En esta segunda parte de la saga Las Wharton, conocemos la historia de Emma y Edward. Ella escribe un libro bajo el seudónimo de Edward Wilmot como venganza por unos comentarios desagradables que él hizo. Por su parte, Edward, hijo bastardo de un conde, es hostigado cuando el libro comienza a circular, ya que expone diversos chismes de la sociedad londinense. Al descubrir que Emma es la autora, la obliga a casarse con él para evitar que su secreto sea revelado.
Se supone que la trama gira en torno a este conflicto, pero en cierto punto parece que a la autora se le olvidó. Todo quedó en la nada. Sí, el matrimonio entre Edward y Emma resolvió parte del problema, pero ¿qué pasó con los personajes que estaban desesperados por descubrir la identidad de la escritora? Ese vacío argumental me dejó insatisfecha.
En cuanto a los protagonistas, me encantan, aunque disfruté más a Emma en el primer libro. Su enamoramiento tan repentino de Edward, sin que él hiciera el mínimo esfuerzo, no me convenció del todo. Aun así, sigue siendo un personaje encantador y fuerte. Edward, por otro lado, tiene momentos en los que resulta exasperante, pero también demuestra ser dulce y carismático.
Algo que critiqué en el libro anterior y que se repite en este es el excesivo protagonismo de los personajes secundarios. Hay capítulos dedicados únicamente a ellos, lo que deja a la pareja principal en un segundo plano. Si bien es interesante conocer a los demás, esto afecta el desarrollo de la relación entre Emma y Edward.
También me incomodó el abuso de los diálogos. Son demasiados y, en ocasiones, innecesarios. Falta contexto sobre dónde están los personajes, qué sienten, piensan o hacen. Simplemente hablan.
A pesar de estos detalles, la saga sigue gustándome. Tiene un ritmo adictivo que me impulsa a seguir leyendo, así que sin duda continuaré con el próximo libro.