciones, y sus universos no alcanzan a sostenerse por su cuenta sin ellas. Tanto los personajes como sus vivencias parecen funcionar únicamente en favor de exponer una problemática social, con poco carácter propio. También me pareció interesante que, al menos en los dos primeros relatos, la protagonista y narradora fuese una observadora de los fenómenos que ocurrían a su alrededor - en el sentido de que no es ella quien vive las experiencias principales en el cuento, sino que es el resto de los personajes quienes mueren o son violados. Quiero entender esta técnica como un comentario a la cultura del espectador contemporánea y, en ese sentido, me gusta.
Es mentiroso que este libro se haga pasar por uno de literatura cuando está más cerca de la crónica testimonial, y a la autora no le interesa urdir una trama, ni siquiera construir personajes, sólo denunciar la miseria (cierta) de los márgenes de Santiago, y de los mapuches que han arribado, muchos no por voluntad propia a vivir en ella. Pero ese afán de denuncia interrumpe cualquier desarrollo de trama. La autora comienza con un personaje X, muy pobre, y entonces se acuerda del personaje Y, más pobre aún, sus papás le pegaban, y eso la lleva a acordarse de Z, de quien abusaban y acabó suicidándose, así sucesivamente, hasta que uno acaba olvidándose cómo empezó la historia, y hasta perdiendo interés (¿hubo editores involucrados?). No digo que de aquello de lo que Catrileo escribe no sea cierto (con seguridad lo es), sino que el tratamiento que le da es maniqueo, no hay matices, ni interés por ir más allá de la mera denuncia a modo de álbum fotográfico, muchas veces sin nada que una un párrafo con otro, a excepción de la miseria y el resentimiento. Si uno compara este libro, con otro con intenciones parecidas como lo es "Las heridas" de Arelis Uribe, el libro de Catrileo queda cincuenta escalones por debajo.
son lindas las imágenes y las palabras. los mensajes dolorosos y reales. pero no enganché con la estructura de los cuentos. sentí que algunas historias quedaron a medio contar, que solo fueron momentos. quizás eso también podría ser interesante, pero no me pasó esta vez. encontré lindo el viaje identitario. la mezcolanza entre la periferia capital, la moda anglo y las raíces mapuches. el último cuento es muy bello. el final hermoso. me paró los pelos de los brazos. me gustó este libro. a veces leí la voz de Lemebel y yo que la quiero tanto no pude hacer más que sonreír.
Brutal y hermoso. La poesía de Daniela Catrileo se vuelca en estos tres relatos y desborda sus páginas para remover lo que se mantenía oculto. La herida que arde y punza. La violencia, la extrañeza, el sentirse otra, el descubrirse mujer y mapuche. "Sentía que toda mi vida se trataba de comprobar, una y otra vez, mi existencia en este pedazo de tierra". Y de pronto, el encuentro con otrxs.
Primera vez que leo a Catrileo, y chita que escribe lindo. La forma en que construye las historias, partiendo por anécdotas que toman forma como una bola de nieve, me envolvió y logró que me lo terminara de una (o de dos, en verdad jajaj).
Si uno va a la página de Mandíbula de Monica Ojeda en esta app, se encuentra con una angloparlante indignada por lo asqueroso del libro. No tengo dudas que su reacción con este libro sería la misma. Porque hay una realidad en esta nueva ola de escritura femenina latinoamericana que se apropia de la violencia de una forma muy incomoda.
Este libro en sus dos primeros cuentos habla de eso, de ls violencia y sus bases sociales y políticas. De la forma más incomoda posible, haciendote sentir la realidad, la angustia y la pena, que culmina como no puede ser de otra forma, en la inacción.
El tercer cuento queda como botón de esperanza. La solidaridad existe, en el intento esta el arte, no siempre en los logros.
Crudo, directo, muy real. En los tres cuentos originales (entiendo que en la nueva edición hay un cuarto) me encontré a mi misma y a otras tantas mujeres conocidas y por conocer. Y con eso, me abre a mundos que, aún parecidos, en mi experiencia personal desconozco. Me encantó.
3 Relatos que nos hablan a boca de jarro: de marginalidad, de adolescencia marcadas por la sobrevivencia, de la eterna esperanza en la construcción de una identidad en torno al quehacer y la conjunción de aspectos que tienen que ver más con carencias que forjan el carácter de esta escritura. A ello agrégale ser mujer y mapuche. Desde allí nos escribe Daniela Catrileo, en un debut narrativo que se nos cuela en cada palabra que avanzamos: ¿Han visto cómo brota la maleza de la tierra seca?, Pornomiseria y Warriache; son los nombres de estos tres episodios que parecieran ser de una misma vida, de una crecimiento de una niña que aprende que es mapuche y por ello diferente, de una adolescente que busca una identidad y de alguien que entra a su vida sabiendo parte de una cultura y con ello, de sus luchas y conquistas. Nos muestra a través de su escritura los avatares de la vida cuando es ajena a la opulencia y a esos ideales que muchas veces hemos creado en nuestras cabezas. Monoblocks, la periferia de Santiago, la discriminación, el acoso por ser mujer e indígena, y todo ello con el aura que lo vuelve un relato bello de todas formas, a pesar de lo narrado. Es una lectura que va pegando “chicotazos” como escribió Selva Almada en su contratapa, pero que son esos escarnios necesarios para entender el porque de muchas cosas de las que suceden hoy. El contexto socio político hace mucho más fácil su lectura, para entender el maravilloso proceso histórico que estamos viviendo en Chile a través de la Convención Constitucional; con una increíble mujer-mapuche a su cabeza. Una lectura atinente, presente y necesaria.
Presenta imágenes interesantes, pero que se pierden dentro de una seguidilla caótica de párrafos que no aportan absolutamente nada.
Me sorprendió, en realidad, lo mal escrito que está. Tiene errores muy básicos que cualquier escritor, editor o hasta lector podría reconocer al ojo, como el uso exagerado de adverbios o la insistencia en acudir a lugares comunes que entorpecen la lectura. No solo la prosa es mala, sino que la estructura de los cuentos tampoco funciona: la voz narrativa es monótona (son tres cuentos y parecen estar narrados por la misma mujer) y dice mucho pero no muestra nada. Es archidescriptivo hasta el hartazgo, invasivo; repite los mismos temas todo el rato y los trata de la misma forma en los tres cuentos. Las tramas tampoco poseen un núcleo ni una ejecución concreta: me impactó, por ejemplo, cómo el segundo cuento parte planteándonos una idea clara (la violencia del porno sobre las mujeres) pero que al momento se desdibuja y no vuelve siquiera a mencionarse.
Quizá me equivoque, pero noté en todo momento un tipo de regodeo por parte de la autora de narrar lo que está narrando (valga la redundancia), de ser diferente, de hablar sin filtro sobre la pobreza, la marginalidad, de la gente de la periferia. A mí me suelen gustar este tipo de historias, me gusta sentirme identificado en la literatura, pero cada vez me resulta más difícil conectar porque las formas son siempre lo mismas: Piñen, al igual que otros libros, busca ser convocantes a través de la explotación, de la exageración, de meter la mayor cantidad de elementos marginales que se te ocurran y encima creer que eso es hacer un buen trabajo. Me asquea, me aburre y me parece deshonesto.
No me pareció un libro original o que merezca ser leído. Me quedo con los títulos de los cuentos (preciosos todos). El resto es un chiste.
I could've got really angry, but underneath it all I knew she was right. I felt like I was still in front of that substitute teacher who told us what our last names meant. I felt like my entire life had been about proving, over and over again, that I exist on this piece of land. I felt dirty, overwhelmed by the layers of piñen. I felt like everything I'd done would be seen as stained by the filth that swallowed up my every attempt to save myself. In a way, I felt like I'd never stopped being that kid dancing in the middle of the Teatro Carrera with her eyes closed, trying to forget who she was.
Piñen (2026) is Jacob Edelstein's translation of the 2019 original by writer, artist, activist, and professor of philosophy Daniela Catrileo, and is published by Charco Press.
The same author/translator/publisher were also responsible for the Cercador Prize Finalist novel Chilco (2023 original, 2025 translation).
This is an earlier work in the original, a collection of four short stories.
The collection comes with an extensive introduction - a 'Letter About My Rivers' addressed to the reader - from the author, rooting the work in her lived experience and Mapuche heritage, as well as a translator's note explaining, inter alia, the inclusion of untranslated Mapudungun words, notably the title piñen which means dust or grime stuck to the skin, and which features in each story.
These are urban coming-of-age stories set against the background of Chilean post-dictatorship policies, economic inequality and Mapuche identity, the work strongest for me in as an introduction to that milieu than for my literary appreciation of the works themselves.
Cuando nos enfrentamos a relatos periféricos y marginales, la historia suele barrer con las palabras y gana lo anecdótico. La autora hace de estos cuentos (que perfectamente devienen en novela) un huracán de imágenes literarias potentísimas, con una selección riquísima de comparaciones y metáforas tremendas. Se lee con un nudo en el estómago porque, si bien el lenguaje nos atrapa, las historias nos dejan en vigilia.
When I was a girl, I used to pray, now I can’t ask for anything. With so much love, I raised my home. With rage and pain, I had to build the barricade.—SARA HEBE
Ever since I’ve been a wandering creature, a voluntary exile, it seems I write only in a mist of ghosts.—GABRIELA MISTRAL
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The word “piñen” comes from Mapudungun and refers to dust or grime stuck to the skin.
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Translation is always intervention—
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What could I have said? That I was lucky? That it was all just random? I wanted to say something to her, but every word was absurd when my eyes were pointed toward her like a camera, and hers were turned forever inward. (74)
SANTIAGO, SAN BERNARDO, and back to Santiago, that’s the trip. I open my eyes and listen: The music, at least, keeps me from running away. (77)
There’s a knot in my stomach and I’m trying to play it cool. It’s not that I feel obligated to be here, I’d just rather it was like the parties when we were teenagers, where everything was so dark you didn’t have to introduce yourself. (79)
Then I remember that poem by Juarroz that Ale read for my birthday: At the center of the party is emptiness. But at the center of the emptiness is another party. No one collects the figurines, not even the ladies. We are the emptiness, the party. (152)
He spoke about the dream he’d had when Ale was born. The word—“ pewma”—sounded so beautiful in his mouth that I repeated it all week. He talked about forgetting being an ancient wound that never ends, as he prepared a maté with lemon verbena. Then came a long silence full of unhappiness, one that lingers to this day, and that’s why no one says his name anymore. It became dangerous. They sewed their mouths shut, so their sad tongues wouldn’t betray them. (154)
Ale, Today is December 25. Some celebrate Christmas, others the fall of Pedro de Valdivia. You know our family is in between, they like the celebration. Whether it’s death or birth, there will always be toasts. And, at the end of the night, someone will put on a cumbia that says: I don’t love you anymore And if the earth must be watered with blood I’ve already forgotten you. (166)
Catrileo opens up this short collection with an incisive preface that gives context and insight into how she approaches her writing, as a Mapuche descendent living in Santiago but who does not identify as a Santiaguina and as a writer who finds meaning and connection with the urban river of her youth. Although this extended prelude focuses heavily on the power and importance of the river, of its origins that predate her people and certainly the colonizing Spanish, may lead the reader to think that the symbol of the river will be a reoccurring theme throughout the following stories, and it's not, or at least not explicitly, but this moment of connection between author and reader sets the stage for the stories to come, revealing justified anger at the othering of her people in this place that is home but is also not at the same time.
The stories themselves are similar but distinct, often taking place in and around the blocks, centering on the experience of Mapuche youth and the confluence of cultures and identities that the young narrator experiences as she attends Catholic private school during the year and spends the summers learning from her ancestors about this different way of life.
There's something about Catrileo's writing that is just so smooth, flowing without cease just like the rivers that she holds so dear. I loved the first story, the way she tied the fates of the two Jesús's to that of the son of God. The second, in which a young girl discovers her pubescent body just as her neighbor is forced to discover hers in horrific circumstances. The third, featuring two young girls whose friendship and shared identity is a shield that protects them from the othering of their classmates and teachers, whose experience of being othered leads them in diverging directions, but continually leads them back to one another throughout their lives. And I loved the last, a tender portrait of a young girl haunted by the disappearance of the older brother she revered, made worse by her family's refusal to utter his name.
It goes without saying that I'll be first in line for Catrileo and Edelstein's next endeavor.
Espejearse en la narrativa es una acción de legitimación para quienes, históricamente, no han accedido al poder de nombrar el mundo a través de la escritura. Sentí un montón de lugares comunes con su relato, cosa que no encuentro en otros lugares. Que su palabra podría ser la de cuantas mujeres más. Y así. Hermosa escritura.
No es por ser pesada, pero yo creo que el Premio Literario del MINCAP fue un premio a la valentía más que a la destreza, una felicitación por haberse atrevido a contar historias de la miseria mapuche desde una voz mapuche, pero de ahí en más, el libro es malazo.
El único relato que vale la pena leer, es el último, Y si la tierra debe regarse con sangre (es precioso), pero ni siquiera formaba parte del compilado original, se agregó después, y sin embargo, es el cuento mejor escrito de los 4, el que logra que las metáforas hagan sentido y que el desenlace sea enigmático.
Pero el resto...
Para dar un ejemplo. El primer relato se titula ¿Han visto cómo brota la maleza de la tierra seca? (desperdicio de nombre), y trata de 2 cabros llamados Jesús que mueren de forma violenta y que están vinculados de alguna forma con la protagonista, que es una suerte de voz plural que habla por todos los niños de la pobla. Ahora, para el que no entendió, el último párrafo del cuento te dice exactamente qué quiso decir la autora con todo esto, así: "Todos los Jesús estaban muertos. Un Jeshu azulado con su marca circular sobre el cuello. Un Jesús con la bala en la sien y los ojos blancos. (...). No todos tienen la suerte de la resurrección (...) se muere para volver a la tierra seca". Dale, bkn.
Lo mismo con el segundo relato. En las últimas páginas la autora reflexiona acerca de la historia y expresa su tesis, que consiste en que todas las mujeres hemos sido violentadas de alguna forma por los hombres y que solapamos esa violencia dentro de lo cotidiano. Textual, no hay lugar a dudas.
Si no fuera por el club, no lo habría terminado, y no creo que vuelva a leer a Catrileo, pero no es por ser pesada!
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La contra ilustra que el libro se trata de tres relatos. Y, sin embargo, incluso un cerril refractario de visitar el envés podrá conducirse por la obra sin pérdida, tan unitaria en la pintura de un lugar atravesado por décadas, y en evolución: desde la marginación impuesta por el poder y el 'desarrollo' a la toma de conciencia política de clase-pueblo, con esa apuesta por un revisionismo que es justicia y no venganza, para reconquistar algo más rico que una nación... Pedir permiso para arrancar una hoja; llenar el asiento vacío junto al Piñen. Y Caminar Santiago otra vez, Chile desde el Sur, en cuentecitos que sirven hoy. Bénditas las afueras.
Daniela Catrileo is a poet, first and foremost, and it shows in this slim collection of four short stories titled “Piñen”. “The word piñen comes from Mapudungun and refers to dust or grime stuck to the skin.”, the author explains. Here it is used literally, as in every story piñen is a recurring motif. However, it can also be used pejoratively, describing those from a lower class. And in these tales, the Mapuche protagonists belong to a lower class of Chilean society.
Catrileo herself is Mapuche and trials and tribulations of young people navigating life, especially Warriache (also the title of one of the stories) is close to her heart. Warriache is a term used by the Mapuche people to identify Indigenous individuals who have migrated to urban centres. This coming-of-age story, “Warriache”, about a friendship between two girls, Yajaira and Carolina, slowly losing touch and then reconciling over shared experience of ostracism, is my favourite. The greeting they use: “Mari mari ñañay ta kuify” (“Hello, sister from long ago”) melted my heart. I adore stories about female friendships and I was deeply satisfied with how Catrileo talks about girlhood and female solidarity.
This and other stories address Mapuche identity in the troubled Chilean society, but also personal growing pains. Young girls discovering too early what sexual violence is, and that it can take place at home. Life cut short of young and beautiful, blond Jesús, who dies tragically in a mistake during a drug deal. Grief of a young girl, losing her beloved brother when he gets in trouble and disappears. There is sorrow and there is tenderness, bonds created over music and shared anger at the world. Memorable sunsets and dust sticking to the skin.
It took me the whole first story to get used to Catrileo’s style - lyrical, slightly disjointed way of storytelling, following impressions, memories, sensory experiences rather than facts described in a chronological way. Once I immersed myself in the author’s stunning language, I was able to go with the flow and truly enjoy this book.
I got the advance copy from the publisher through NetGalley.
Lo que esconde este libro es dolor, desarraigo exclusión, pobreza y mucho dolor. Sin embargo, me costó conectar con la narrativa del mismo :/ sentí que los finales fueron demasiado apresurados sin dar una redondez a los relatos. Solo me gustó el último cuento
Profundo y duro. A veces leer sobre esos traumas que están tan cerca, y que se experimentaron en la niñez, me devuelve sensaciones de dolor y soledad, vulnerabilidad y vacío. Imagino que escribirlo debe ser igual o peor aún. Crear desde la cicatriz no debe ser algo fácil, similar a plantar un esqueje en una tierra que fue habitada por otro árbol que ya no está, pero que marcó su paso y afectó su territorio. La tierra ya no es la misma y será difícil crecer sin los nutrientes, en el despojo.
Sin embargo, el presente libro me parece una obra excelente. Los tres cuentos tratan asuntos similares, o al menos que se desenvuelven dentro de la misma realidad social de lxs de abajo. La pobreza, marginalidad, periferia, violencia, cruzado por ser mujer y mapuche, configuran a quien protagoniza y narra las historias. Podemos ver que la opresión ejercida sobre las mujeres mapuches pobres es aún mayor que la de los hombres, ya que ellas son sometidas a distintas formas de violencia que se cruzan y operan colectiva o separadamente. Esto, sin duda, está presente de manera transversal en toda la obra.
Por ahí considero que la narración tiene mucho para dar: en ocasiones vislumbré diferentes voces, a mi parecer con una intencionalidad temporal/etaria clara, pero me quedo con la incertidumbre. Superficialmente pareciera que está escrito a la rápida, pero subrepticiamente es posible ver como se van cruzando las historias, los personajes y relacionándose, llegando a un final redondo, al menos en el primer cuento. El segundo cuento es difícil de leer porque la violencia sexual es un tema que remueve las tripas, más aún cuando es quien escribe quien te invita a imaginar lo que te está narrando. El último cuento tiene un final inesperado, lindo, y es que en ocasiones las cosas se dan así con todo lo malo y sin esperar nada a cambio.
De mis primeras veces leyendo algo así y tengo ganas de explorar más. Gran libro y espero pronto leer nuevamente a Daniela Catrileo.
«Sentía que toda mi vida se trataba de comprobar, una y otra vez, mi existencia en este pedazo de tierra. Me sentía sucia, inundada bajo capas de piñen. Sentía que todo lo que hacía se veía manchado por esa mugre que devoraba los intentos de salvarme. Sentía de algún modo que nunca había dejado de ser esa niña que bailaba en la mitad del Teatro Carrera con los ojos cerrados, tratando de olvidar quien era.»
Publicada en 2019 por @pez_espiral. Los tres relatos: I. ¿Han visto cómo brota la maleza se la tierra seca?, II. Pornomisera y III. Warriache, me estrujaron la cabeza y equidistaron mis pequeñas siembras de pensamientos hacia la rabia y la historia periférica, la pobla, lo «no aesthetic» para una sociedad impostora y traumatizado por lo antitodo. Pum, pam. Pillé «Piñen» de Daniela Catrileo (@cerquitadelasnubes) en un stand de la #FiestaDelLibroDeLaAraucanía2024. Un stand donde habían puras mujeres bakanas; entre poetas, novelistas, viajeras, fotógrafas. Puras escritoras garra, cuyos nombres había escuchado antes pero sus libros aún alejados de esta zona, región cercana de donde nacieron y otras que sí efectivamente nacieron aquí. Sus libros están lejos, no los encontrarías tan como levantar una piedra debajo de un koywe (coigüe) por ejemplo.
__ Para mayor información sobre esta lectura sobre la autora, o sobre otras lecturas visita @lecturasdelabruja, donde hablo más allá de libros y poesía y libertad. O en www.ladonnabohemien.wordpress.com hago más hincapié de estas apreciaciones literarias. 🔮
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"Piñen" es una colección de relatos breves que exploran la identidad, la marginalidad y la memoria desde una perspectiva mapuche contemporánea. A través de una prosa poética y fragmentaria, Catrileo nos sumerge en las vivencias de personajes que navegan entre la infancia y la adultez, enfrentando el racismo, la discriminación y la búsqueda de pertenencia en un mundo que los relega.
Leer "Piñen" ha sido una experiencia profundamente conmovedora. Este libro no solo ofrece un retrato íntimo de la identidad mapuche en la sociedad contemporánea, sino que también explora la memoria, la marginalidad y el deseo de pertenencia. A través de sus relatos breves, Catrileo nos sumerge en las vivencias de personajes que transitan entre la ciudad y la comunidad, enfrentando discriminación, desarraigo y resistencia.
Una de las enseñanzas más poderosas que me dejó "Piñen" es la importancia de recuperar y resignificar la identidad, incluso cuando el mundo insiste en negarla. La autora nos muestra que el lenguaje y la memoria son formas de resistencia, que nombrar lo que duele también es un acto de lucha.
En conclusión, "Piñen" es un libro que duele y que sana a la vez. Daniela Catrileo logra transmitir una historia que interpela y nos hace reflexionar sobre las identidades negadas y las historias que aún necesitan ser contadas.